Estrategia Internacional N° 11/12
Abril/Mayo - 1999

 

PARAGUAY

DERROTA DE LA ASONADA DE CUBAS-OVIEDO EN PARAGUAY

por Eduardo Molina

Durante cinco dramáticos días, Paraguay atravesó por una colosal crisis política, detonada por el asesinato del vicepresidente Argaña, en pleno centro de Asunción, el martes 23 de marzo. El régimen político burgués quedó fracturado, con las FF.AA. al borde de la división, mientras las centrales sindicales declaraban la huelga general indefinida y movilizaciones estudiantiles, campesinas y populares se volcaron a las calles enfrentando una brutal represión y un baño de sangre. El país estuvo por varios días al borde de una guerra civil entre los bloques enfrentados de "oviedistas" y "antioviedistas". El domingo 28, después de tensas negociaciones, la renuncia del presidente Cubas permitió que se impusiera la salida de la oposición burguesa: el recambio institucional asumiendo el presidente del senado, González Macchi, un colorado de la fracción argañista, y cerrando así el período más agudo de la crisis. En cuanto al Gral. Oviedo, recibió "asilo político" en Argentina, mientras que Cubas se refugió en Brasil. A todas luces, la "solución política" se basa en un compromiso entre ambas fracciones del Partido Colorado, con la anuencia de las FF.AA., al precio de sacrificar a Cubas y Oviedo para recomponer el régimen burgués e impedir que pueda colarse un proceso de masas aprovechando las monumentales brechas abiertas con el enfrentamiento entre ambas fracciones de la clase dominante.

Aún está por verse si el frágil equilibrio alcanzado consigue mantenerse, ya que sigue abierta la división interburguesa, que hunde sus raíces en la enorme crisis estructural del país, y está por verse si la conmoción política que ha sacudido hasta los cimientos al país, no se traduce en una mayor intervención, de aquí en adelante, del combativo movimiento obrero y campesino del Paraguay.

"Oviedistas" y "antioviedistas"

En la base de esta división está la profunda crisis del viejo Paraguay, moldeado en el mayor atraso y sumisión al imperialismo, por la dictadura stroessnista de cuatro décadas. Como desnuda una vez más la actual crisis, la "democracia" paraguaya no es más que una débil envoltura para el régimen tradicional de dominación profundamente bonapartista, conservado después de la caída de Stroessner en 1989, cuyos dos pilares fundamentales son, por un lado, el Partido Colorado, una especie de "partido de estado" que fue el instrumento político de Stroessner, una maquinaria totalitaria que se basaba en el clientelismo y el control sobre las masas rurales para asentar una férrea dominación de la vida política del país; y por otro lado, las FF.AA., con un enorme peso político y orgánicamente ligadas al contrabando, el narcotráfico y los grandes negociados. En un grado extremo, el enriquecimiento de las distintas camarillas burguesas depende del control del aparato del estado (como los fabulosos negociados con Itaipú y Yaciretá) y éste sólo es posible dominando a las FF.AA. y al Partido Colorado.

El viejo Paraguay basado en estos dos pilares es crecientemente "antifuncional" a las necesidades de la dominación imperialista sobre el Cono Sur y al proceso de "integración" que subordina al país como un apéndice del Mercosur, en particular de Brasil. Esto cuestiona el papel tradicional del Ejército y sus prebendas, y por otra parte, la crisis del Partido Colorado es motorizada por la emergencia en la última década de un nuevo movimiento campesino, que ha protagonizado grandes movilizaciones, marchas sobre Asunción y tomas de tierras, y de un joven y combativo movimiento obrero, que por ejemplo, desde el 96, llevó adelante siete paros generales (los dos primeros, en el 96, grandes acciones con piquetes y coordinadoras).

Argaña y Wasmosy (antiguos socios enriquecidos en la construcción de las grandes represas y luego políticamente distanciados) reflejan a un sector de la burguesía y del coloradismo que desean "legalizarse" y se acomodan a la "apertura" y al Mercosur. Cuentan con el respaldo de Estados Unidos y Brasil. Oviedo se ha convertido en el portavoz de otras camarillas burguesas, militares y terratenientes que ven afectada su participación en las prebendas del estado. Oviedo logró hacerse una amplia base popular, sobre todo entre las masas más atrasadas y oprimidas del interior, mediante un discurso paternalista, nacionalista de derecha y antimercosur. Su proyecto político bonapartista, se apoya en su influencia entre los mandos militares, y había tejido lazos con Argentina, en particular, con el menemismo. Desde que fracasó el intento de golpe de Oviedo en abril del 96, lo que le valió ser condenado a diez años de prisión, la crisis del régimen ha tomado la forma política del enfrentamiento entre dos bloques: el "oviedismo" y el "antioviedismo".

El asesinato de Argaña hace estallar una crisis monumental en el régimen

En agosto del año pasado, se impuso en las elecciones un binomio compuesto por Cubas, como presidente y Argaña como vice. Esta dupla era producto de un frágil compromiso entre las fracciones enfrentadas del Partido Colorado: Cubas respondía a Oviedo. Argaña, antiguo colaborador del dictador Stroessner y figura clave de la política paraguaya, encabezaba la otra fracción del coloradismo. Un tercer sector sigue al ex presidente Wasmosy y oscila entre ambas alas, aún cuando se define "antioviedista". Este frágil acuerdo comenzó a romperse después de las elecciones, cuando Cubas liberó a Oviedo y reincorporó a unos doscientos oficiales oviedistas dados de baja después del intento de golpe del ‘96. Argaña, Wasmosy y la oposición (PRLA, PEN, etc.) conformaron un nuevo bloque contra Cubas-Oviedo para impulsar el juicio político al presidente.

Cubas, enfrentado por un lado a la crisis política y por otro al deterioro de la situación económica paraguaya, bajo el impacto de la crisis brasileña, intentó un curso crecientemente autoritario y represivo, es decir, bonapartista, para asentar su gobierno.

En el campo "antioviedista" se unieron el sector "argañista" del Partido Colorado, el ex presidente Wasmosy, el PRLA de Domingo Laíno, el PEN (Partido Encuentro Nacional), de centroizquierda, apoyados por el Partido Comunista y el Partido Socialista. Cuentan además con el sostén de las direcciones sindicales: la CUT, la CNT, y la CNC campesina. La embajada yanqui y Brasil, (pues el gobierno argentino era más proclive a Cubas-Oviedo), así como la Iglesia, están también contra el oviedismo.

En este marco de enorme polarización política, se produjo el asesinato de Argaña, cabeza de la coalición antioviedista. Aunque no esté claro aún quienes fueron sus ejecutores, fue, objetivamente, el pico mayor de una escalada de amenazas y atentados contra la oposición, desde el campo oviedista, para frenar el intento de juicio político y destitución de Cubas. El resultado del "magnicidio" fue un terremoto que sacudió al país hasta los cimientos en medio de una ola de indignación y protestas. Cientos de estudiantes salieron en la misma noche del crimen a manifestar contra Cubas-Oviedo. Miles de campesinos que habían llegado a la capital en la víspera, para reclamar por la condonación de sus deudas y otras reivindicaciones, decidieron permanecer hasta que Cubas se fuera. Las centrales obreras CUT, CNT y CPT (Unitaria de Trabajadores, Nacional de Trabajadores y Paraguaya de Trabajadores) y organizaciones campesinas declararon la huelga general indefinida, que comenzó a extenderse, paralizando el transporte, la educación, las empresas estatales, las fábricas y el puerto de Asunción.

La plaza ante el Parlamento y el centro de la capital se convirtieron en el escenario de batallas campales entre miles de manifestantes, y la policía. El oviedismo recurrió a una brutal represión, a contramanifestaciones y a francotiradores, provocando un baño de sangre: se habla de entre 5 y 13 muertos, una veintena de heridos de bala y dos centenares de lesionados, sin que la brutal represión pudiera desalojar a los manifestantes y con la policía desbordada una y otra vez. Mujeres del pueblo, jóvenes y simples ciudadanos se paraban ante los blindados que Cubas sacó a las calles e increpaban a los militares. El Ejército estaba severamente fisurado entre oficiales pro y antioviedistas y podía dividirse abiertamente, con consecuencias imprevisibles para el régimen, y por eso la política que predominó fue preservarlo y no emplearlo para reprimir.

Sin embargo, los dirigentes sindicales hicieron todo lo posible por evitar que la huelga se fortaleciera y tomara una dinámica independiente, subordinándola estrechamente a las necesidades de la oposición burguesa antioviedista y su proyecto de juicio político y nuevo "gobierno de coalición nacional". La Iglesia hacía también lo suyo: negociaba con los "Jóvenes por la Democracia" que ocupaban la Plaza y desactivaba las manifestaciones, consiguiendo con misas lo que la policía montada no había logrado con palos, balas y gases.

Entre tanto, los embajadores de Estados Unidos y Brasil ejercían una enorme presión sobre ambas fracciones para impedir un golpe y buscar una salida política. Brasilia amenazaba con expulsar a Paraguay del Mercosur si había golpe de estado y defendía el mecanismo del juicio político. Argentina, proclive a Cubas-Oviedo, no pudo hacer gran cosa por defenderlos, salvo darle asilo político al fugado general.

La suma de fuerzas terminó así inclinando la balanza hacia el bloque "antioviedista", que conseguía hacer avanzar el juicio político (aprobado finalmente en el senado por un voto de diferencia), mientras que el movimiento obrero y popular, contenido por las direcciones burocráticas, no pudo transformarse en una fuerza independiente y quedó subordinado a la política de "impeachment" (juicio político) en el Parlamento de la oposición burguesa liderada por el argañismo.

Así, finalmente, después de maniobras y febriles negociaciones, Cubas debió aceptar que no tenía fuerza social y política como para imponerse, y retroceder, aceptando la "salida negociada". El domingo a la tarde renunciaba, mientras era nombrado nuevo presidente constitucional el argañista González Macchi, presidente del Senado. El nuevo gobierno, que al parecer no deja contentos a los opositores del PEN y el PRLA, es producto de un compromiso negociado ante todo entre ambas fracciones coloradas, aunque al precio de la renuncia de Cubas y la huida de Oviedo, que se fueron... para que todo siga igual que antes. Claramente es la solución más reaccionaria que la burguesía y el imperialismo pudieron dar a la monumental crisis abierta, manteniendo así en pie al régimen, preservando al Partido Colorado y a las FF.AA., así como la continuidad del plan económico y de los intereses imperialistas.

La manifestación de decenas de miles de personas que llenó el centro de Asunción en la noche del domingo, vino a consumar, con una "fiesta por la democracia" la estafa a los jóvenes, obreros y campesinos que habían puesto su movilización y la sangre de decenas de baleados y "garroteados" para enfrentar al gobierno hambreador y represivo de Cubas, ilusionados con el llamado del bloque burgués antioviedista "en nombre de la democracia".

¿"Democracia versus dictadura"?

Con el argumento de defender la "democracia" contra el intento dictatorial, "fascista" de Cubas-Oviedo, la mayoría de los partidos de izquierda y las direcciones oficiales del movimiento obrero y campesino, subordinaron a las masas y la huelga general, al campo de los burgueses y terratenientes opositores.

Pero ambos bloques son proimperialistas, están encabezados por sendas fracciones del coloradismo, heredero de la monstruosa dictadura stroessnista, e integrados por terratenientes, esclavistas y corruptos parásitos del estado: el opositor ex presidente Wasmosy, por ejemplo, amasó una fortuna calculada en unos 6.000 millones dólares con los mismos métodos que hoy critican en Cubas y Oviedo. "Oviedistas" y "antioviedistas" defienden básicamente el mismo plan económico de hambre, miseria y entrega. El proyecto político de Oviedo-Cubas es abiertamente autoritario y bonapartista, pero los "demócratas" de la oposición defienden la continuidad de este régimen con sus FF.AA. y su Partido Colorado, y han demostrado una y otra vez su disposición a usar la represión contra obreros y campesinos, como hizo reiteradamente Wasmosy en su mandato.

Para afirmarse, Cubas-Oviedo necesitaban no sólo atemorizar a sus opositores parlamentarios, sino imponer una mordaza sobre el pueblo en general, aún a costa de la sangre de los trabajadores y campesinos movilizados. Era correcto pronunciarse y movilizarse contra él, pero la izquierda paraguaya y las direcciones oficiales del movimiento obrero y campesino presentaron a las masas un falso dilema: para enfrentar al "fascismo" de Oviedo, es preciso apoyar el recambio institucional que impulsa la "democracia" proimperialista, terrateniente y hambreadora de los Argañistas, Wasmosy, Laíno, Filizzola y cía. Así, transformaron la huelga general, las manifestaciones y los combativos enfrentamientos contra la policía, en simples acciones de presión para fortalecer el plan de juicio político en el Parlamento, del cual saldría un presidente colorado argañista encabezando un "gobierno de coalición nacional". Esto es lo que ha ocurrido: González Macchi encabeza un gobierno de conciliación con el oviedismo, pactado sobre la base del exilio en Argentina para Oviedo y Cubas premiado con una banca como Senador vitalicio. El objetivo central del nuevo gobierno será recomponer el régimen y preservar las FF.AA., para mantener sometidos a los obreros y campesinos.

Al apoyar políticamente al campo antioviedista, en nombre de su política de colaboración de clases con la burguesía "opositora", los dirigentes sindicales y la izquierda, impidieron que los trabajadores y campesinos pudieran aprovechar la crisis de la clase dominante en su propio beneficio, y contribuyeron a dividir al pueblo pobre, empujado a optar entre los esclavistas-represores-cipayos- terratenientes antioviedistas, o los esclavistas-represores-cipayos-terratenientes oviedistas, como únicas alternativas. Así, ante todo, debilitan la lucha contra Oviedo-Cubas, dejando a su disposición una importante base social entre los obreros, los campesinos y los pobres más oprimidos, engañados por el discurso populista de Oviedo, pero que tienen justas razones para desconfiar de los terratenientes "democráticos" y su amigo el embajador yanqui.

La "unidad" que la izquierda reformista propone con la burguesía opositora y el imperialismo "democrático" convierte a obreros, campesinos y estudiantes en carne de cañón de uno de los campos burgueses proimperialistas en pugna, y les impide luchar bajo sus propias banderas. Primero, impidieron que la huelga general avanzara levantando su propio programa y pudiera dar un salto la intervención independiente del movimiento obrero, al frente de una amplia alianza obrera, campesina y popular, lo que hubiera permitido golpear mucho más duramente al régimen y sus fuerzas represivas. Una irrupción independiente de las masas habría ampliado la crisis en un sentido revolucionario. Como mínimo, el movimiento obrero y las masas se hubiera adueñado del centro del escenario político, y estaría en mucho mejores condiciones para desarrollar su lucha por sus propias reivindicaciones y bajo sus propias banderas. La traición de la izquierda reformista (comunistas, maoístas, etc.) y de la burocracia sindical (CUT, CNT, CPT, ONAC) impidió esto. Ahora, deja desarmadas a las masas frente al nuevo gobierno que no hará más que descargar nuevas medidas de hambre, represión y entrega.

Una política obrera independiente

Por el contrario, la única forma de infligir una derrota decisiva al oviedismo, y abrir el camino al movimiento obrero y campesino, era intervenir con una política obrera independiente en la crisis, denunciando el engaño de la "salida negociada" y las trampas parlamentarias. Era preciso extender y profundizar la huelga general, paralizando todo el país, y garantizándola con piquetes de huelga y coordinadoras, retomando y desarrollando así la combativa tradición de los paros generales del 96. La sangre obrera y popular derramada en las calles demuestra que era urgente generalizar piquetes de autodefensa y centralizarlos nacionalmente en una milicia obrera y campesina. Era preciso unir y coordinar la lucha en un comando nacional de huelga integrado por delegados nombrados democráticamente por todas las organizaciones obreras, campesinas y estudiantiles, barriales, partidos de izquierda, comités de huelga y piquetes, en el cual no tuvieran cabida los "demócratas" terratenientes ni los cipayos amigos de la embajada yanqui.

La huelga necesitaba un programa para unir las filas obreras, soldar la alianza obrera, campesina y popular con el proletariado a la cabeza, y disputarle al oviedismo su influencia en sectores de los humildes y oprimidos. Este programa debía partir de las propias reivindicaciones de las masas: la reforma agraria y la condonación de las deudas, demandas que movilizaban a los campesinos. Aumento salarial y trabajo para todos los trabajadores, etc., y darles respuesta en un Plan Obrero de Emergencia, que contemplara entre otras medidas, la expropiación de todos los latifundios, la nacionalización bajo control de los trabajadores de las fábricas y los bancos, el no pago de la deuda externa y la ruptura de los pactos que someten a Paraguay al imperialismo. Para desmantelar los pilares del viejo régimen heredados de Stroessner: disolución de la policía y los servicios de inteligencia; plenos derechos políticos y de organización para los soldados, disolución de la reaccionaria casta de oficiales y elección de los jefes por la tropa; y sobre todo, armamento general del pueblo en un sistema de milicias obreras y campesinas, única garantía "antigolpista" concebible.

Era preciso levantar la lucha por un gobierno provisional de las organizaciones obreras y campesinas, que pudiera marcar un camino independiente para derrotar a Cubas-Oviedo y enfrentar el recambio de gobierno que montaban los opositores, con el apoyo de la mayoría de la izquierda y de los dirigentes sindicales, y que no es más que una trampa para estafar a las masas, conciliar con el oviedismo, salvar a las FF.AA. y al Partido Colorado y emparchar el régimen de esclavitud, latifundismo y entrega.

Contra el gobierno de González Macchi, preparar la lucha obrera y popular

La política de colaboración de clases que impusieron los dirigentes sindicales y la "izquierda", ayudó a la burguesía y al imperialismo a acordar la "salida decorosa" para Cubas y asegurar la sucesión de González Macchi. Por el momento, la burguesía y el imperialismo han logrado cerrar -aunque sea débilmente- las brechas más agudas en el régimen, e intentarán avanzar todo lo posible en consolidar al nuevo gobierno, que surge débil e inestable, y que deberá intentar avanzar en la recomposición de aquél, para profundizar la aplicación de los planes de hambre, desocupación, miseria y entrega. El movimiento obrero, campesino y popular, que en estos dramáticos días ha dado un salto en la movilización y ha hecho una importante experiencia, tiene que prepararse para enfrentar frontalmente a González Macchi.

Esto exige romper la subordinación impuesta por las direcciones sindicales al bloque burgués antioviedista, y levantar un programa que parta de movilizar a las masas por sus reivindicaciones más elementales, uniéndolas en un programa transicional como el esbozado más arriba, y levantando como parte de este programa las consignas democráticas más radicales. Contra el programa de estabilización del régimen de la coalición que sostiene a González, hay que oponer la lucha por demoler hasta los cimientos este podrido régimen sostenido por la embajada norteamericana y brasileña, que mantiene lo escencial del stroessnismo con una fachada democrática, como única forma de barrer a los Oviedo y a toda la cría stroessnista. El pueblo tiene el derecho a discutir los grandes problemas que hunden a Paraguay en el atraso, el hambre y el sometimiento al imperialismo, y resolver libremente su destino en una Asamblea Constituyente, libre y soberana, convocada sobre las ruinas de este régimen, que sólo podrá ser garantizada por el armamento de las masas y por un gobierno provisional de las organizaciones obreras y campesinas a la cabeza de la lucha.

Levantar abiertamente la lucha por un gobierno obrero, campesino y popular, como coronación de un programa de clase como éste, permitirá al joven y combativo proletariado paraguayo convertirse en el caudillo de la nación oprimida, y dirigirse al triunfo en la lucha contra el imperialismo y sus socios locales. Solamente un gobierno obrero, campesino y popular, basado en las organizaciones democráticas de lucha que se den las masas, y defendido por las milicias obreras y campesinas, podrá garantizar la aplicación de un plan obrero de emergencia para que la crisis económica la paguen los capitalistas y el imperialismo y no la mayoría trabajadora y pobre del pueblo. Este gobierno, impuesto mediante una verdadera revolución obrera y popular, que destruya las reaccionarias instituciones del Estado burgués actual, es el único que podría implantar la única república verdaderamente democrática: una república obrera basada en la autoorganización de las masas, que comenzaría a dar los primeros pasos hacia la construcción del socialismo, en la perspectiva de crear una Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina.

Por un partido obrero revolucionario e internacionalista

En estos momentos en que la crisis económica, social y política conmueve a toda la región, en particular al Mercosur, es difícil que el nuevo gobierno pueda asentarse duraderamente en Paraguay, que se ha convertido en uno de los focos conflictivos que se multiplican sobre el mapa de América Latina. Es posible que la intervención del movimiento obrero, campesino y popular, que dio un paso importante en estos días, se vea alentada por la crisis. La unidad de las luchas de los trabajadores y campesinos de todo el Cono Sur, contra los "ajustazos" con que los gobiernos cipayos quieren descargar la crisis sobre las espaldas de los pueblos latinoamericanos, puede encontrar un ejemplo en el heroico levantamiento obrero, campesino y popular que conmovió a Ecuador hace pocos días, así como en las movilizaciones en Paraguay.

En esta perspectiva, redobla su urgencia la necesidad de un partido obrero revolucionario e internacionalista, es decir, trotskista, que, apoyándose en las lecciones que arrojan dramáticos acontecimientos como los vividos, pueda reagrupar a la vanguardia obrera y popular en torno a un programa y una estrategia revolucionarios, y luchar por una nueva dirección revolucionaria a la altura de los futuros combates que las masas paraguayas deberán dar.

 

ECUADOR

REBELION OBRERA Y POPULAR

por Eduardo Molina

La crisis y los "ajustazos", motor de la movilización

El motor del proceso es el descomunal descalabro económico, que agrava hasta lo intolerable las penurias cotidianas de las masas. La carestía de la vida, la inflación, el desempleo y la caída de los ingresos agobian a millones. Los "paquetazos" gubernamentales empujan a las calles y a los caminos a un sector tras otro del pueblo, e impulsando la unidad de obreros, campesinos, indígenas, estudiantes y clase media empobrecida, contra el gobierno y las imposiciones del capital financiero internacional. El congelamiento de depósitos bancarios asfixia a cientos de miles de pequeños comerciantes, profesionales, y otros sectores de clase media, afectados también por los impuestazos que constituyen un nuevo zarpazo sobre los ya magros ingresos de todo el pueblo trabajador. El estado no paga sueldos y se desentiende de las provincias postergadas, de la seguridad social, la educación y la salud.

La indignación que despierta la represión refuerza el sentimiento de unidad popular y el odio al gobierno. A la vez, los "ajustazos" facilitan la rápida elevación al terreno político de la protesta, uniendo a las masas en las calles tras un reclamo común, en rechazo al plan económico y desplegando la bandera política unificadora de ¡Abajo Mahuad! como ayer fue la de ¡Abajo Bucaram!

Por un programa obrero de emergencia

La política de los reformistas de negociaciones sectoriales y "programas" tímidamente nacionalistas para "concertar" con el Gobierno y aprobar mediante leyes en el Parlamento, es completamente impotente. Sólo se hacen cómplices de la política hambreadora y proimperialista de Mahuad, eso sí, con algunos "retoques", traicionando los más elementales intereses de las masas, ante esta crisis que multiplica sus penurias.

Al plan de salvación de los intereses capitalistas e imperialistas es preciso oponer un plan de salvación obrero y popular, partiendo de que la crisis la paguen sus responsables: la burguesía y el imperialismo. Y para ello, hay que partir de que las demandas más elementales de: pan, trabajo, educación, no pueden tener satisfacción sin imponer los costos de la crisis al imperialismo, a los dueños de la tierra, de los bancos y de las fábricas.

Entre otras, un plan obrero de salvación (o de emergencia) articularía las demandas de las masas en un programa transicional que recoja, entre otras: Salario mínimo vital y móvil según la canasta familiar, trabajo para todos mediante el reparto de las horas de trabajo y un plan de obras públicas.

Control obrero de la producción. Administración obrera directa de las empresas públicas, junto a comités de usuarios. Control obrero y popular del abastecimiento y los precios. No al IVA y demás impuestos que gravan a los pobres. Impuestos a las grandes fortunas.
Presupuesto para salud, educación y seguridad social a costa del presupuesto de la policía, la justicia y las FF.AA. y el no pago de la deuda externa y ruptura de todos los acuerdos con el FMI y el Banco Mundial, devolución inmediata de los fondos a todos los pequeños ahorristas, nacionalización sin pago de toda la banca y reorganización en un banco nacional único bajo control de los trabajadores, que pueda otorgar préstamos baratos a los pequeños productores del campo y la ciudad.

Por la nacionalización de las grandes propiedades agrarias. Por la satisfacción de las demandas de tierra, educación, salud, etc., de los campesinos y el respeto al territorio de los pueblos originarios.

Solamente un programa así puede soldar en torno a la clase obrera a las demás capas populares, y ofrecer una salida al conjunto del pueblo pobre.

Por la huelga general política para derrotar a Mahuad

En las jornadas de marzo, por segunda vez en dos años, obreros y campesinos iniciaron una huelga política de masas. En febrero del 97 lograron derribar a Bucaram, pero sus dirigentes apoyaron el recambio burgués de Alarcón. Ahora, le infligieron a Mahuad un duro golpe político. Pero nuevamente si la lucha no se desarrolló mucho más, es porque sus dirigentes se negaron a preparar una verdadera huelga general política, hasta derrotarlo y desbaratar el frente de la burguesía y el imperialismo que lo sostiene.

Preparar esta gran huelga general política está planteado con más fuerza que nunca ahora, discutiendo y preparando un plan de lucha obrero y campesino, para levantar e imponer un plan obrero de salida a la crisis, la preparación de este nuevo gran embate necesita apoyarse en la más amplia autoorganización de las masas, y en la generalización y centralización de la autodefensa.

Es preciso un congreso de delegados de base de todas las organizaciones obreras, campesinas y populares que discuta la situación actual y como seguir la lucha, que vote un plan obrero de emergencia sobre estas bases y que adopte un plan de lucha para imponerlo, y hacerle morder el polvo al gobierno.

Autoorganización de masas

Las masas ecuatorianas han salido una y otra vez al combate detrás de sus organizaciones tradicionales, a las que han impuesto el frente único para la lucha. Los dirigentes reformistas han desnaturalizado esta unidad, utilizando la autoridad conquistada por las centrales sindicales obreras y campesinas, para subordinar la fuerza del movimiento de masas a la presión sobre Mahuad y el régimen burgués. A pesar de ello, los sindicatos están jugando un importantísimo papel no sólo revindicativo sino también político: las masas dirigen a ellos su atención y esperan directivas para la lucha.

Sin embargo, estas organizaciones tal como son no pueden satisfacer las necesidades de la lucha, ni llevar hasta el fin las progresivas tendencias de las masas hacia el frente único.

En primer lugar, porque los sindicatos actuales, dominados por las distintas alas de la burocracia reformista, están divididos artificialmente en el FUT, la UGT y otras centrales. Ninguna de estas organizaciones ejerce la democracia obrera. Estas además están estrechamente ligadas al Estado, y en el caso de las organizaciones campesinas e indígenas, ligadas además a las ONG (organizaciones no gubernamentales) financiadas por el imperialismo. Agrupan sólo a una parte de los trabajadores y son millones los obreros, desocupados, campesinos, jóvenes, mujeres, etc., excluídos o no debidamente representados por las organizaciones actuales. Estas nuevas masas que se ponen en movimiento necesitan nuevos organismos de todo tipo en que puedan agruparse, decidir y luchar, superando las barreras entre oficios o gremios, para comenzar a tomar en las propias manos la resolución de todos los problemas, pues, "el hambre no espera".

Todos ello exige la más amplia autoorganización democrática de las masas en lucha, tanto como la renovación radical, de abajo arriba, de los sindicatos existentes, expulsando a los agentes de la burguesía, e imponiendo una nueva dirección revolucionaria.

En el curso de la lucha, los actuales comités de empresa (sindicatos de fábrica, que es la forma de organización más común en los países andinos) habrán de convertirse en verdaderos comités de fábrica, realmente democráticos y representativos de la voluntad de toda la base movilizada. Éstos a su vez, se verán empujados a unirse con las fábricas y empresas vecinas, para encarar multitud de problemas comunes, y habrán de confluir con toda clase de "agrupamientos especiales de masas" ... "desbordando los límites de las organizaciones tradicionales del proletariado" hasta constituir consejos obreros o, como se los llamó en la Rusia revolucionaria de 1917, soviets. No es posible saber de antemano qué combinación entre la creación de nuevos organismos de lucha y la renovación revolucionaria de los sindicatos existentes (dándoles características soviéticas), habrá de establecer la lucha de las masas ecuatoria-nas en las próximas etapas. Pero esta es la vía para superar el obstáculo que oponen a la energía y espontaneidad de las masas las actuales direcciones reformistas y burocráticas.

En Chile, en los 70, mientras la CUT burocratizada quedaba rezagada, los "cordones industriales" formados con representantes por fábrica de toda una zona coordinaban con las organizaciones vecinales y tomaban en sus manos toda clase de tareas, desde el control de la producción y la autodefensa, hasta el abastecimiento o el transporte, que de avanzar en su centralización, podría haber llevado al surgimiento de los consejos o soviets de la revolución chilena, de no mediar el golpe pinochetista. En la revolución boliviana de 1952, el papel de los consejos obreros fue cumplido (al menos hasta cierto punto) por la Central Obrera Boliviana y los sindicatos mineros con sus milicias.

La necesidad de organizaciones cada vez más amplias, para la lucha, basadas en la democracia directa de las masas movilizadas está planteada ya en Ecuador por la vida misma, y se volverá cada vez más urgente, para responder a las tareas de la lucha en todos los niveles y finalmente, concentrando la voluntad organizada de las masas del campo y la ciudad, imponer una salida obrera y campesina.

Una política hacia las FF.AA. y milicias obreras y campesinas

Las jornadas de marzo han ratificado que toda lucha seria de las masas habrá de enfrentarse no sólo al aparato policial, sino militar, e incluso de grupos de sicarios paramilitares como los que asesinaron a Hurtado. Esto pone a la orden del día la necesidad de constituir piquetes de autodefensa en todas las organizaciones de masas, tornarlos permanentes, y centralizarlos hasta conformar verdaderas milicias obreras y campesinas. Junto con ello, es necesaria una política audaz y persistente para ganar a la base de las fuerzas armadas, llamándola a no reprimir al pueblo, levantando las revindicaciones y plenos derechos para los soldados y suboficiales, oponiéndolos a la casta reaccionaria de oficiales. Los soldados sólo cambiarán de bando en los momentos decisivos, cuando bajo la movilización revolucionaria de las masas se resquebraje la disciplina militar, si ven, al otro lado de la barricada, en el movimiento obrero, a una fuerza decidida, capaz de defenderlos y triunfar. Por eso, la lucha por ganar a la base de las FF.AA. y el armamento obrero y campesino son sólo dos caras de una misma política revolucionaria, y ambas están estrechamente ligadas al desarrollo de la autoorganización obrera y popular.

Por un gobierno obrero y campesino

Las masas han coreado una y otra vez en las calles el grito de ¡Abajo Mahuad! (como antes ¡Abajo Bucaram!) Las direcciones oficiales han aceptado a regañadientes esta bandera, sólo para transformarla en la "concertación" con el propio Mahuad. Pero se niegan rotundamente a plantear una alternativa de poder propia de obreros, campesinos e indígenas. Pero a pesar de la mala voluntad de los dirigentes, por segunda vez en dos años, la cuestión de ¿quién manda en casa? ha sido instalada en la calle. La nueva situación revolucionaria abierta después de marzo no permite esquivar esta pregunta. Y una nueva huelga política de masas no hará sino tornarla más urgente que nunca. Es preciso levantar abiertamente la lucha por un gobierno obrero, campesino, indígena y de los pobres de la ciudad. Un gobierno que podría ser encarnado por las organizaciones obreras y campesinas que están al frente de la lucha, para terminar con Mahuad e impedir que lo reemplace un "nuevo Alarcón". Un gobierno que apoyado en la autoorganización y el armamento de las masas, pueda encarar los grandes problemas del país: las necesidades de los obreros, campesinos y pobres urbanos; los derechos de los pueblos indígenas; expulsar al imperialismo.

Un gobierno impuesto mediante una verdadera insurrección obrera y popular, para demoler esta falsa "democracia" de los dueños del Ecuador, expulsar al imperialismo, y construir sobre las ruinas de este estado semicolonial una República obrera, la única república verdaderamente democrática, iniciando la construcción del socialismo.

La clase obrera tiene que acaudillar a la nación oprimida

La debilidad más grande que presenta el actual ascenso obrero y popular es que la clase obrera, a pesar de su peso social y de la autoridad de sus organizaciones y métodos de lucha, interviene como un componente más del "pueblo", sin imponer su dirección ni su propio programa. La clase obrera ecuatoriana necesita asumir plenamente el rol de caudillo de la nación oprimida, pues sólo ella, que no tiene sino su cadenas que perder, y que ocupa un lugar decisivo en los puntos neurálgicos de la economía, puede abrir una salida para el conjunto del pueblo pobre y dirigir la lucha contra el imperialismo y sus agentes nativos. En un largo proceso de lucha, la clase obrera ecuatoriana ha dado importantes pasos en este sentido, forjando una amplia alianza social obrera y popular, pero políticamente, esta alianza es a cada paso saboteada por la subordinación a tal o cual ala de la burguesía, que imponen las direcciones reformistas.

El mayor obstáculo político que el proletariado ecuatoriano ha enfrentado hasta ahora, lo constituyen precisamente socialdemócratas, stalinistas, maoístas o indigenistas. Todos ellos se aferran tercamente a distintas variantes de colaboración de clases con la burguesía "democrática" y los militares "patriotas" y subordinan al movimiento obrero y campesino a distintos planes burgueses. En el 97, el Frente Único de Trabajadores apoyó a Rosalía Arteaga y el Frente Popular y la CONAIE (Confederación Nacional Indígena de Ecuador) a Alarcón. Ahora, todos coquetean con el Gral. Moncayo y "concertan" con Mahuad.

Es precisa una estrategia obrera independiente, pero para ello, es preciso combatir la influencia que, a través fundamentalmente de sus agentes reformistas en el movimiento de masas, conserva la burguesía "democrática y progresista". ¡Abajo la política de "concertación" y "salvación nacional" de la mano de los generales "progresistas" y los arribistas pequeñoburgueses que utilizan al movimiento obrero y campesino como escalera para llegar a los despachos del gobierno burgués!

Por un partido obrero revolucionario

La clase obrera ecuatoriana necesita un nuevo estado mayor revolucionario, a la altura de los combates que la nueva etapa le impondrá. La "materia prima" para el mismo la generan las heróicas luchas de todo tipo y las grandes acciones que viene protagonizando. La urgencia de su construcción la dicta la vida msima. Pero esto exige una lucha sin claudicaciones contra las direcciones reformistas actuales, y un programa y una estrategia revolucionaria que sólo el trotskismo puede garantizar.

Lamentablemente, los pequeños grupos que se reclaman del trotskismo en Ecuador, educados en el molde centrista del morenismo, el lambertismo y el mandelismo, no levantan un programa y una estrategia proletarias independientes de los aparatos burocráticos y el reformismo. En marzo, como en la caída de Bucaram, han desnudado su impotencia.

La tarea de los militantes trotskistas consecuentes es pelear por poner en pie el programa y la estrategia trotskistas, combatiendo las tergiversaciones centristas, y dotarlo de carne y sangre, es decir, nuclear en torno a él a los primeros cuadros para pelear por el partido obrero revolucionario y cuartainternacioanlista, capaz de dirigir al triunfo los futuros combates decisivos de la revolución ecuatoriana.

Viva la unidad de los obreros del continente, para derrotar al imperialismo y sus lacayos

La lucha de la clase obrera ecuatoriana es parte de la lucha de toda la clase obrera continental, contra el imperialismo y las burguesías locales. ¡debemos rodearla de solidaridad y apoyo! Mientras Mahuad y Fujimori se abrazan, no por eso dejan la burguesía ecuatoriana y la peruana, de utilizar el chauvinismo fratricida cuando les conviene. La clase obrera ecuatoriana tiene que oponerle la unidad con sus hermanos de clase, en primer lugar con los obreros peruanos y colombianos, que sería un gran punto de apoyo para su propia lucha por acaudillar al pueblo ecuatoriano a la liberación y la expulsión del imperialismo. En la bandera de la clase obrera ecuatoriana debe estar inscripta la consigna de: sólo la clase obrera latinoamericana unida puede llevar hasta el final la lucha continental contra el imperialismo, confluyendo en una federación de Repúblicas Socialistas de América Latina.

 

BRASIL

BRASIL EN LA TORMENTA

por Tadeo Lué

Cuando escribimos este artículo aún no se ha visto el desenlace de la crisis brasileña que ha agitado no sólo a este país sino al mundo entero. Pero una cosa es cierta, la tranquilidad ha cedido el lugar a las turbulencias, y la crisis de Brasil prolonga su sombra sobre todfa la región.

La economía brasileña, la mayor de América Latina, empezó a caer el fatídico 15 de enero cuando explotó la moneda nacional, el real. Desde el punto de vista económico, Brasil vive la más grave crisis de su historia, por lo menos en los últimos cincuenta años. En esta nota examinaremos la actual situación brasileña, en que emerge la crisis en las clases dominantes, las tentativas del imperialismo de aprovechar la situación para avanzar más e imponer un salto en la sumisión total de Brasil, y la situación del movimiento de masas y sus partidos. Es que el proyecto económico de "apertura" que tuvo sus inicios en el corto periodo de gobierno de Collor, continuado por Itamar Franco y luego profundizado por el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, está sufriendo su más grandes crisis. Nunca en Brasil se había aplicado un plan tan profundo de sometimiento a los dictámenes imperialistas acompañado de un proceso de recolonización.

En el plano político el gobierno profundiza su crisis en el medio de este marasmo económico. "La imagen de un presidente de la república débil fue percibida en el exterior. Al final, el Congreso reaccionaba a las propuestas del gobierno de ajuste fiscal, las cambiaba; conquistar votos congresistas implicaba un desgastante y desmoralizado juego de cambalache político. La imagen de debilidad fue reforzada en el día de asumir su nuevo mandato... En esa escalada, el golpe mayor en la crisis de gobernabilidad fue la moratoria decretada por el gobernador Itamar Franco" (OESP). Contradictoriamente, en medio de toda esta situación, el movimiento obrero y de masas, sobre el que se descarga el peso de la crisis, se encuentra en una situación defensiva, fundamentalmente por el accionar de la burocracia sindical cutista y la presión de un agobiante desempleo masivo.

El imperialismo aprovecha la situación para recolonizar el país

La crisis mundial que empezó con la situación explosiva de Asia, y que había arrastrado a Rusia, terminó en Brasil mandando por los aires la moneda nacional. Para los Estados Unidos, la crisis de Brasil, la octava economía del planeta, representa una amenaza en mayor escala a la economía norteamericana. Es que el capital norteamericano está más expuesto en Brasil que en otras regiones: sólo Brasil, México y Argentina representan 39 mil millones de dólares de los cuales 16,780 millones están concentrados en Brasil. Como la prensa brasileña lo describe: "Abrieron nuevos negocios, compraron estatales y fábricas. Si el país se hunde, ellos van juntos. Es el tal abrazo del ahogado" (FSP, 16/02/99).

Es por eso que los Estados Unidos ha venido intentando evitar que la crisis llegase a su patio trasero, impulsando una tentativa de salvataje de la economía que se sintetizaba en un conjunto de medidas aplicadas por el FMI durante el mes de octubre, mes en que habían salido del país 30.000 millones de dólares. Tendría que ser entregado a Brasil un paquete de "ayuda" de 41.000 millones de dólares al mismo tiempo que el gobierno se comprometía a dar un salto en la aplicación de un programa de ajuste fiscal que implicaba una recaudación de 28.000 millones de dólares, todo con el objetivo de evitar un estallido a corto plazo. Para continuar evitando la fuga de dólares el gobierno impuso una tasa de interés anual de casi el 50%. Con la llegada violenta de la crisis en el mes de enero todo fue cuestionado, y se hacían necesarias nuevas negociaciones. El Fondo Monetario Internacional, en un rápido despliegue, se desplazó a Brasilia y montó su propia oficina para monitorear directamente los "negocios" con la facultad dada por el gobierno de poder cambiar directamente funcionarios en el área económica. Lo importante a resaltar aquí es que por primera vez el FMI logra un importantísimo triunfo imponiendo un acuerdo a Brasil similar a los practicados regularmente en las otras semicolonias latinoamericanas. Hasta entonces sectores de las clases dominantes brasileñas se ufanaban de que: "Brasil viene sustentando su estabilización económica y dirigiendo esfuerzos para el libre comercio de forma independiente de los EUA, que ayudaron a Argentina y México. En el caso de Brasil no estuvieron presentes" (GM, 27/02/97). Este avance lleva impreso incluso, el hecho de que el conjunto de medidas fuertemente recesivas exigidas por el imperialismo no sólo afectan al pueblo trabajador sino también a fracciones decisivas de la burguesía que se ve asfixiada por las altísimas tasas de interés y las perspectivas de una aguda recesión. El imperialismo aprovecha para avanzar por todos los medios en un copamiento muchísimo mayor de la economía brasileña, al mismo tiempo que trata de evitar que un posible estallido económico castigue a los grandes inversores y los bancos imperialistas. Esto es lo que expresa que el gobierno de Fernando Henrique Cardoso haya colocado en el comando del Banco Central a un hombre fuertemente vinculado a los intereses y la especulación financiera, Erminio Fraga, funcionario directo del megaespeculador George Soros, desplazando a Francisco López, representante más directo de la burguesía industrial paulista.

Sectores de la burguesía brasileña se han venido "resistiendo", fundamentalmente el sector industrialista del estado de San Pablo y sus socios en otros estados, a desaparecer como agentes dominantes y luchan por mantener su derecho de explotación de franjas importantes de las clases trabajadoras, negándose por tanto a dejárselas por entero a los sectores imperialistas. No era casualidad que antes de que la crisis económica que se desatara en el mundo a mediados del 97, una supuesta "disputa" y regateos comerciales se observaba entre Brasil y Estados Unidos. En momentos en que la prensa brasileña publicaba "ruidosas denuncias" a las barreras norteamericanas a las exportaciones, la revista The Economist observaba esta situación comentando: "Cualquiera que lee los periódicos brasileños puede pensar que Brasil está en las vísperas de una guerra comercial con los Estados Unidos... Aparte del ruido y los rompientes de furia, las relaciones entre Brasil y los Estados Unidos, en verdad, nunca caminaron tan bien... El comercio entre los dos países está floreciendo aunque con la balanza comercial a favor de los Estados Unidos (...) Siendo así, qué está aconteciendo? La respuesta es la buena dosis de endurecimiento estudiado entre las mayores economías de América del Norte y del Sur en cuanto a la propuesta de un acuerdo de libre comercio abarcando a las Américas como un todo" (T.E. 7/03/97). No era casualidad entonces que analistas de la prensa brasileña, tomando en cuenta las dimensiones económicas del país en la región, se animaran a decir que "dadas esas características, es evidente que una disputa Brasil-EUA en torno de los proyectos y proyecciones de cada uno para América del Sur es muy probable. Pues es de esperar que una potencia media y regional, con un grado elevado de industrialización y un volumen económico considerable, como es el caso de Brasil, persiga objetivos internacionales propios, que en la mayor de las veces incluyen una creciente presencia e influencia regional. Por otro lado, también es de esperar que un país como los Estados Unidos, hegemónico en las Américas y con los atributos que le son particulares, se contraponga al surgimiento de un polo regional. Siendo así, a lo que estamos asistiendo no es nada menos que a una disputa política internacional por áreas de influencia" (OESP, 30/01/97).

Fernando Henrique Cardoso en persona había dicho: "Brasil ya sometió su economía a un choque de liberalización; reduciendo su tarifa media de importación de 52% para 14%, y no es razonable esperar avances rápidos en dirección a una mayor apertura". Por supuesto contraponer "Mercosur versus Alca" podría ser calificado como el chiste del siglo, ya que ambos constituyen engranajes de la política de recolonización por parte de los Estados Unidos, pero esto no quiere decir que no existan contradicciones entre los países de América Latina -fundamentalmente aquellos con mayor peso económico- con el imperialismo yanki. "En ocasión de la elección de Clinton, varios analistas políticos, tanto brasileños como norteamericanos, preveían una retomada de la ofensiva política de los Estados Unidos en América del Sur, particularmente en el Cono Sur. Lo que de hecho parece estar sucediendo" (OESP, 30/03/97).

Toda esto no estaba reflejando más que el "protesto" de sectores importantes de la burguesía que se niegan a desaparecer de la escena. Con el advenimiento de la crisis económica mundial y ésta alcanzando fuertemente a Brasil, Estados Unidos no pierde oportunidad para intentar doblegar los resabios de determinados sectores de las clases dominantes, que aún aceptando ser socias menores, se niegan a ceder a Estados Unidos determinados intereses económicos. Aquí es necesario distinguir los principales agrupamientos que se expresan en la clase dominante brasileña: la llamada burguesía paulista (y sus aliados en otros estados) ligada a la industria, el mercado interno y la exportación; los sectores agroexportadores y las oligarquías del interior; el capital de los monopolios transnacionales radicados hace años en Brasil; los intereses financieros "nacionales"; y el gran capital financiero internacional cuyos intereses expresa el FMI. Es que a diferencia de otros países latinoamericanos en donde el capital imperialista ha penetrado en forma violenta y donde sus respectivas burguesías han sido sometidas, en Brasil sectores importantes de las clases dominantes intentan preservarse un papel clave en la explotación de las masas brasileñas mayor que el que pretende dejarles el imperialismo, principalmente los Estados Unidos. La burguesía se apoya para ello en las grandes dimensiones relativas del propio país, de su mercado interno y de la base económica, industrial y financiera alcanzada previamente. En esto está la base de la división de los diversos sectores de la burguesía, y no porque sientan la presión revolucionaria del movimiento de masas, esto es lo que la lleva también a ser tan amplia y bastante heterogénea incluyendo a sectores pesados de la gran burguesía.

Este polo opositor no tiene programa alternativo al programa imperialista ni homogeneidad en sus reclamos y políticas. Los industriales de San Pablo, por ejemplo, reclaman baja de los intereses y devaluación a la vez que reclaman el ajuste de los gastos del estado, que es el principal punto al que se oponen Itamar y los gobernadores opositores, y así en otros puntos claves.

Es que, mientras el polo burgués opositor acepta el programa imperialista de "modernización" a través de la apertura de la economía, el ajuste fiscal y monetario, las privatizaciones generalizadas y la estabilización cambiaria (bases del "Consenso de Washington" y de los diferentes planes que se aplican en todos los países de la región), regatea y resiste los términos más leoninos que quieren imponer el FMI y el capital financiero internacional. El editorial del diario Folha de San Pablo del 24/01/99 defendiendo la centralización del cambio y reconociendo que no habrá nuevas entradas de capital, refleja esas posiciones que significan un cambio en la cualidad de la coyuntura política. "En caso de que no haya una rápida recomposición, una grave fractura en la unidad política de las élites parece inevitable" (Los cambios del régimen cambiario....)

Este regateo mientras retrocede, ha hecho que Brasil, a pesar de los cuatro años de Cardoso y del plan Real, con una considerable apertura de la economía (entre 1994 y 1997 las importaciones casi se duplicaron, una suba del 100%, mientras las exportaciones apenas crecieron un 30%, de una balanza comercial favorable -diferencia entre lo que se exporta e importa- de 15 mil millones en 1993 se pasó a un rojo de 8.300 millones de U$S en 1997) y mientras avanza un colosal plan de privatizaciones (ya se vendió Telebras en el 97, siderúrgicas, minería, etc.), siga siendo el país de América Latina en que, como dice la Cepal, "el estilo de reestructuración industrial en Brasil ha sido denominado ‘defensivo’. Si bien en los últimos años han aparecido elementos que presentan algún grado de semejanza con el caso argentino, la diferencia con ese ‘estilo’ de reestructuración sigue siendo elevada, sobre todo a raíz de la tendencia a preservar una parcela mayor de la estructura productiva heredada del período de sustitución de importaciones...". En la banca, la situación es también "defensiva" ante la presión imperialista: mientras en México un 35% del sector financiero está en manos de bancos extranjeros, ante todo norteamericanos, y en Argentina esta proporción ya llegó al 40%, en Brasil la participación del capital bancario imperialista se reduce a un 10%.

El imperialismo yanqui no está contento con esta situación y presiona para avanzar en su copamiento del atractivo mercado interno de Brasil, y aprovecha cada espasmo de la crisis para sacar ventajas y nuevas concesiones del gobierno y la burguesía. El nuevo acuerdo con el FMI, después de 18 días de negociaciones en Washington, obliga al gobierno a una política más ofensiva y un disciplinamiento mayor de los sectores "descontentos" de las clases dominantes. Es decir, el gradualismo con el que venía siendo llevado adelante el plan imperialista queda fuera del escenario para ir a una política más violenta. Así por ejemplo, nuevamente ocuparon un punto central en el nuevo acuerdo con el FMI la privatización de las empresas de mayor envergadura, y que de alguna manera representan un símbolo de la "soberanía nacional" como es el caso de Petrobrás , la Caja Económica Federal y el Banco do Brasil. Es que, como ya hemos remarcado más arriba, el control central de los rumbos y las directivas económicas están centradas directamente en Washington. Nunca la banca mundial había denominado directamente los responsables por la política económica.

Estamos, de esta manera, asistiendo a un avance en la recolonización. Este es el significado profundo de lo que está abriendo la crisis brasileña. Esto no significa que el imperialismo pueda lograr la sumisión total o la abdicación de sectores de la burguesía brasileña de un sólo golpe, pero está logrando importantes pasos en este sentido.

Las contradicciones económicas y su profundización

Brasil ha entrado en una de las más grandes crisis económicas que le haya tocado vivir y marcha hacia una de las más graves recesiones de su historia. Análisis "optimistas" indican ya una caída del 10,5% en la industria. En las dos peores recesiones recientes de los últimos veinte años, la industria de transformación cayó en 10,38% en 1981 y 9,46% en 1990 según datos oficiales, pero se venía de períodos previos de crecimiento, a diferencia de hoy donde venimos de procesos de desaceleración. No estamos, por tanto, discutiendo cualquier crisis. La terrible crisis brasileña se explica muy bien por el altísimo grado de endeudamiento externo e interno. Desde el gobierno de Collor hasta hoy, el país alcanzó un endeudamiento del orden de U$S 230 mil millones en el plano externo y de U$S 400 mil millones en el interno. Por sí solos expresan el alto grado de sangría de las riquezas materiales del país. Pero veamos los números más detenidamente en su conjunto durante todo este período. En 1990 y 1991, el saldo de la balanza comercial bajó de un nivel de U$S 16 mil millones a U$S 10 mil millones. En 1997 las importaciones superaron las exportaciones en U$S 10,4 mil millones, y en el año pasado el déficit hasta octubre ya era de U$S 4 mil millones. La balanza de servicios, ya negativa en el gobierno Collor, se agravó en el primer gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Pasó de un déficit de U$S 14,7 mil millones en 1994 a U$S 27,3 mil millones en 1997 y del orden de U$S 30 mil millones el año pasado. Los principales problemas en la balanza de servicios han sido el pago de intereses, la creciente remesa de ganancias y dividendos y el aumento de gastos con viajes internacionales. El déficit pasó de U$S 1,6 mil millones en 1994, a U$S 33 mil millones en 1997 y U$S 34,9 mil millones en 1998. En lo que respecta a deuda externa esta viene creciendo continuamente. Sólo de enero a noviembre de 1998, aumentó de U$S 199,9 mil millones a U$S 229,1 mil millones. Al contrario de lo que ocurrió en el pasado, durante el régimen militar, el principal responsable por ese crecimiento es el sector privado, y no el público. El año de 1998 terminó con un total de U$S 143,7 mil millones de deudas del sector privado, mientras el sector público no financiero era responsable por U$S 85,395 mil millones (Fuente: Dossier Económico-GM 29/01/99).

A esta sangría de divisas se suma el drenaje de las ganancias y dividendos repatriados a los países centrales, muy superiores a la entrada líquida de capitales de inversión. Es que en esta aceleración inevitable de la deuda, lo que ingresaba se destinaba no para la producción, y sí para reembolsar los antiguos préstamos y los intereses que de ellos devienen. Este círculo se vuelve cada vez más vicioso en la medida en que los términos de cambio evolucionan en detrimento del país. Una deuda que es creada para cubrir, por un lado, los costos del estado o para mantener algún nivel de actividad vía subsidios, etc. y por el otro, desviada para la especulación parasitaria, además de una alta porción que es directamente monopolizada por las clases dominantes y mantenida fuera del país. La terrible deuda interna brasileña que ha alcanzado proporciones siderales y que ha llevado a la crisis fiscal del estado está compuesta por una gran cantidad de títulos que son emitidos por el gobierno sobre los cuales este se compromete a pagar intereses elevadísimos. El estado se endeuda vía el gobierno federal, pero también por los estados y municipios. En 1997 el gobierno se vio obligado a pagar sólo de intereses casi 45 mil millones de dólares, mientras que el presupuesto, es decir todo lo que la nación había recaudado había sido de 81 mil millones, y durante todo el año pasado prácticamente se había pagado 66 mil millones. La compra de estos títulos emitidos por el estado son hechos en general por los fondos de inversiones, y una parte sustancial de ésta es con los acreedores extranjeros: en 1990 la deuda interna del estado era alrededor de 53 mil millones, pero el último bimestre del año pasado había alcanzado la astronómica cifra de casi los 380 mil millones. Esto muestra que el endeudamiento interno no puede amortiguar muchas de las contradicciones propias del modo de producción capitalista. Es que para poder cumplir las obligaciones -pagar las altas tasas de interés- se hacen necesario más créditos aumentando el tamaño de la montaña.

Es importante detenerse en el nivel de desvalorización de la producción, es decir, del capital instalado. Así tenemos que "para 1999, la producción industrial continuará cayendo en el mismo ritmo del año pasado, que fue aproximadamente de un 10%. La caída del Producto Bruto Interno (PBI), que ya fue de más de 1% en el año pasado, debe de profundizarse a un ritmo de por lo menos 10%, en este año que comienza. El nivel de actividad global de la economía (industria, agricultura, minerales, transportes, construcción civil y servicios) habrá retrocedido para los niveles de 10 años atrás. Esa destrucción de la producción de capital no es apenas cuantitativa. Representa una descualificación fundamental de la economía brasileña y del área latinoamericana como un todo" (Análisis Semanal de la Coyuntura Económica).

El acuerdo de octubre del gobierno y el FMI intentó mantener la estabilidad monetaria a todo precio, no importando el costo del estancamiento y de la depresión económica, pero al no resolver los problemas más acuciantes, la salida de dólares continuó a un ritmo de unos 200 a 300 millones de dólares diarios. Ya en los primeros días de enero habían salido 5 mil millones de dólares. El gobierno intentó una desvalorización controlada de un 30%, pero ya para el 30 de enero el dólar había alcanzado en el cambio comercial 2,05 reales por dólar, es decir había logrado llegar a una desvalorización del grado del 70%. Había explotado una bomba en las manos del gobierno, la moneda había volado por los aires. Si la fuga de capitales continúa, Brasil puede alcanzar rápidamente el límite de U$S 20 mil millones de reservas, considerado como piso en las negociaciones con el FMI. Por tanto no habrá disponibilidad suficiente de divisas para cumplir las obligaciones ¿Cuál es el futuro entonces de las reservas externas? Para algunos analistas "Las líneas externas de financiamiento comercial para Brasil volvieron a contraerse vigorosamente después de la implementación del cambio flexible. En varios casos, el volumen de recursos ofrecidos es bajo y los costos bastante elevados. Aunque se resistan a discutir circunstancias así, banqueros brasileños en los Estados Unidos admiten que la captación de recursos para el comercio está muy difícil" (GM 29/0199). Y a esta alturas los cofres del Banco Central tienden a quedarse vacíos. Los usureros internacionales quieren recibir lo que ya fue prestado, no aceptando por el momento renovar las deudas que están venciendo.

El nuevo acuerdo firmado con el FMI, y que el gobierno ha presentado como el plan más realista para salir de la crisis, en su contenido poco se diferencia con el acuerdo de octubre ya que en realidad es una revisión de éste y lo firmado en diciembre: inflación de 16,8% en 1999, una baja en el PBI del 4%, una tasa de interés media en el año del 28,8%, un superávit comercial de 11 mil millones de dólares. Un drástico ajuste fiscal que como siempre será descargado sobre las espaldas del pueblo trabajador brasileño viene en camino y ya se ha empezado a sentir con los "minipaquetazos" y el aumento de los combustibles que el gobierno viene aplicando, además de un fuerte control de la política monetaria claramente recesivo nuevamente con el aumento de las tasas de interés al 45% anual. Entre las cuestiones claves del acuerdo está que el mismo FMI impuso el nombre de las empresas que el gobierno debe vender ("aquellas de mayor impacto" -léase Petrobras) y hasta las iniciativas de legislación que deben ser votadas en el Congreso. La obtención de un superávit por exportaciones en 1999, que alivie las cuentas externas de Brasil, será directamente consecuencia de la fuerte recesión, causa de la brusca caída de las importaciones. "Es evidente que puede haber una variación de la balanza comercial, de un déficit de más de 6 mil millones de dólares el año pasado para un superávit que pueda alcanzar un volumen mayor. Esto podrá ser logrado gracias a un aumento de las cantidades exportadas centralmente de productos primarios agroindustriales y semimanufacturados y la disminución de las importadas. Al contrario de lo que piensan algunos analistas la expansión de las cantidades exportadas no tendrán un efecto significativo sobre el nivel de la producción y el empleo. Es que la participación de la gran industria tendrá poca participación en el cambio de un déficit a un superávit". Es decir, Brasil vuelve a tener un perfil exportador propio de los países de menor desarrollo del continente, ya que la participación de la industria será poquísima debido a que no hay financiamiento para el sector. Además es clave señalar que el problema de la deuda interna continúa sin resolverse y los grandes bancos siguen lucrando con ésta. La sangría es masiva. Y en momentos en que el país está en la búsqueda de financiamiento externo (por no decir mendigando) -expresado esto en los continuos viajes de funcionarios del alto escalón al exterior, una reestructuración compulsiva de la deuda haría entrar en crisis al conjunto del sistema financiero de ahí la negativa del gobierno, hasta el momento, de aplicar un plan como el Bonex de Argentina. Esto sería más que crítico en momentos en que el propio gobierno ya está con problemas para cumplir los compromisos contraídos con los acreedores. La propia deuda interna se transforma en una cuestión irresoluble ya que este endeudamiento por parte del estado tiene raíces estructurales, es decir de clase.

A pesar de que un conjunto de medidas aprobadas por el parlamento destinadas para la aplicación del ajuste fiscal estén siendo votadas con amplia mayoría, como es el caso del CPMF (Contribución Provisoria sobre el Movimiento Financiero) y el aumento de las contribuciones de los empleados públicos entre otras, existe poca confianza política en los mismos sectores dominantes en alcanzar las metas planificadas con el FMI. Sectores importantes de la burguesía, como los industriales, han salido a declarar que las proyecciones están más bien basadas en el arte de la adivinación que en cálculos reales de la economía nacional y la situación externa: "¿Alguien realmente piensa que eso en verdad va a suceder en Brasil este año?", cuestionan (GM LA, 15-21/03).

Contradicciones y debilidades del gobierno

La crisis económica brasileña encontró al gobierno de Fernando Henrique Cardoso en medio de una crisis política. En los primeros días del estallido, la revista The Economist supo reflejar esta situación: "En los últimos dos meses, el gobierno dio muestras de ser políticamente frágil (fracasó en reunir hasta una simple mayoría parlamentaria para elevar las contribuciones jubilatorias de los empleados públicos), incompetencia (se salió mal en la renovación de un impuesto sobre las operaciones financieras) e incapaz de refrenar gobiernos estaduales oportunistas... Se hace difícil imaginar un gobierno debilitado implementando las medidas fiscales necesarias para restituir la confianza". La desconfianza de que el gobierno no tiene condiciones políticas de imponer a los diversos sectores dominantes la política del FMI, fundamentalmente a la cada vez más fuerte presión de los sectores industriales liderados por la FIESP aumentaba más esta visión. En última instancia el gobierno de Cardoso se mostraba incapaz en lograr jugar su rol de árbitro, por un lado entre el conjunto de la burguesía brasileña y el imperialismo, y por el otro entre las distintas fracciones de la clase dominante nativa. La debilidad de FHC dificulta aprobar las leyes en un parlamento que no responde a "fidelidad partidaria" sino a las directivas de las diversas fracciones organizadas de los intereses corporativos de los sectores dominantes.

Desde el 94 Cardoso ha venido jugando un rol de árbitro y consensuando entre las distintas fracciones burguesas, para ir aplicando el programa de "modernización" imperialista. Obtuvo con la aplicación del Plan Real y el comienzo de las privatizaciones bastante éxito en la primera etapa. Pero al calor de la crisis internacional, este "gradualismo" y la posibilidad de consensuar la maraña de intereses contradictorios de las distintas fracciones burguesas y el imperialismo, y evitando a la vez ir a un choque directo con el movimiento obrero y de masas, ahora que la torta a repartir se achica, se agotan. Este es el contenido de la actual crisis política y la base de la debilidad del gobierno para hacerle frente al segundo mandato. Y el creciente pánico de que la crisis se profundice muchísimo más acelera esta crisis en la medida que el gobierno viene reelaborando un plan en conjunto con el imperialismo manteniendo las directrices actuales. "Si la determinación de mantener los intereses altos vuelve más claro el rumbo recesivo que el gobierno pretende dar a la economía, no se vuelve más simple opinar sobre lo que de hecho irá a ocurrir. El riesgo de un colapso cambiario es ahora aún mayor, pero aunque el mismo no ocurra, la crisis cambiaria debería permanecer todavía por un largo plazo, inviabilizando el financiamiento externo de nuestro crecimiento. Las enormes tensiones que se avecinan provocarán un esfuerzo estresante sobre el tejido social y político. El desafío del gobierno y del FMI ahora parece ser cómo continuar honrando los compromisos externos, evitando un colapso económico interno -como sucedió en Rusia y en Indonesia - y los riesgos de una ruptura política del sistema". En este marco que se vaya a un cuadro político "caótico" y a una crisis profunda del gobierno no está descartado.

Tras esta crisis todo está cuestionado, empezando por la capacidad del gobierno para jugar su rol político. Se ha revelado claramente que existe una grave crisis del modelo de dominación política, y por el momento no se vislumbra ningún plan que tienda a dar una salida clara. Esta es la gran contradicción de las fuerzas políticas burguesas, ya que no existe un proyecto alternativo preciso que pueda encarnar Fernando Henrique Cardoso en su segundo mandato, un hombre sumamente desgastado. Es que la crisis generada por la moratoria de Itamar Franco mostró la debilidad del gobierno al no poder disciplinar a los gobiernos estaduales para aplicar el ajuste. Es bueno notar que el desarrollo de Brasil, en una vasta extensión relativa y fuertes diferencias regionales permitió el desarrollo de intereses regionales relativamente poderosos como actualmente constituyen San Pablo, Río de Janeiro, Bahía, Minas Gerais y Río Grande do Sul entre otros; intereses que se expresan con fuerza en los grandes momentos de tensión.

Todo esto trae acarreada una tremenda crisis política con fuertes riesgos de ir a una "crisis de gobernabilidad". Siempre existió en el seno del gobierno una fuerte discusión entre bastidores sobre la política económica. Un sector del PSDB, comandado por el ministro de Salud José Serra y bajo la presión de la fracción industrial del Estado de San Pablo, ha venido presionando por un cambio de directriz en la política económica del gobierno en distintas ocasiones. La moratoria unilateral por noventa días del gobernador de Minas Gerais, Itamar Franco, puso más al descubierto esta división; otro elemento que irá a sumarse a esto tiene que ver con las fuertes oligarquías regionales acostumbradas a fuertes subsidios y compensaciones cuya estabilidad depende de ello.

Desde el plan real ha venido en ascenso el sector financiero más ligado a la especulación y los bancos de inversiones, mientras que hemos venido observando un debilitamiento relativo de sectores de la burguesía "nacional". Estos últimos asociados a una ala del gobierno -los llamados "desarrollistas"- comienzan a tener una política más activa para no desaparecer. Como consecuencia de todo esto se comienza a articular una fuerte oposición burguesa que intenta "contraponerse" al plan de FHC y el FMI el cual aglutina a la poderosísima burguesía industrial del Estado de San Pablo y otros sectores de las clases dominantes, y que cuenta con la valiosísima política del Partido de Trabajadores y de la burocracia sindical, sectores últimos que cuentan a pesar de su desgaste con una amplia base social en el movimiento de masas.

La dispersión de las clases dominantes constituye el elemento que genera más contradicciones en el gobierno, ya que éste -por el momento- no es jaqueado por el movimiento de masas (a diferencia de la situación actual de Ecuador). Cardoso, como agente directo del plan imperialista, enfrenta este dilema en el presente panorama, en momentos en que también su "grado de popularidad" según las encuestas de opinión está ubicada en la más baja desde que asumió la presidencia, aunque el gran handicap con el que cuenta el gobierno es centralmente la situación de retroceso del movimiento de masas.

Un salto en la capitulación del PT y la CUT

La responsabilidad política de que el movimiento de masas no esté dando una respuesta a la altura de la situación recae en la dirección del Partido de Trabajadores (PT) y la Central Única de Trabajadores (CUT). A un mes de haber explotado la crisis, el PT viene dando un apoyo permanente al gobierno para evitar que se vaya a una crisis de gobernabilidad. La participación del conjunto de gobernadores (con todos los del PT, a excepción de Itamar Franco) en una reunión con el presidente Cardoso en febrero, por ejemplo, fue una clara sustentación del gobierno. En la última reunión del Directorio Nacional del PT se votó explícitamente la sustentación del gobierno.

El importante movimiento de los trabajadores del ABC desde finales del mes de diciembre hasta mediados de enero mostró una predisposición de lucha contra el desempleo y la defensa de sus conquistas. La huelga de los trabajadores de la Ford ante la amenaza del despido de 2.800 trabajadores despertó una gran simpatía en amplios sectores de la población. Pero las direcciones del PT y la CUT se limitaron exclusivamente a una política de presión y negociación, en momentos en que los despidos se han multiplicado fundamentalmente en la industria metalúrgica. Ya en meses anteriores la dirección del sindicato de la región del ABC paulista en manos de la CUT, había negociado un escandaloso acuerdo con la patronal de la empresa multinacional Volkswagen en el que se lograba imponer una reducción de salarios.

Esta política abiertamente traidora de la burocracia sindical no es nueva. La propia prensa lo registra: "Los sindicalistas del ABC sorprendieron a los empresarios, cuando, ya en 1992, previeron la necesidad de reestructuración de las empresas para hacer frente a la competencia extranjera" (OESP, 20/05/97) Ya en 1997 Gazeta Mercantil elogiaba a los dirigentes del sindicato de Metalúrgicos de San Bernardo do Campo afirmando que estos contaban "con la correcta percepción de que es necesario atraer inversiones y preservar empleos, aquella entidad decidió por unanimidad, combatir lo que reconoció ser un ‘exceso’ de huelgas y, al mismo tiempo, crear una nueva estructura de organización de los trabajadores dentro de las fábricas de la región" (GM, 25/05/97). Esto significa que los dirigentes de la CUT, bajo la consigna de "la defensa del mercado interno y del empleo", han pegado un salto en transformarse en un agente cada vez más directo de la burguesía, centralmente la paulista, enemiga irreconciliable de los intereses de los trabajadores. Inmediatamente después de las elecciones los dirigentes de la CUT y el PT ya habían participado en el acto de la Federación Industrial del Estado de San Pablo (FIESP) con el objetivo de construir un "pacto productivo", "el movimiento sindical comienza a discutir la propuesta de una movilización conjunta con empresarios para luchar contra las altas tasas de interés y el desempleo". Bajo la forma de "por la primera vez en la historia" el elogio a la complicidad directa de la burocracia sindical cutista con la patronal no tiene límites: "Luis Marinho, defensor de una idea escandalosamente sensata: es necesario detener la fuga de capitales y atraer inversiones para preservar y crear empleos. Para eso es necesario borrar la imagen de huelguismo, fijada en los últimos veinte años". Durante la huelga de la Ford, la burocracia sindical cutista cumplió uno de sus papeles más traidores de su historia. Como parte de sus acuerdos con los industriales en el "pacto por la producción y el empleo" hicieron el juego sucio que tendría que hacer directamente la patronal. Como salida para el conflicto de la Ford los burócratas intentaron obtener del gobierno federal la reducción de 50% del Impuesto para Productos Industrializados durante tres meses para que la empresa pudiera continuar manteniendo sus grandes ganancias, período en el cual ésta se "comprometía" a no realizar despidos. De esta manera demostraron su empeño en ayudar a los empresarios a "enfrentar la crisis". En medio de un ambiente en el cual el desempleo golpea duramente a la población, Lula se aventuraba a uno de sus más grandes compromisos con la patronal: "Cerca de completar 19 años, el PT va a enfrentar un dilema que consumirá horas y horas de reuniones en 1999: la conveniencia de establecer o no ‘una nueva lógica’ de relacionamiento con el gobierno. A Luis Inácio Lula da Silva, principal líder del PT, le gustaría ver a la oposición debatiendo con el presidente Fernando Henrique Cardoso, los temas abordados en la Federación de las Industrias del Estado de San Pablo (FIESP), hace una semana, en el lanzamiento del Pacto por la Producción y el Empleo... ‘Hay una convergencia de propuestas e ideas entre nosotros y algunos del empresariado afirmó el economista Guido Mantega, asesor de Lula" (OESP 28/12/98).

Con esta política, el PT y la CUT han encarado la crisis dando un salto brutal en su subordinación a la burguesía. En medio de la actual crisis, el PT sostiene con todas sus fuerzas la gobernabilidad de Cardoso. Lula defendió sin ningún problema la participación del PT y del "frente de oposición" en una eventual negociación de una agenda política común con el gobierno federal. Hasta Leonel Brizola, del PDT, ese viejo zorro de la política brasileña criticó el acercamiento de Lula con FHC. Para éste "Lula quebró el ambiente de confiabilidad en el frente de las izquierdas y repercutió de forma profunda en los partidos que integran la alianza. Para Brizola, Lula fue usado por Fernando Henrique, que quiso mostrar para la comunidad y prensa internacional que la oposición está a favor de la política económica" (OESP 16/12/98). Al mismo tiempo que apoya con todo la gobernabilidad, de ahí su política de buscar el diálogo permanente con Cardoso, Lula se ubica como el mejor abogado de la burguesía paulista. Esto se expresó en su explícito apoyo, a coro con la burguesía paulista -producto de su pacto por la producción y el empleo-, a la devaluación de la moneda tal como la exigían los sectores "desarrollistas". La política que está llevando la CUT en la región del ABC paulista abogando directamente por las ganancias de las montadoras (terminales) ante el gobierno nacional constituye una enorme traición a los intereses más elementales de los trabajadores.

Es por esto que el PT y la CUT se ha transformado en un gran obstáculo para el desarrollo de las luchas y se ha convertido en un gran sustento del gobierno. "Sin miedo a pelearse con sus compañeros, Luiz Inácio Lula da Silva está dispuesto a ayudar al presidente Fernando Henrique Cardoso a sacar el país de la crisis del Real... ‘Somos favorables a votar las reformas que pueden encaminar a Brasil para la modernidad administrativa’ afirmó" (OESP 17/01/99). El PT y la CUT han dado un salto como mediación reformista, y más aún en estos tiempos de crisis. El alto grado de inestabilidad del gobierno y la propia crisis del gobierno de gran magnitud como hemos visto, ha forzado al PT ha transformarse en un agente más directo de la burguesía. Los tiempos relativamente de paz en que el PT y la CUT podían cumplir su papel de mediación reformista estable y hacer oposición sin "comprometerse" demasiado ante los ojos de los trabajadores han cambiado radicalmente. La crisis los obliga a comprometerse cada vez más abiertamente, y esto no es sólo por el hecho de que en los últimos años ha venido transformándose en un partido de clase media perdiendo no sólo su composición obrera que supo tener sino por la pérdida de su caudal electoral en viejos bastiones y de gran concentración de trabajadores. El PT se ha transformado totalmente en un partido socialdemócrata pero en el verdadero sentido de la palabra, es decir, al estilo de los partidos socialdemócratas europeos directamente administradores de los intereses de las burguesías, aunque en este caso con muchas patas cortas por el hecho de tocarle jugar un papel en un país semicolonial. En otras palabras no tiene ningún problema en defender y administrar directamente los intereses de la burguesía o de algún sector importante de ella. Esta es la clave de su actual conducta en el actual período de crisis política y económica y de gran incertidumbre.

La reacción de las masas frente al duro ataque

El agravamiento de la crisis en Brasil trajo la aplicación de un paquetazo recesivo por el gobierno de Cardoso, auspiciado por el FMI, que lleva a descargar todo el peso de la crisis sobre los asalariados y sus familias. Un fuerte desempleo ya golpea a Brasil, y en medio de esto continúan los centenares de despidos en montadoras como Ford, Scania y General Motors. Para los propios analistas brasileños, la crisis social puede ser esta vez más fuerte que la del inicio de los años ochenta. Las evaluaciones sobre la caída de la renta per cápita ya se calcula 6,4% para 1999 en base a las propias proyecciones del FMI, es decir, la caída real será muchísimo mayor; sólo para este año se espera que 2,8 millones de personas pierdan su puesto de trabajo. Continuos minipaquetazos que el gobierno viene implementando están deteriorando el nivel de vida, y el último fuerte aumento a los combustibles ya está siendo automáticamente pasado a los productos de primera necesidad.

En concreto, lo "oneroso" de este "nuevo equilibrio" significa un brutal ataque a las condiciones de vida de millones de brasileños, para los cuales la devaluación significa ni más ni menos una rebaja de su poder adquisitivo, ya que todos los productos de la canasta familiar se verán aumentados debido al encarecimiento de las materias primas y los insumos importados. Por ejemplo Brasil importa el 80 por ciento del trigo. La devaluación implica el encarecimiento del mismo que ya se ha traducido en un aumento del precio del pan (entre un 20 y un 50%), y otros rubros alimenticios básicos como las pastas y las frutas. El precio de los frijoles, el arroz y la harina de mandioca -productos infaltables en la mesa de los hogares populares- están sintiendo con fuerza el aumento de los precios.

Esta caída del salario real se complementa con el aumento brutal en la cantidad de despidos e incluso la confiscación directa de la jubilación de los trabajadores con la media sanción de la ley que les impone "un impuesto" a las mismas (caen entre el 11 y el 20%, entre 42 dólares y no menos de 152 dólares). Además se fijó con esa ley un aumento de los aportes de los empleados públicos en actividad. En otras palabras, vía una combinación de la devaluación y consecuente inflación, más el aumento del ejército de desocupados, se busca sacar una brutal tajada a los trabajadores brasileños para que sean estos los que paguen el costo del descalabro capitalista. Los interminables ajustes fiscales que vienen en camino no dejan lugar a dudas del golpe que viene sobre los trabajadores: aumento de impuestos y tarifas de servicios públicos, cortes en las fondos para los empleados públicos y servicios sociales, despido de trabajadores; aceleración con el paquete de privatizaciones como Banco do Brasil, Petrobrás, Caixa Económica Federal, Empresas de Correos y Telégrafos, Servicio Metropolitano de Transporte, etc.; un avance muy fuerte en la privatización de las jubilaciones; avances en los recortes en la educación con el consecuente desmantelamiento de la ya elitista Universidad Pública; reformas tributarias, etc. La lista es interminable.

El hecho de que el movimiento de masas se encuentre en una situación bastante a la defensiva es un gran handicap para el gobierno. Pero como lo reflejan algunos editoriales de la prensa burguesa intentando "calmar" los ánimos pero sin ser descuidados: "sería ciertamente exagerado decir que el país se encuentra al borde de una convulsión social. No menos imprudente, sin embargo, sería pretender que no hay razones para la aprehensión, apenas porque la población soporta silenciosa y pasivamente el peso de una galopante crisis económica" (FSP, 07/03/99). Sobre las perspectivas de entrada o no en escena del movimiento obrero aún no están del todo definidas.

La burocracia sindical, fundamentalmente la cutista, ejerce una terrible fuerza para descomprimir cualquier tentativa en sectores del movimiento obrero que quieran salir a luchar. Pero un malestar muy fuerte está latente en amplios sectores del movimiento de masas y se expresa en manifestaciones desesperadas como saqueos de supermercados o quiebra de servicios metropolitanos de transporte en regiones marginales de algunas ciudades. Por su parte el movimiento campesino, sector que había mantenido una dinámica de fuertes luchas pero que había decaído en los últimos meses nuevamente ha comenzado a aumentar su actividad.

Las perspectivas

Como decimos arriba, en lo inmediato el objetivo es evitar que la economía brasileña siga el camino del Sudeste de Asia y se precipite en un estallido. Sin embargo, más allá de la buena disposición de Cardoso que en lo inmediato -por el temor al estallido- ha logrado disciplinar al Parlamento, nadie asegura que se pueda evitar la debacle de la economía brasileña, debido a las enormes contradicciones que hemos planteado más arriba.

La situación actual ya ha abierto una crisis general que puede resumirse en las siguientes perspectivas:

a) Una profunda recesión, incluso no se puede descartar el peligro de "estanflación" (estancamiento + inflación), o sea, de una destructiva combinación entre inflación, devaluaciones y tasas altísimas, y recesión, que erosione profundamente la economía del país y descargue una brutal crisis sobre las masas.

b) Un recrudecimiento de los roces entre la burguesía y el imperialismo, y la tendencia a que surjan nuevos fenómenos políticos, como reflejan las declaraciones de ese viejo zorro de la política brasileña que es Brizola, quien compara la situación actual con la de los años 30, cuando empezó a surgir Getulio Vargas (dirigente nacionalista burgués "populista" tipo Perón), o la de 1961 al 64, antes del golpe militar, es decir, dos momentos de aguda crisis en el país. Itamar Franco intenta ubicarse como eje aglutinador de una variante neopopulista en esta perspectiva.

c) Cardoso ni en sus mejores momentos contó con fuerza política suficiente para actuar sin complicadas y largas negociaciones a diestra y siniestra en el Congreso, con los gobernadores e incluso con sus aliados al interior de la propia coalición oficialista. A días de comenzar su segundo mandato y cuando lo peor de la crisis está por venir, demuestra una enorme debilidad política, cuando le quedan por delante cuatro años de gobierno en que tendrá que lidiar con problemas monumentales.

d) Con el brutal ataque en ciernes contra las masas, está cuestionado (por derecha) el "pacto social a la brasileña" que reinó hasta ahora, y las brechas de la clase dominante pueden abrirse mucho más llevando a crisis políticas y surgimiento de nuevos fenómenos de lucha de clases, aunque por ahora las masas no estén en escena.

Resumiendo, la hipótesis más probable es en consecuencia la de una agudísima recesión (JP Morgan días antes de la crisis ya pronosticaba para Brasil una caída del PBI del 4,5% para 1999) combinada con intentos de acelerar el programa proimperialista. Para las masas todo esto significa un salto en sus penurias.

Como sombra al cuerpo, el centrismo acompaña al PT en un claro desbarranque político

Punto aparte realmente merece el centrismo brasileño. Un verdadero desbarranque. La adaptación del PSTU al régimen democrático burgués y su renuncia a la lucha por la independencia política de la clase obrera ha venido en los últimos años aumentando de una manera inimaginable para una organización centrista, ya que realmente linda con el reformismo. Si en años anteriores esta adaptación se hacía solamente vía la capitulación a los partidos reformistas -léase PT- y una política conciliadora en los sindicatos, así como también en su política frentepopulista integrando el Frente Brasil Popular, ahora ésta se expresa directamente con la oposición burguesa. Y este período de gran crisis lo ha encontrado totalmente desarmado, agudizando su adaptación política. Inmediatamente después de las elecciones agudizó su giro a la derecha adaptándose a la oposición burguesa, tal cual como lo había expresado en su apoyo a las políticas de los llamados gobernadores de la oposición en manos del PDT, el sector minero (de Minas) del PMDB, PSB y el PT: "El PT y los gobernadores de oposición -recordando que varios de ellos no pertenecen a partidos obreros, como Garotinho o Ronaldo Lessa, prometen presentar en la próxima semana una propuesta alternativa al programa de ajuste del gobierno... Pero eso no impide [el hecho que no se toque en la cuestión de la deuda externa e interna y tampoco las reivindicaciones de los trabajadores, NdR] que sea posible la unidad entre todos aquellos que estén de acuerdo en luchar y rechazar el paquetazo FHC-FMI. El PSTU no sólo participará de acciones unitarias contra el paquetazo, sino que desde ya exige que los gobernadores de la oposición tomen la iniciativa de convocar a los trabajadores a rechazar en la lucha este paquetazo" (OS No. 65, mes de diciembre). Esta adaptación total al régimen democrático burgués, colocándose como furgón de cola de la oposición burguesa y reformista, constituye una clara política que traspasa los límites de clase. Esto demuestra cómo el PSTU se alinea de cabo a rabo con la oposición, abandonando prácticamente la lucha por la independencia política de la clase obrera, olvidándose de la elemental enseñanza leninista que la burguesía se divide entre oficialista y opositores, más aún en períodos de crisis. Confundir el hecho correcto de aprovechar las grietas que se abren en las clases y partidos dominantes para impulsar la entrada en escena del movimiento de masas con la cuestión de tomar partido entre los sectores en pugna es una demostración de lo que estamos afirmando. Ante la moratoria interna decretada por Itamar Franco estos centristas tampoco anduvieron con medias tintas. "El PSTU apoya la manutención de la moratoria decretada por Minas Gerais que puede ayudar a derrotar el proyecto neoliberal" dice abiertamente en un volante sin fecha repartido masivamente entre los trabajadores del ABC en esta semana (Desde que se abrió la crisis -más de un mes- el PSTU no ha publicado ningún periódico de emergencia). El cínico argumento es que es correcto apoyar las "medidas progresivas" de los gobiernos burgueses, y en ese marco avanzar en el sentido de exigencias a Itamar. Pero de progresiva la medida de Itamar tiene poco y nada. Itamar se esconde en el cínico argumento de que no va a dejar de pagar a los empleados públicos para pagarle al gobierno central, pero en realidad lo que está buscando con su moratoria por noventa días es renegociar con el gobierno federal las deudas sobre nuevas condiciones. La ceguera de la capitulación lo lleva a no saber distinguir entre las supuestas "medidas progresivas" y las no. No es casualidad entonces que el programa que levanta el PSTU para la presente crisis sigue como furgón de cola a la oposición burguesa o a la llamada "desarrollista" como es el caso de llamar a la centralización del cambio, nacionalización pero sin control obrero. El PSTU se ha transformado en el último eslabón del frente opositor burgués.

Esta misma política se expresa también en un total seguidismo a la propia burocracia sindical cutista, con la cual convive pacíficamente en los órganos de dirección. El alto grado de entrega de la burocracia, como ya hemos explicitado más arriba, en ningún momento ha sido criticado por estos centristas. Durante el conflicto de la Ford y que envolvió a todo el ABC, el PSTU se caracterizó por un total seguidismo a la burocracia cutista del sindicato.

En uno de sus últimos periódicos cínicamente el PSTU se atreve a decir: "El problema no está en la disposición del pueblo para tal [ganar las calles como en la época de Collor, NdeR] está en la falta de firmeza de las direcciones mayoritarias de las entidades y partidos de la clase trabajadora" (OS nº 70). Es decir el problema para esta dirección no está en que éstos están sosteniendo al gobierno y legitimando todas las políticas antiobreras de Fernando Henrique Cardoso y manteniendo un pacto social con sectores de la burguesía sino en la "falta de firmeza" (!!) del PT y la CUT ¿Pero no es firmeza la que ya tiene el PT, y también coraje, para no tener ningún tipo de empacho en servir de sustentación del gobierno y el régimen sin preocuparse en lo más mínimo por los que "dice" representar, es decir los sectores populares?

En la actual situación brasileña se vuelve más urgente que nunca levantar una política independiente que mientras combata al imperialismo y al ataque del gobierno no se alinee detrás de Itamar y la burguesía opositora. Esta es la única manera de luchar por la independencia política de la clase obrera al contrario de lo que hace el centrismo brasileño. En momentos más críticos de la clase obrera y de gran crisis el PSTU ha manifestado su verdadero desbarranque político.

 

VENEZUELA

El chavismo: Populismo burgués con las manos vacías

por Javo Ferreyra y Máximo Gómez
con la colaboración de Gustavo Dunga

Desde Caracas, los compañeros Máximo Gómes y Javo Ferreira nos brindan los elementos para interpretar desde un punto de vista marxista el novedoso fenómeno del chavismo. Después del Caracazo, la erosión y decadencia del viejo régimen de partidos, por la actividad del movimiento de masas, abrió el camino para el surgimiento del fenómeno Chávez al cual el conjunto de la vanguardia y la izquierda venezolana hoy le rinde pleitesía, sin poder resistir esta presión demagógica y populista.

El pasado 6 de diciembre el Polo Patriótico1 liderado por Chávez, obtenía el 56,20% de los votos en las elecciones presidenciales, convirtiéndose éste en el candidato con más respaldo popular en la historia democrática de Venezuela.

Ante el derrumbe estrepitoso del viejo régimen de partidos patronales, el triunfo de Chávez viene a capitalizar y desviar el descontento de los trabajadores y las masas populares al terreno de las reformas dentro de los marcos del régimen. En Venezuela, los trabajadores están enfrentando una desocupación del 15%, acompañado por un subempleo del 50%, con salarios de hambre, y que han llevado a que el 80% de la población viva en situación de pobreza (incluido 39% de pobreza extrema y un 14% de indigencia)2. Mientras, hoy en Caracas el 1% de la población goza de la más amplia abundancia. Sobre esta situación, Chávez enarboló un discurso de tinte antiimperialista de no pago de la deuda externa, revisión de las privatizaciones, así como un programa de protección y desarrollo de la industria nacional con creación de empleos y aumento salarial. Prometió liquidar la corrupción que había alcanzado niveles exhorbitantes, y logró sembrar importantes expectativas en el movimiento obrero y popular sobre las posibilidades reales de un profundo cambio social. Todo esto le valió el triunfo electoral.

La Venezuela Saudita 3

Durante años, Venezuela basó su "prosperidad" en las divisas que le aportaba la explotación y exportación de petróleo. En 1917, cuando llegaron los inversores de la Shell inglesa, con su técnica y maquinarias, Venezuela era un miserable país que sobrevivía exclusivamente de las exportaciones de café y cacao, que enriquecían a un pequeño núcleo de la oligarquía terrateniente. Ya en 1928 Venezuela ocupó el segundo puesto mundial en la producción de petróleo, detrás de los EE.UU. En la actualidad es el sexto productor de hidrocarburos a escala mundial y el 80% de los ingresos del estado provienen del crudo. Es así como el petróleo se convierte en la base estructural de la economía del país y en principal fuente de renta para el estado, debido a las regalías provenientes de él.

Entre mediados de la década del cuarenta y del cincuenta el desarrollo de la industria petrolera pega un salto cualitativo. Esto le permitió a Venezuela transformarse rápidamente en un país urbano. Se realizaron importantes obras públicas, como rutas, autopistas, edificios públicos que a un ritmo vertiginoso modernizaron las ciudades, en especial Caracas, con su particular diseño arquitectónico. Se desarrolló una importante capa de clase media profesional, a la vez que se generaron miles de empleos ligados al Estado y surgió un concentrado proletariado petrolero.

Sin embargo, mientras se desarrollaba esta "prosperidad" y las inversiones extranjeras aumentaban considerablemente, se iban acumulando innumerables contradicciones. Centros petroleros como Maracaibo y ciudades como Caracas se iban transformando en importantes urbanizaciones, mientras se asentaban a su alrededor una importante masa de pobres en busca de trabajo que no siempre conseguían. Las zonas rurales se iban hundiendo en la miseria más absoluta, debido a la masiva migración, y a la imposibilidad de poder colocar sus productos en el mercado interno.

La incapacidad de la burguesía de desarrollar otras ramas de la industria provocó la importación masiva de electrodomésticos, materiales de construcción y productos textiles, y llegando al colmo de adquirir en EE.UU pan, manteca, leche y huevos.

En la primera mitad del siglo, la política venezolana estuvo marcada centralmente por dos dictaduras militares, quienes garantizaban a los monopolios petroleros Shell, Gulf y la Standard de Indiana el "orden" y la "paz" para sus inversiones. El general Juan Vicente Gómez, gobernó con manu militari entre 1908 y 1935 aplastando tanto al movimiento obrero como a la izquierda y a los opositores burgueses. No menos brutal fue la dictadura del Tte. Cnel. Marcos Pérez Jiménez, quien en 1948 llegó al poder mediante un golpe de estado. Sus atrocidades a menudo fueron comparadas con las de Batista en Cuba o Trujillo en República Dominicana.

A la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, se consolida un régimen democrático burgués, refrendado por una nueva constitución en 1961. El régimen fue fraguado por los principales dirigentes de Acción Democrática4. Su principal dirigente Rómulo Betancourt, había definido a su partido como nacional revolucionario y de alguna manera lo había emparentado con el APRA de Haya de la Torre. AD obtuvo amplio predicamento entre los sectores populares y de la clase obrera y llegó a ser uno de los miembros más importantes de la Internacional Socialista, cuya presidencia ocupaba Carlos Andrés Pérez al momento del Caracazo. El partido social cristiano COPEI5 y la UDR suscribieron el pacto de "Punto Fijo", que contemplaba la alternancia en el poder y la garantía de "estabilidad social". Por décadas este régimen se sostuvo firmemente, apoyado en la estabilidad económica que hizo de la Venezuela petrolera el país con más alto ingreso per cápita de Latinoamérica. Es por esta época que se forma la Confederación de Trabajadores Venezolanos (CTV), controlada por AD, y que recibe del estado financiamiento y prebendas adquiriendo características similares a la burocracia "charra" de la CTM mexicana.

Por años, la gran influencia de AD y COPEI entre los trabajadores y el pueblo se debió esencialmente a la administración de grandes riquezas del Estado de cuyas migajas se logró mantener un nada despreciable nivel de vida, y al apoyo de la amplia capa de clase media, base social del régimen. A su vez, la burguesía parasitaria ligada a esos partidos despilfarraba la renta petrolera, mientras el capital financiero se llevaba la "parte del león".

En 1974 asume la presidencia Carlos Andrés Pérez (CAP, como se lo conoce popularmente) en medio del incremento de los precios del petróleo en el ámbito mundial, a raíz de la primera crisis del petróleo. Es que a principios de la década de los años setenta termina el boom de la posguerra, desatando una profunda recesión en los países imperialistas. En este marco, la presión de los países de la OPEP6 desembocó en el alza del precio del crudo, que se había mantenido estable durante gran parte de la segunda posguerra. En 1970 el precio promedio era de 2,50 dólares el barril y a principios de los años ochenta llegó a cotizarse a 34 dólares. De esta manera, el alza de los precios permitió un aumento de la renta petrolera que se apropiaban los países productores, a la vez que aumentaban las ganancias de los monopolios. En este contexto el 1 de mayo de 1974, CAP anuncia la nacionalización de varias empresas norteamericanas entre ellas la Orinoco Mining Company, siderúrgica, y la industria petrolera, quedando ésta en manos de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Al día de hoy, esta empresa monopoliza gran parte de la exploración y explotación de los yacimientos, manufactura, refinación, transporte, y comercialización de los hidrocarburos y minerales.

Sin embargo, de los miles de millones de dólares que recibieron, sólo una pequeña porción llegó a los países productores, parte importante quedó invertida en los bancos imperialistas y se distribuyeron como créditos a corto y mediano plazo a países atrasados, como México que se endeudó en forma abrumadora. En Venezuela a la bonanza del "boom" petrolero de los años setenta, también le siguió un importante endeudamiento y comenzaron los planes de "racionalización" del gasto público.

Los gobiernos de Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi deben administrar la crisis que durante la década del ochenta, con un proceso inflacionario desconocido para el país y donde se llega a pagar la deuda externa con el 50% del presupuesto nacional. En 1983 estalla la crisis de la deuda externa, cuyo detonante fue la cesación de pagos de México. El hito de esta crisis en Venezuela lo constituye el llamado viernes negro de febrero de ese año, que significó la primera devaluación de la moneda en muchos años7.

El deterioro de los salarios y de los servicios empieza a afectar directamente a la clase media que se coloca no pocas veces del lado del movimiento obrero y popular que venía dando luchas por salarios, contra los despidos y contra la carestía de la vida. Siderúrgicos, estudiantes, maestros, profesores universitarios, médicos son los sectores que dando luchas parciales y muchas veces aisladas se colocan a la vanguardia de la resistencia. Esto en medio de una feroz represión por el "modelo democrático" de América Latina.

El "Caracazo"

En 1989, aprovechando el descontento popular producto del creciente desempleo y la caída de los salarios, Carlos Andrés Pérez por Acción Democrática vuelve a ganar las elecciones para presidente. CAP, en su campaña electoral atacó duramente al FMI, prometió castigar a los responsables de los escándalos de corrupción y creó la ilusión de que acabaría con el desempleo y aumentaría los salarios como lo había hecho en su primera gestión de gobierno. A 25 días de asumir CAP el desbarajuste de precios y el desabastecimiento de alimentos iban caldeando los ánimos a lo largo y ancho del país. El anuncio de un paquete de medidas que contemplaban la liberación de las tasas de interés, privatización de las empresas del Estado, aumento de las tarifas de los servicios, el gasoil y el transporte popular, fueron la gota que colmó el vaso.

La reacción popular fue una revuelta espontánea de masas hambrientas el 27 de febrero de 1989, que se extendió durante cuatro días y que dominó Caracas y algunas de las más importantes ciudades del país. Las masas saquearon y destruyeron todo a su paso apropiándose de las mercancías que los acaparadores y especuladores les negaron durante días. Esta revuelta fue brutalmente reprimida por el ejército que tardó más de una semana en establecer el "orden". El gobierno de CAP suspendió las garantías constitucionales y estableció el estado de sitio. Según cifras oficiales hubo 300 muertos, según organismos de DD.HH. más de 3.000. Sin embargo, una vez conseguida la calma nada fue igual en Venezuela. A pesar de su carácter espontáneo, el "Caracazo" marcó un punto de inflexión en la historia del país. Las instituciones quedaron maltrechas, los partidos políticos, la Iglesia, las centrales sindicales empezaron a perder prestigio frente a las masas. El régimen comenzó a perder base social y dejó en malas condiciones a la burguesía proimperialista para avanzar con sus planes de entrega del país.

La crisis política, el surgimiento del chavismo y el gobierno de Caldera

El "Caracazo" inauguró en Venezuela diez años de crisis institucionales, enfrentamiento entre los poderes del Estado, crisis en el ejército, fin del bipartidismo, alta abstención electoral y desprestigio de las instituciones. Junto con esto el incremento constante de los conflictos sociales, la efervescencia de masas y la resistencia obrera y popular fueron erosionando las bases del régimen, llegando tal crisis hasta la base misma del Estado.

El 18 de mayo de 1989 es convocada por la CTV la primera huelga general en 31 años. Innumerables manifestaciones estudiantiles, de médicos, no docentes universitarios y con enfrentamientos con la policía en las calles seguían poniendo límites a los planes de CAP. "Según las estadísticas del Ministerio del Interior, entre 1989 y 1991 hubo más de 5.000 acciones de masas. Solo en el último trimestre de 1991 se registraron 400 movilizaciones y levantamientos, terminando el 40% en enfrentamientos con las fuerzas represivas".8 La crisis que corroe a todas las instituciones, tiene su manifestación en la estatizada CTV, una de las columnas vitales del régimen burgués. Se inicia la lucha abierta en numerosos sindicatos por derribar a la burocracia identificada con AD. Surgen listas clasistas y corrientes independientes en importantes empresas siderúrgicas, petroquímicas, telefónicas y textiles que ganan la conducción de los sindicatos, sin embargo el grueso de este proceso antiburocrático en los sindicatos es capitalizado por la izquierda reformista del MAS y CAUSA R, que en todo momento impidieron que se exprese la movilización independiente de la clase obrera.

El descontento del pueblo pobre y las clases medias se fue filtrando entre los mandos medios de oficiales y bajos del ejército, trasladándose la crisis política al principal pilar del Estado. Empieza a gestarse un movimiento militar que se denominó "bolivariano, latinoamericanista y nacionalista", el 4 de febrero de 1992 liderado por el comandante Hugo Chávez9. Intentonas de golpe de estado contra el gobierno de Pérez en 1993, fueron impulsadas por el surgimiento del Movimiento Bolivariano 2000, hastiados según dicen ellos por la corrupción y la entrega del país. Este intento fracasa. Chávez y sus seguidores terminan en la cárcel. Si bien el putch no tuvo respaldo activo del movimiento de masas, a los pocos días tuvo lugar una manifestación de masas conocida con el nombre de "cacerolazo" donde las clases medias, trabajadores y el pueblo pobre repudiaron una vez más al gobierno de CAP, que a la sazón tenía el 94% de rechazo entre la población.

En noviembre del mismo año, esta vez oficiales de la marina de guerra, intentan un golpe de estado preventivo ante la tendencia creciente de rebelión de las masas. A pesar de ser derrotado este nuevo levantamiento militar, las cosas no volvieron a su cauce habitual, por el contrario mostró que la crisis del Estado venezolano era de una inusitada magnitud.

Finalmente en mayo de 1993 con el telón de fondo de la caída sostenida de los ingresos petroleros, acompañados con altos pagos de la deuda externa y fuga de divisas y en medio del rechazo generalizado a su gobierno, la burguesía -temerosa de una "crisis de gobernabilidad"-encontró en el juicio político (el primero en la historia moderna de Venezuela a un presidente en ejercicio) y posterior encarcelamiento de Pérez, acusado de corrupción, el mecanismo apropiado para desviar la repulsa popular. En 1994, y en un intento de cerrar la crisis, asume la presidencia Rafael Caldera. Este viejo caudillo, firmante del pacto de "Punto Fijo", se "autoexcluyó" del desprestigiado COPEI y con su propio agrupamiento, Convergencia, ganó las elecciones apoyado por los tránsfugas de la izquierda reformista del MAS y el PCV.

Caldera había ganado prestigio entre las masas por no haber condenado el intento putchista de Chávez. A poco de asumir sobreseyó al ex comandante en un intento de ganarse base social. Ante la creciente agitación social durante el primer año y medio de su mandato suspendió las garantías constitucionales. La sostenida presión financiera por la salida de divisas internacionales desembocó en una grave crisis bancaria, que aceleró la inflación. Esta crisis financiera se reflejó en un aumento de la pobreza, altos niveles de corrupción, y un descenso generalizado del nivel de vida.

En 1996, Caldera firmó con el presidente del FMI, Michel Camdessus, un paquete de medidas de ajuste económico conocido como la "Agenda Venezuela" que contemplaba la abolición de los controles sobre los precios y la liberalización del mercado cambiario, junto con el aumento de los ingresos y el recorte de gastos del estado con el fin de reducir el déficit fiscal. Este programa sirvió para la obtención de un préstamo del FMI de 1.400 millones de dólares. También contenía la puesta en marcha del estancado programa de privatizaciones. Se empezó a implementar la "apertura petrolera" que contempla la participación de los monopolios Conoco, Total, Texaco, Shell, Mobil, Beva entre otros en la explotación del crudo y el carbón. Se privatizó la compañía telefónica, y la línea aérea Aeropostal Venezolana. La aplicación de este programa de ajuste fue un brutal ataque al bolsillo de los trabajadores y el pueblo. El alza del tipo de cambio fue de 170 bolívares por dólar a unos 470 bolívares, la electricidad aumentó un 70% en seis meses, la gasolina pasó de 9,6 a 55 bolívares por litro. La desocupación aumentó un 2% con respecto al año anterior, en la otrora Venezuela Saudita de 23 millones de habitantes, 4 millones no tienen ingresos fijos ni seguridad social. A esto hay que agregar la caída a su más bajo nivel en la historia del precio del barril de petróleo, cuando sigue siendo en la actualidad el 80% de los ingresos del estado. La oposición y el malestar de las amplias masas no tardaron en aparecer nuevamente. Una vez más durante el año 97 los profesores y médicos de hospitales son los que salen a la lucha, paralizando durante dos meses las universidades y hospitales. El 6 de agosto la CTV vuelve a llamar a un paro general que fue acatado mayoritariamente. La resistencia obrera y popular una vez más fue aplazando los planes del gobierno y el imperialismo, haciendo fracasar al gobierno de Caldera y anticipando de esta manera la crisis terminal del régimen.

Diez años de crisis políticas recurrentes, desprestigio de los viejos partidos del régimen, malestar creciente del movimiento de masas, pauperización de las clases medias, fractura de las FF.AA., imposibilidad de la burguesía proimperialista de ir hasta el final con sus planes de entrega del país. Toda esta situación llevó al agotamiento del régimen del pacto de "Punto Fijo" y fue el "caldo de cultivo" para el surgimiento del chavismo como fenómeno alternativo al viejo sistema de partidos. Si las masas identificaron sus ilusiones con Chávez se debe también en gran parte a la traición de la burocracia sindical y la descomposición política de la izquierda del MAS, Causa R y el PCV. Estos partidos tributarios de los gobiernos de turno en todo momento impidieron que las masas se puedan orientar hacia una salida independiente de la política y trampas de la burguesía.

El desarrollo del chavismo no fue lineal y siempre ascendente. Así en marzo de 1992 contaba con el 70% de simpatía en la población, cinco años más tarde en 1997 apenas llegaba al 7%, y a la cabeza de las encuestas para presidente se colocaba Irene Sáez una ex miss Universo. Desde su salida de la cárcel, Chávez recorrió todo el país y el exterior para procurarse una base de apoyo militante y una estructura política. Su retórica populista le hizo aumentar las simpatías en el movimiento de masas. Durante su campaña electoral, Chávez esgrimió un discurso anticorrupción y nacionalista contra los viejos partidos del régimen. Incluso amenazó con "freír en aceite" a los odiados dirigentes de los partidos políticos. En determinado momento, expresando su desconfianza, Washington intentó negarle la visa para entrar a EE.UU, a lo que respondió: "Para ser presidente de Venezuela no se necesita visado de EE.UU." Ante esto la burguesía lanzó una campaña de calumnias y demonización de Chávez, campaña que paradójicamente le hizo crecer aún más su popularidad. Sin embargo, a medida que se acercaba el desenlace de los comicios, fue moderando su discurso para mostrarle a la burguesía y los inversores internacionales que no había nada que temer: "en menos de un mes va a hacer su segundo viaje a EE.UU. a un seminario de análisis de lucha contra la corrupción, no va a tocar los contratos petroleros firmados por el gobierno anterior, va a honrar los compromisos internacionales, léase pagar la deuda externa"10 .

Así con el apoyo de la izquierda reformista forma el Polo Patriótico que se impuso con amplia ventaja, más del 56% de los votos, el mayor apoyo que ha recibido un presidente electo en los últimos años, desplazando al candidato "independiente" Salas Romer, que a última hora recibió el respaldo de los desprestigiados Acción Democrática y COPEI.

De esta manera Chávez pudo canalizar y desviar el descontento de las masas al terreno electoral para recomponer bajo nuevas formas el régimen burgués. El mismo Chávez lo reconoce al afirmar: "Tenemos que darle cauce a un movimiento que hoy corre por toda Venezuela, el mismo pueblo que hoy clama en las afueras del Capitolio. Eso no tiene otro nombre que la revolución. Nosotros le daremos cauce pacífico y democrático. Si los dirigentes hoy no podemos dárselo, esa fuerza desatada nos pasará por encima".11

Un proyecto bonapartista populista burgués

El objetivo de Chávez es recomponer el régimen político semicolonial en crisis, imponiendo un proyecto bonapartista-populista. Venezuela enfrenta condiciones objetivamente revolucionarias, signadas por la profundidad de la crisis económica, el descalabro del viejo régimen y sus partidos, la profunda polarización social que corroe a las clases medias y empuja al movimiento obrero y de masas a una constante efervescencia. El viejo régimen de la democracia del "pacto de punto fijo" está en ruinas, y ya no puede conciliar ni contener las fuerzas sociales contrapuestas que emergen en esta situación.

Chávez se postula como el árbitro, el salvador de la nación y garante de la unión de todos los venezolanos, para recomponer el régimen y sus instituciones, e impedir que la dinámica de la situación lleve a una intervención independiente de las masas. En este sentido, su proyecto es preventivo, busca impedir el desarrollo de la situación en sentido revolucionario.

Busca reformar el régimen, desplazando a los viejos representantes políticos de la burguesía, hoy sumidos en el descrédito ante las masas, y recortar las atribuciones del Parlamento, la justicia, etc., en beneficio del poder ejecutivo, para garantizar así una presidencia fuerte. Para poder elevarse por sobre la sociedad y ejercer ese rol de árbitro al que aspira, es fundamental el poder apoyarse en el aparato militar del estado, para lo que busca reconciliar al pueblo con el ejército y darle a éste una amplia injerencia en la vida política.

A la vez, Chávez busca encuadrar una amplia base de masas, ganando una estructura adicta en los sindicatos, y organizar una base militante en el movimiento de masas, como correa de transmisión de su política. El discurso populista de Chávez, con sus diatribas contra los viejos representantes políticos de la burguesía, la corrupción, y proponiendo una "Quinta República" como recambio del viejo régimen, está dirigido ante todo al pueblo en general, se basa en las clases medias empobrecidas, mientras que hacia la clase obrera, intenta coptar sus organizaciones sindicales, y subordinarlas al régimen para asegurarse contra una eventual irrupción independiente de éstas. Quiere utilizar el descontento de las masas populares, en particular de las capas medias empobrecidas, al servicio de una política de reformas desde arriba en las instituciones políticas del Estado, apelando al discurso contra la corrupción y a la demagogia de la "Quinta República" como envoltura a sus aspiraciones bonapartistas.

Por su carácter de clase, burgués, y por su programa populista, no cuestiona la dominación imperialista que ahoga a Venezuela. Sectores de la baja y mediana burguesía venezolana, afectados por la crisis, dependie