Izquierda Marxista

EE.UU: ¿Nader debe competir en las elecciones?

 

Autor: Chris Harman

Fecha: 28/2/2004

Traductor: Guillermo Crux, especial para PI

Fuente: Socialist Worker, Gran Bretaña


La decisión de Ralph Nader de presentarse como candidato independiente para las elecciones norteamericanas está causando consternación a muchos opositores a George Bush. Ciertamente, dicen, lo más importante es que Bush se vaya.

Tal razonamiento llevó a Michael Moore, quien apoyó a Nader en 2000, a apoyar al ex comandante de la OTAN en la guerra de Kosovo, Wesley Clarke, en las primarias demócratas. Ha llevado a Noam Chomsky a decir que las diferencias entre los demócratas y Bush son mínimas, pero que esas diferencia son vitales y que por lo tanto es necesario "Votar a los demócratas, tapándonos la nariz."

Un tercer candidato, de izquierda, como Nader simplemente inclinaría la balanza y podría permitirle a Bush quedarse, según dicen algunos. Argumentan que esto es lo que pasó en la elección de 2000. En realidad, el candidato demócrata Gore le ganó a Bush por medio millón de votos. La Corte Suprema le adjudicó la presidencia en base a una votación disputada en Florida. Y fueron los demócratas los que dejaron de pelear porque se hicieran nuevas elecciones para restaurarles el derecho de voto a miles de personas, principalmente afro-norteamericanos, que habían sido dados de baja del padrón electoral.

Pero éstos no son los problemas importantes. Todos los que dicen que hay que votar a los demócratas a cualquier precio aceptan que de algún modo los presidentes demócratas tuvieron un mejor desempeño que los presidentes republicanos. Es verdad que la retórica de los actuales republicanos está bien a la derecha de muchos demócratas, aunque no de todos.

Pero el registro de los demócratas en el gobierno no es mejor. El presidente demócrata Truman dejó caer la bomba en Hiroshima y Nagasaki y llevó a EE.UU. a la Guerra Fría y a la Guerra de Corea. El presidente demócrata Kennedy intentó invadir Cuba, invadió la República Dominicana y empezó la Guerra de Vietnam.

El demócrata Johnson elevó cuantitativamente los bombardeos en Vietnam, llevándolos más allá de los que tuvieron lugar durante la Segunda Guerra Mundial. El presidente demócrata Carter proporcionó armas a los señores de la guerra en Afganistán y comenzó el programa masivo de armas que continuó bajo el republicano Reagan. Finalmente, no nos olvidemos, Bill Clinton invadió Somalía y bombardeó una fábrica de aspirinas en Sudán. También lanzó la terrorífica Operación Trueno de bombardeos contra Irak y fue la punta de lanza de la guerra contra Serbia.

El gobierno de Clinton también estimuló los innumerables programas del FMI contra los países del Tercer Mundo. Sus políticas internas no fueron mejores. Los niveles ya masivos de desigualdad continuaron durante sus dos períodos gubernamentales. La continuidad entre los demócratas y los republicanos no es ningún accidente. Ambos partidos están solventados y dirigidos por sectores de los grandes empresarios de EE.UU.

Ni siquiera existe la ficción de que los sindicatos ejerzan sus derechos de votación dentro del Partido Demócrata como la hay aún en el Partido Laborista de Blair. Como dijo una de las revistas socialistas de EE.UU, Against the Current, "El Partido Demócrata es lo que es: un partido que en última instancia sólo rinde cuentas al gran capital y es financiado por él, forzado continuamente a traicionar y desmoralizar a la propia clase trabajadora, a los afro-norteamericanos y a otros votantes que constituyen el núcleo de quienes depende para llegar al poder."

Y nada lo muestra mejor que la política del actual principal candidato opositor a la presidencia, John Kerry. Como señalan Alexander Cockburn y Jeffrey St Clair en la revista Counterpunch, "Kerry votó a favor de la Patriot Act ("Ley Patriótica") y votó a favor del ataque contra Irak. Él estuvo allí junto a Bush, Rumsfeld y Blair como un mercachifle de todas las mentiras". Tiene un récord imbatible por cambiar sus opiniones según cómo sopla el viento.

En los años ochenta, cuando por primera se postuló como candidato, se opuso a los sistemas de armas como el bombardero invisible B2, el helicóptero Apache y el misil Patriot.

Ahora dice que es posición fue "mal aconsejada" y "estúpida". Criticó duramente la orden de Reagan de invadir la diminuta isla de Granada en 1983. Hoy dice, "básicamente, estuve a favor."

La campaña de su rival en la nominación demócrata, Howard Dean, mostró el gran espacio de oposición a la guerra. Kerry decidió subirse al tren y ganar votos cambiando su propia posición.

Al igual que en el pasado, una vez elegido, puede esperarse que Kerry cambie su posición nuevamente si eso satisface los intereses de las grandes empresas norteamericanas. Si alguien como Kerry gana la presidencia, sencillamente será una reedición de lo que ocurrió con el Partido Demócrata en el pasado.

La barbarie de una administración republicana lleva a los activistas desde el terreno de las campañas masivas a meterse a intentar cambiar al Partido Demócrata. Pero entonces descubren que su candidato no puede ganar. Les dicen que tienen que ser prácticos y optar por alguien más de "centro". Al final, terminan consiguiendo a alguien que continúa la misma barbarie pero con un lenguaje ligeramente diferente.

En el caso de Kerry, o su último rival real Edwards, eso llevaría a continuar el giro armamentista y la campaña de EE.UU. por la dominación mundial. Cuando Nader se postuló a presidente en 2000 sólo obtuvo alrededor de tres millones de votos. Pero planteó la pregunta de si acaso la izquierda en EE.UU. iba a seguir atada por siempre a un sistema político en el que los partidos rivales de la clase dominante se alternan en el poder.

Es demasiado temprano para decir si su campaña esta vez tendrá el mismo efecto. Algunos en la izquierda norteamericana lo critican por haberse presentado como un individuo, y no como parte de un movimiento más amplio.

Pero en algún punto la izquierda tiene que sentar una posición contra la política de la alternancia bipartidista de cambiar el perro pero no el collar. ¿Si no es él, quién? ¿Y si no es ahora, cuándo?


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