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Francia se vio casi paralizada por la segunda huelga general en tres semanas, por las reformas en las pensiones propuestas por el gobierno. Pero el primer ministro, Jean-Pierre Raffarin, insiste en que los huelguistas no lo derrotarán.
Los sindicatos franceses están acostumbrados a salirse con la suya. Las protestas nacionales en 1995 para bloquear una reforma en las pensiones, llevó a la derrota electoral aplastante dos años más tarde del gobierno de centroderecha de Alain Juppé. Esta vez esperan que Jean-Pierre Raffarin, otro conservador, que asumió como primer ministro el año pasado, retroceda antes de que las cosas lleguen a eso. El plan de Raffarin para hacer que los trabajadores del sector público paguen contribuciones de pensiones hasta 40 años (de los 37,5 años que pagan actualmente), igualándolos con el sector privado, ha disparado una ola de movilizaciones en todo el país, y una huelga general que paralizó el país el 13 de mayo. El martes 3 de junio, los trabajadores del transporte, de correos, los conductores de ambulancias y otros trabajadores del sector público se quedaron en casa porque los sindicatos llamaron a una segunda huelga general. Aunque la disrupción causada fue menos severa que la primera, mostrò que los sindicatos todavía no están de humor para una negociación.
Raffarin había logrado una victoria por el acuerdo con dos grupos de sindicatos a mediados del mes pasado, pero la oposición salió de nuevo después de que los sindicatos de maestros decidieron ligar la reforma de las pensiones a su protesta sobre los planes de darle al gobierno local mayor control de la educación. El gobierno acordó posponer hasta el otoño la implementación de esta y otras reformas educativas controvertidas, que afectan a las universidades. Sin embargo, Raffarin parece estar firme en las reformas de las pensiones, que presentará ante el parlamento francés la semana próxima. Según la Medef, la principal federación patronal de Francia, es vital que lo haga: la reforma en las pensiones es sólo uno de la larga lista de problemas, incluyendo la falta de flexibilidad en el mercado laboral y el alto desempleo, que afligen a la economía francesa, según el titular de la Medef Ernest-Antoine Seillière.
Los problemas estructurales en la economía francesa han sido enmascarados durante años por su relativamente buen desempeño comparado con otros miembros de la eurozona. Bajo el gobierno izquierdista de Lionel Jospin de 1997-2002, la economía francesa prosperó, contrastando con su vecino alemán, que estaba luchando para integrar a Alemania oriental. Jospin ganò popularidad introduciendo la semana laboral de 35 horas, sin reducir el pago de la semana normal de 39 horas a la que reemplazó. La salud de la economía francesa –creció un promedio de 3,6% anual entre 1998 y 2000, y los 1,6 millones de empleos que se crearon desde el comienzo de 1997- confundieron a muchos economistas.
Sin embargo, un informe del economista Jean Pisani-Ferry, a fines de 2000, puso en duda la noción de que la semana de 35 horas creaba una demanda de más trabajadores. Jospin no era tan socialista como le gustaba aparentar. Por ejemplo, garantizó ciertas concesiones, permitiendo a los empleadores más flexibilidad, a cambio de la semana de 35 horas, que mitigaba sus efectos. Y “abrió al capital” o privatizó parcialmente, varias empresas estatales, que ayudó a mantener en forma las finanzas públicas. Además, la medida coincidió con un boom en la economía global.
El trasfondo económico es mucho menos rosa para Raffarin. La desaceleración económica mundial ha sido acompañada por una depresión el mercado de valores lo que le hizo más difícil vender la idea de fondos de pensiones privadas, aunque Chirac las llama pensiones “à la francaise”. En abril, el gobierno reveló que el crecimiento económico de Francia había caído al 1,2% el año pasado del 2,1% en 2001. Todavía más preocupante para el gobierno, la tendencia sigue siendo a la baja. La producción industrial cayó ligeramente en marzo. La tasa de desempleo ha subido del 8,9% hace un año, a 9,3% ahora.
La crisis de las pensiones amenaza la salud a largo plazo de las finanzas públicas, que ya están en estado delicado como resultado de la desaceleración económica. El déficit del sector público ha violado el límite del 3% del PBI impuesto bajo el “pacto de estabilidad y crecimiento” de la eurozona. Francia no está sola: Alemania también ha roto ese límite. Sin embargo, mientras Alemania ya ha tomado medidas duras para reducir la brecha, Francia ha sido más reticente, aunque el lunes, bajo presión de una reunión de los ministros de finanzas de la UE en Luxemburgo, el gobierno francés acordó en tratar más seriamente de reducir su déficit.
Por el contrario, Chirac quiere cortar más que aumentar los impuestos: su manifiesto electoral del año pasado prometía recortar el impuesto a los ingresos alrededor del 30% en los cinco años de su mandato. El gobierno puede ser menos específico sobre los objetivos de su recorte de impuestos estos días, pero la intención fue reafirmada por el ministro de presupuesto el mes pasado. Entre una serie de reformas favorables a las empresas, se aumentarán las exenciones de impuestos a la ganacia de capital y se le dará más tiempo a las firmas más pequeñas para implementar la semana de trabajo de 35 horas.
Estas reformas serán bienvenidas, pero probablemente sean insuficientes. Después de todo, Francia, a pesar de las tasas de crecimiento saludables de los años anteriores, está ahora segunda (después de Italia) al tope de una lista de economías casi en rojo que hizo hace dos años la OCDE. Y, a pesar de su afecto retórico por la empresa, Raffarin está acusado por la Medef de no hacer lo suficiente para tratar las consecuencias de la semana de 35 horas o de otras medidas del gobierno anterior, la “ley de modernización social”, que hacía incluso más difícil despedir personas. El argumento demográfico para la reforma de las pensiones es claro. Si Raffarin no puede vencer a los sindicatos en esto, tendrá pocas esperanzas de obligarlos a aceptar las medidas de flexibilidad laboral que se necesitan para crear los empleos que dice querer la central patronal.
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