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Estrategia Internacional N° 18
Feb
rero 2002

LOS MOMENTOS DE “GIRO HISTORICO” DEL MOVIMIENTO OBRERO ARGENTINO

 

Christian Castillo y Fredy Lizarrague

 

En la historia argentina han existido tres procesos que culminaron en cambios cualitativos en la composición y dirección de la clase obrera. En todos ellos estuvo planteada la posibilidad de un giro histórico hacia la independencia de clase plena, hacia la emergencia de un movimiento obrero verdaderamente revolucionario. Queremos señalar sintéticamente los rasgos esenciales de cada proceso, para mostrar cómo fueron madurando las condiciones para que nazca una dirección revolucionaria, y el por qué de sus abortos o derrotas. Queremos brindar puntos de referencia (que pueden ser profundizados apelando a la basta bibliografía existente) para enriquecer el análisis del momento actual, que desarrollamos en el artículo anterior. Cada proceso lo abordamos en tres niveles de análisis, cada uno de los cuales tiene sus propios tiempos de maduración, aunque permanentemente interactúan: (a) el de la lucha de clases, comúnmente llamado momento de ascenso o retroceso de la lucha y conflictividad obrera y del pueblo pobre; (b) el de la maduración de sectores avanzados producto de las experiencias prácticas de lucha y la cristalización en organizaciones sindicales, “sociales” o políticas, y de la influencia de fenómenos políticos nacionales e internacionales; (c) la formación y desarrollo del partido marxista revolucionario, desde sus núcleos iniciales, grupos y tendencias.

 

1. El movimiento obrero de los orígenes

 

El primer proceso comienza a fines del siglo XIX y principios del XX, a partir de la organización de los sindicatos por oficio en las industrias y servicios que nacían como auxiliares del país agroexportador. Abarca dos grandes ascensos. Una oleada de lucha obrera si inicia con la primera huelga general de 1902 y culmina con la derrota del “centenario” (1910). Es un ascenso muy combativo, con enfrentamientos violentos permanentes, y el llamado a siete huelgas generales, cuatro de las cuales se cumplen ampliamente. Luego de un período de reflujo, en 1916 comienza un nuevo ascenso. El triunfo de la revolución rusa en 1917 causa un fuerte impacto. Como parte de un ascenso que recorre vastas zonas del planeta, en Argentina la oleada de luchas tiene sus expresiones más avanzadas en la huelga general con características insurreccionales de enero de 1919, conocida como la Semana Trágica, en la ciudad de Buenos Aires que por entonces contaba con alta composición proletaria, y que culmina con centenares de muertos, detenciones y persecuciones, y desata luchas de apoyo en varios puntos del país; y las impresionantes luchas de los obreros rurales de la Patagonia (que Osvaldo Bayer inmortalizara en su libro “Los vengadores de la Patagonia Trágica”) y la huelga de los obreros de los quebrachales La Forestal, ambas a comienzos de la década del 20.

Este último ascenso se dio bajo el gobierno radical de Hipólito Yrigoyen, y un elemento que dio fortaleza al régimen burgués fue que con el radicalismo la burguesía rural, las clases medias y sectores de la clase obrera entraron en un régimen de conciliación con la oligarquía a partir de la instauración del sufragio universal (Ley Sanz Peña de 1912). El período de enfrentamiento de las clases medias al régimen oligárquico, que va desde las “revoluciones” cívico-militares que expresa el radicalismo (1905 y otras) hasta los grades levantamientos agrarios (con el Grito de Alcorta como hito histórico en 1912), había sido en cierta medida canalizado con el proceso de integración del radicalismo que culmina con la asunción de Hipólito Yrigoyen en la presidencia (1916). Hacia la clase obrera, Yrigoyen combinaba una política negociadora hacia determinados sectores, junto con una brutal represión a las franjas más combativas (reprimió a sangre y fuego las grandes luchas que nombramos antes, y mantuvo las Leyes de Residencia y de Defensa Social, dictadas a principios de siglo, que permitían la deportación de los dirigentes y activistas obreros o de izquierda, muchos de ellos inmigrantes, incluso por mera sospecha).

 

En el terreno de la organización, de los primeros sindicatos por oficio, periódicos y asociaciones obreras se pasó a la fundación de la FOA (Federación Obrera Argentina) en 1901, que luego dará origen a la FORA (Federación Obrera Regional Argentina) en 1904. Bajo la dirección de los anarquistas, en su V° Congreso (1905) adopta los principios de la lucha de clases, la huelga general, el “comunismo anárquico” y el internacionalismo. Siendo el anarquismo de principios de siglo un fenómeno con muchos rasgos populistas que influenciaba no sólo a los sindicatos sino a amplios medios intelectuales y de las capas pauperizadas de la sociedad, expresaba los sectores más revolucionarios de la clase obrera fundamentalmente compuesta por inmigrantes que habían huido de sus países europeos no sólo por el hambre sino por sus actividades políticas. El ala más conciliadora y minoritaria del movimiento obrero lo constituyen los socialistas que fundan la UGT (1903) que luego es copada por los “sindicalistas”. El Partido Socialista logra peso político en Buenos Aires pero en su dirección tienen amplio peso las tendencias más reformistas de la II Internacional.

El movimiento obrero argentino surge como un movimiento obrero con predominio de las tendencias revolucionarias no integrado al régimen. Sin embargo, en los acontecimientos decisivos como la Semana Trágica, la central obrera mayoritaria era ya la FORA IX° Congreso (realizado en 1914), dirigida por los sindicalistas y socialistas, en oposición a la FORA V° Congreso de los anarquistas. Los primeros juegan un rol abiertamente conciliador con el gobierno, negociando levantar la huelga general ni bien esta comenzaba a radicalizarse. La política más combativa y revolucionaria pero profundamente sectaria de la FORA Vº Congreso no fue una alternativa de conjunto.

En este proceso nace el Partido Comunista a partir del ala izquierda del Partido Socialista, que rompe con él en 1918 y forma el Partido Socialista Internacional, luego Partido Comunista. Pero ni en el PC ni entre los combativos anarquistas surgió una organización que sintetizara las mejores experiencias del proletariado argentino e internacional y que pudiera jugar en Argentina el papel de los bolcheviques en Rusia. El Partido Comunista nace como un partido “centrista”. Su adhesión a la III Internacional no significaba una superación dialéctica de lo más avanzado que había dado el anarquismo. Por ejemplo, frente a acontecimientos históricos como la Semana Trágica, no sólo actuó subordinado a la FORA IX° Congreso que traicionó la lucha, sino que luego su dirección no sacó las lecciones revolucionarias a partir de un balance crítico de estos acontecimientos1. El PC argentino seguirá en los años siguientes el curso de stalinización de la amplísima mayoría de los Partidos Comunistas del mundo en la segunda mitad de los ‘20 y en los ‘30.

 

2. El movimiento obrero que culmina en el peronismo

 

El segundo proceso comienza a gestarse en la década del ‘30, al calor del proceso de pseudo-industrialización (la llamada “sustitución de importaciones”). En el marco de la “gran depresión” mundial, se acelera la decadencia de Inglaterra, metrópolis hegemónica en Argentina, y los Estados Unidos comienzan desde fines de los 30 a disputar sus dominios. Luego del golpe del ‘30, el radicalismo es proscripto mediante el fraude electoral, y esto lleva a franjas de las clases medias a la oposición, y sectores de las mismas se acercan a la clase obrera y a la conciencia del estado de dependencia en que se encuentra la nación (como expresara el grupo FORJA).

En estos años se desarrolla una nueva clase obrera en las grandes industrias y en la construcción, que mezclaba el viejo movimiento obrero con trabajadores que venían del campo, sin tradición política. Surgen los sindicatos por industria centralizados nacionalmente, como los de la construcción y la carne, donde tiene fuerte peso el PC, aunque de conjunto es minoritario en el movimiento obrero dirigido por los sindicalistas (que dirigían los sindicatos ferroviarios, lo más importantes) y socialistas. Los nuevos sindicatos surgen al calor de grandes luchas como la de la construcción, que comienza en octubre del ‘35 y se extiende hasta enero del ‘36, cuando estalla una huelga general con características insurreccionales en la ciudad de Buenos Aires. Pocos meses después de esta huelga se reunifica la CGT con una plataforma que sostenía la “lucha de clases”. Sin embargo, el Partido Comunista, al calor del giro stalinista dictado por la III Internacional burocratizada hacia la política de los “frentes populares”, se dirige hacia una política de seguidismo a los radicales.

Mientras las brechas en las clases dominantes respecto al alineamiento internacional y la ilegitimidad del régimen de la “década infame” abrían un momento convulsivo que podía ser aprovechado por el movimiento obrero para emerger en forma independiente, las direcciones de las centrales sindicales se dividen y se subordinan a las fracciones burguesas enfrentadas y el Partido Comunista se alínea desde 1941 con el ala pro-norteamericana. Se crearon así las condiciones, junto con la bonanza económica que conoció el país producto de su rol de exportador de alimentos durante la Segunda Guerra Mundial, que permitieron que el General Perón construyera su movimiento a partir de grandes concesiones al movimiento obrero y copando y abortando el fugaz intento de construir un partido político propio de los trabajadores (el Partido Laborista dirigido por Cipriano Reyes). Por la subordinación de las organizaciones obreras a un sector burgués, el peronismo puede caracterizarse en forma análoga a como definió León Trotsky al APRA peruano o al cardenismo mexicano: un frente popular en forma de partido. La traición del PC en la huelga metalúrgica del ’42, la gran huelga de la carne del ‘43 y luego su participación en la Unión Democrática dirigida por el embajador norteamericano opuesta al peronismo, fueron ejemplos emblemáticos de cómo la política del PC favoreció el ascenso del peronismo. Se truncaban así las tendencias a la maduración de un movimiento obrero clasista. A partir del 17 de octubre del ‘45 y el triunfo de Perón en el ‘46, un nuevo movimiento obrero entra de lleno en la vida política nacional, alcanza niveles de sindicalización y conquistas enormes, pero sus organizaciones quedan completamente subordinadas al estado y al nacionalismo burgués. Los núcleos que en esta época se consideraban trotskistas eran muy pequeños, fragmentados y con una política errática, aunque combatieron el gorilismo del PC y comenzaron a tener relaciones con sectores de la clase obrera.

 

3. “Los setentistas” y sus orígenes

 

El movimiento obrero que protagonizará el ascenso revolucionario abierto con el Cordobazo en el ‘69 y cerrado con el golpe militar en el ‘76, se fue forjando en las experiencias de lucha y organización contra los distintos gobiernos civiles y militares de lo que hemos denominado “el régimen libertador” inaugurado en el golpe pro-yanqui del ‘55 que derrocó a Perón. En medio de un “empate hegemónico” entre las fracciones burguesas enfrentadas, con el peronismo proscripto, el movimiento obrero, sin llegar nunca a romper con Perón, protagonizó multitud de luchas que rompían la legalidad del régimen y dio origen a organizaciones y franjas de activistas con elementos de autonomía de clase.  

Un primer ascenso, la “resistencia peronista”, se produjo entre el ‘56 y el ‘59, culminando en este año con la derrota de la huelga y ocupación del Frigorífico Lisandro de la Torre que había motivado la huelga general de apoyo y combates callejeros con la policía en zonas de la ciudad de Buenos Aires. En este proceso surgen las 62 Organizaciones que en sus orígenes se basaban en la participación directa del activismo más combativo de las principales fábricas de Capital y Gran Buenos Aires.

Del ‘59 al ‘69 fueron años de retroceso de conjunto, aunque hubo acciones de gran envergadura como el Plan de Lucha de la CGT del ‘64, con la ocupación simultánea de miles de fábricas, algunas con toma de rehenes, y huelgas duras como la de los portuarios en el ‘66, los obreros de los ingenios azucareros del norte del país, los petroleros en el ‘68, etc. Durante estos años, franjas de las clases medias que habían sido furiosamente antiperonistas y habían apoyado el golpe “fusilador”, comienzan a izquierdizarse bajo el influjo de la revolución cubana y la crisis del frondizismo. Bajo el golpe de Onganía en el ‘66, el movimiento estudiantil y la juventud se radicalizan, y ganan peso en la vanguardia tendencias a la izquierda de los reformistas del PC, como los maoístas que rompen con el PC en el ‘67 y tendencias guerrilleristas.

La corriente dirigida por Nahuel Moreno, que se reivindicaba trotskista, tuvo una política centrista. En primer lugar, practicó el entrismo en el peronismo a través de Palabra Obrera que en los primeros años le permitió relacionarse con lo mejor de la vanguardia obrera peronista de esa época pero que se prolongó hasta el ‘64, cuando ya las tendencias más progresivas del primer ascenso (‘55-’59) habían desaparecido, y entonces la adaptación política al peronismo (del cual ya había fuertes síntomas) era inevitable. En segundo lugar, en el ‘65 funda junto a la corriente de Roberto Santucho el PRT, partido a mitad de camino entre el trotskismo y el guerrillerismo guevarista, que se rompe en el ‘67.

La etapa mundial de ascenso abierta con el Mayo Francés del ‘68 se expresó en nuestro país en el ascenso revolucionario más colosal de su historia. El movimiento obrero, apoyado por la juventud, protagoniza múltiples acciones de masas, cuyos hitos más importantes son:

(a) el Cordobazo, los dos Rosariazos del ‘69 y otras semi-insurrecciones locales, donde los sindicatos obreros combativos, muchas veces apoyados en huelgas generales, acaudillan a las clases medias y a los estudiantes en “lucha de calles”, enfrentando y derrotando en varios casos a la Policía;

(b) el Viborazo del ‘71 donde por primera vez desde el surgimiento del peronismo, sindicatos clasistas como SITRAC y SITRAM, juegan un rol dirigente en una semi-insurrección en una ciudad de la importancia de Córdoba, con un programa obrero independiente y en alianza con otros sectores oprimidos;

(c) con la caída de la dictadura y el triunfo de Cámpora, en mayo del ‘73 el “Devotazo” impone la liberación de todos los presos políticos y se desata una ola enorme de tomas de fábricas, establecimientos, instituciones públicas, colegios secundarios, etc., que exigen la remoción de las viejas autoridades y reivindicaciones propias;

(d) a pesar de la derrota del primer clasismo en el ‘71 con la toma militar de la Fiat y  la vuelta de Perón que logra el Pacto Social con todas las alas de la burocracia, la gran huelga de los obreros metalúrgicos de Villa Constitución en el ‘74 (el Villazo) vuelve a retomar la tradición del clasismo y se transforma en un nuevo polo de referencia para los sectores del movimiento obrero que tendía a romper con el peronismo. Hicieron falta 4000 policías y gendarmes para aplicar la orden firmada por Isabel Perón y los principales ministros de intervenir la seccional de la UOM e imponer la derrota (resistida por 59 días de huelga organizada clandestinamente). Otras huelgas obreras mostraron elementos muy avanzados, como la toma de fábrica con control obrero de la producción de los obreros petroquímicos de PASA (San Lorenzo) y numerosas tomas de fábricas con rehenes;

(e) en junio y julio del ‘75, en pleno accionar de las Triple A, en el proceso que culminará con la monumental huelga general contra el Plan Rodrigo (el Rodrigazo), surgen las Coordinadoras Interfabriles en el Gran Buenos Aires, congregando comisiones internas, sindicatos y organismos de base por regiones, expresando una clara tendencia al surgimiento de organismos de tipo soviético. Este es el punto más avanzado por su masividad y organización, del enfrentamiento de la clase obrera con el gobierno peronista.

 

Las clases medias en esta etapa oscilarán entre la oposición abierta y activa al régimen militar hasta el ‘73 (confluyendo en la lucha con el movimiento obrero y proveyendo miles de militantes estudiantiles, intelectuales, profesionales, etc., a las corrientes que se reivindicaban revolucionarias y a los grupos guerrilleros ERP y Montoneros), un momento conservador en el ‘74, la vuelta a la oposición en el Rodrigazo y un giro a la derecha contra el “caos” a fines del ‘75 y en el ‘76, que llevará a amplios sectores a apoyar de hecho el golpe militar genocida (trauma de la clase media que perdura hasta nuestros días).

 

En este proceso altamente convulsivo, crecieron vertiginosamente las tendencias a la ruptura por izquierda del dominio de la burocracia sindical peronista sobre el movimiento obrero. Sin embargo,  predominaron las corrientes guerrilleras tanto de la izquierda peronista (Montoneros, FAP, etc.) como “marxistas” (ERP), ambas enemigas de la autoorganización obrera en lucha por un programa que permitiera derrotar a la burocracia sindical, conquistar la independencia política necesaria para hegemonizar la alianza obrera y popular, luchar por un gobierno propio de los trabajadores, y organizar sus propias milicias obreras. Las corrientes guerrilleras sembraron una enorme confusión política en la vanguardia, alimentada por la política centrista de las corrientes que se reivindicaban trotskistas (que nunca tuvieron como estrategia en el período, más allá de batallas parciales correctas, el desarrollo de las tendencias a la autoorganización y las milicias obreras) como el PST y PO2, que impidió la superación revolucionaria del peronismo antes del golpe militar.

El genocidio de la vanguardia obrera, juvenil e intelectual perpretado por la dictadura jugó el rol de no sólo liquidar físicamente lo mejor de la vanguardia de esos años, sino que preservó en cierta medida al peronismo y al radicalismo ante los ojos de las masas, al transformarlos en partidos “perseguidos”.

 

4. La década del ‘80

 

Los ‘80 fueron años donde se vivieron ascensos de luchas obreras y populares, pero dentro de una etapa signada por la derrota física de la vanguardia obrera y de izquierda del golpe del ‘76 y la derrota nacional frente al imperialismo anglo-norteamericano en la guerra de Malvinas del ‘82. En los distintos períodos de ascensos (la crisis revolucionaria de la caída de la dictadura ‘82-’83, y desde el ‘87 hasta el ‘91, por nombrar los más importantes) se combinaron luchas de trabajadores de distintos gremios, 14 huelgas generales (muchas de ellas con programa político, como la del ‘86 que planteó la moratoria de la deuda externa) y luchas democráticas por el castigo a los militares genocidas (la más importante fue la de Semana Santa del ‘87) con la participación de amplias franjas de las clases medias. Luego de la instauración del régimen democrático burgués a fines del ‘83, ninguna de estas luchas llegó en esos años a romper sus marcos. Sin embargo, la ofensiva redoblada del imperialismo y la transformación de la UCR y el PJ en meros ejecutores de los planes del FMI, hicieron emerger dos grandes partidos de izquierda, el MAS y el PC (luego de un efímero intento centroizquierdista, el PI). Poco se podía esperar del reformista PC. Pero el MAS, que se consideraba trotskista, lejos de aprovechar la afluencia de trabajadores y jóvenes, el haber ganado la dirección de decenas de comisiones internas de fábricas y establecimientos y de varias seccionales de sindicatos y una importante influencia en el movimiento estudiantil, para prepararlos para los futuros acontecimientos revolucionarios, se adaptó al régimen democrático burgués y sus rutinas electorales (formando el Frente del Pueblo y luego Izquierda Unida con el PC), sindicales y estudiantiles, y perdió toda perspectiva internacionalista. Los que nos fuimos del MAS para formar el PTS en el ‘88, fuimos expulsados por señalar esta política centrista, no revolucionaria. Esta debilidad estratégica del MAS se vio a todas luces en la crisis del ‘89-’91, donde la burguesía mediante la hiperinflación descargó un brutal golpe a la clase obrera, aprovechando el marasmo para imponer las privatizaciones y crear las condiciones para el ciclo de ascenso económico bajo el gobierno de Menem. La derrota, junto con los golpes “de rebote” de los cascotes del Muro de Berlín que le caían a su socio electoral stalinista, lo hizo estallar en varios grupos, los principales de los cuales son hoy el MST y el MAS, partidos que en toda la década del 90 se negaron realizar un balance profundo y revolucionario de la experiencia del MAS de los 80, reafirmando con esto el carácter centrista de estos grupos.

Los trotskistas del PTS nos hemos propuesto sistemáticamente realizar el balance crítico de las experiencias de la clase obrera y del rol de la izquierda en ella, para poner a prueba en la historia (nacional e internacional) la teoría-programa del marxismo revolucionario. Esta es la única forma de crear bases sólidas para luchar para que el nuevo giro histórico que tiene frente a sí el movimiento obrero argentino se desarrolle en un sentido revolucionario, única garantía de triunfo.

Aquellos que no aprenden de la historia, están condenados a repetirla.

 

1 Otto Vargas, en su “Historia del marxismo argentino”, señala este elemento correctamente y plantea que el PC nació como un partido “kautskista”. Sería conveniente que aplicara ese método a la actuación del maoísmo que él orienta (PCR) tanto en el ascenso ‘69-’76 como en la actualidad...

2 Prueba del centrismo de estas corrientes es que nunca profundizaron seriamente el balance de estos años, los más importantes desde el punto de vista de la experiencia revolucionaria de la clase obrera.

Historia del Movimiento Obrero         

 

1920/1943 - Expansión Industrial y predominio del Sindicalismo "Reformista"

Desde el punto de vista del movimiento obrero el período se caracterizó, en un primer momento, por la prevalencia numérica del sindicalismo "puro", tendencia cuya máxima expansión se registró entre la gran etapa de declinación del anarquismo y mediados de la década del ‘30, en que el control de la mayor parte del Movimiento

(8) - Documento de la F.O.R.A. en ROTANDARO, Rubén. Op. Cit.

(9) - FERNANDEZ , Arturo Op. Cit.

Obrero pasó entonces a manos socialistas y comunistas. Esta última corriente había surgido en 1921, con la escisión del ala izquierdista del Partido Socialista, como reflejo y consecuencia del impacto, producido a nivel mundial, por la reciente Revolución Rusa.

El contexto político social en que estas corrientes desarrollaron su accionar, estuvo signado, en una primera etapa, por la irrupción del radicalismo, que, tal como lo señaláramos en el punto anterior, a partir de 1916 permitió ampliar las bases de representación política. El gobierno de Yrigoyen practicó un nacionalismo de corte popular y democrático, pero, las contradicciones no resueltas dentro de su propio partido, en donde gravitaba el cuño oligárquico representado por el "alvearismo" y el hostigamiento de los conservadores, del "nacionalismo" oligárquico y aún de las propias fuerzas de izquierda, que no comprendían este "nacionalismo popular", llevó a que, cuando asumiera la segunda presidencia (1928), sus días estuvieran prácticamente contados. El golpe protagonizado por el General Uriburo, el 6 de setiembre de 1930, representó la intervención directa, por vez primera, de las fuerzas armadas en el escenario nacional, interrumpiendo un gobierno surgido de la voluntad popular.

Entre 1930 y 1932 el poder fue pasando del "nacionalismo" oligárquico (dictadura de Uriburo) a la oligarquía propiamente dicha (dictadura de Justo). Este período, abierto en 1930 y conocido con el nombre de "Década infame", se prolongará hasta 1943, cuando, a partir de otro levantamiento militar se generará la posibilidad de romper el viejo esquema en que se hallaba encerrado el país.

La "Década infame" delimitó un ciclo en cuyo transcurso se materializaron las formas mas escandalosas del fraude (que los conservadores llamaron patriótico) y la entrega del país a los monopolios extranjeros. Se fundó el Banco Central controlado por la banca internacional, se entregaron nuestras carnes en forma ruinosa con el Tratado "Roca - Runciman", que establecía que el 85% de la cuota exportable de carne argentina sería distribuido por el gobierno inglés. La interpelación sobre las carnes que se suscitó en el Senado, mostró el sometimiento de la acción gubernativa a los intereses concordantes de los grandes ganaderos y el trust frigorífico inglés y norteamericano: se expropió el transporte colectivo porteño en poder de pequeños empresarios particulares, pasándolos a manos de los intereses británicos. Empresas de electricidad, ferrocarriles, flota mercante, seguros y reaseguros, todo era extranjero.

Por otra parte, este período se inscribió en el marco de la crisis mundial de 1929. Para esa época, toda la región pampeana se encontraba en explotación, no quedaban tierras por ocupar y la producción entró en un "impasse", a la vez, la demanda de productos agropecuarios en el mercado mundial se vio disminuida por efectos de la crisis; desde entonces a 1932, las exportaciones, al igual que las importaciones, se redujeron a la mitad. Argentina perdió, en los años de la crisis, casi mil millones de dólares anuales, ya que la baja de los productos agropecuarios en el mercado mundial era mayor que la de los productos manufacturados. (1)

Los factores que señaláramos, tanto internos como externos, contribuyeron, pues, a marcar el delineamiento de la economía agroexportadora e impusieron la necesidad de orientaciones distintas a la producción. La oligarquía vióse obligada a ahorrar divisas y a impulsar, contra sus intereses, un limitado desarrollo industrial, orientado al establecimiento de una industria de tipo manufacturero, que procediera a la sustitución de lo que antes se importaba, dedicada, especialmente, a la fabricación de productos de uso final dependiente de los países altamente desarrollados para la obtención

(1) - BORTNIK, Rubén - "Historia Argentina y Dinámica Social". Editorial Precursora.Buenos Aires, 1972.

de maquinarias, equipos y hasta combustibles.

El panorama de la actividad industrial muestra que si durante la década del ‘20 en número de establecimientos industriales había aumentado a razón de 2.800 y de 5.000 entre 1940/1945.

n 1935, el 25% de los establecimientos industriales censados se habían fundado después de 1931. Las ramas que se desarrollaron mas rápidamente fueron las maquinarias, artefactos eléctricos y la de derivados del caucho, casi inexistentes hasta 1930. Pero las mas importantes par la sustitución de importaciones fueron la textil, la de alimentación y la de bebidas (2).

Se debe también señalar que a este proceso de desarrollo industrial se incorporó, desde un primer momento, la inversión extranjera. En 1930, fundaron filiales Good Year y Pirelli; un año mas tarde, Firestone; en 1935, se instaló Phillips y la empresa, de origen alemán, Osram; en 1936, Eveready. Las sucursales de firmas norteamericanas y europeas, encontraban así "la forma de emplear su capital en máquinas, funcionarios ejecutivos y técnicos sin trabajar por la depresión en sus respectivos países, resolviendo sus problemas de estructura económica".(3)

Por otra parte, este procedimiento permitía a esos capitales, especialmente a los norteamericanos, no perder su influencia en el mercado interno argentino, jugando, además un papel orientador en la producción industrial de acuerdo a sus intereses.

En 1935, las empresas extranjeras representaban el 50% de la producción del país, el resto correspondía a una multitud de pequeñas y medianas empresas de capital nacional. Pese a que aún proliferaban pequeños talleres, el avance de la gran industria era también considerable. Entre 1935 y 1945, la producción industrial se triplicó, mientras que el índice de la producción agropecuaria no llego a duplicarse. En 1942, la industria representaba ya un sector de fundamental importancia con el 44,7% del valor de la producción nacional (4).

Sin embargo, este crecimiento industrial, por no responder a un panorama coherente y deliberado de planificación, dio como resultado un crecimiento dispar del sector. Por una parte, las industrias de bienes de consumo se multiplicaron sin orden t las industrias de base fueron olvidadas o malogrados los intentos de expansión. Por lo tanto, las formas que adquiría el proceso industrialista: coyuntural, sustitutivo, con incorporación importante de capital extranjero, estaba fijando, desde el inicio, los límites de su posterior desenvolvimiento.

Por otra parte, se debe también considerar que este desarrollo industrial se centralizó en la denominada "costa industrial argentina, una franja de unión de los puertos de Santa Fe y La Plata, concentrando su núcleo fundamental en el Área Metropolitana (Capital Federal y los 19 partidos conurbanos), contribuyendo a acentuar las desigualdades regionales en la Argentina. El siguiente cuadro es ilustrativo al respecto.

(2) - DEL CAMPO, Hugo - "Sindicalismo y Peronismo - Los comienzos de un vínculo perdurable".CLACSO, Buenos Aires, 1983

(3) - SUAREZ, Carlos - "Apuntes sobre industrialización en la Argentina, artículos del libro "Estudios sobre la Sociedad y el Estado"(compilador H. ROUDIL).EUDEBA, Buenos Aires, 1985.

(4) - DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.

 

·         Evolución de los Establecimientos Concentrados en Capital Federal y Provincias Litorales

1914

1935

1939

70

76,4

76,3

FUENTE:SUAREZ, CarlosOp. Cit.

El proceso de industrialización estuvo acompañado por un crecimiento extraordinario de los saldos migratorios, reduciéndose la inmigración europea, desde 1930, a cifras insignificantes. Las poblaciones provincianas, tanto de las zonas tradicionalmente "estancadas" como aquellas que sufrían los efectos de la crisis, se volcaron hacia los centros urbanos del litoral, principalmente Buenos Aires y zonas circunvecinas. Se estimaba que, en 1936, el saldo migratorio se había mantenido en 8.000 anuales, aumentando en forma rápida en el lapso de los años 1936/1943 a 72.000 anuales (5). Esto indica, hasta que punto, las migraciones internas habían reemplazado a las inmigraciones como proveedora de mano de obra.

La afluencia de cantidad tan grande de población de origen rural o de pueblos chicos y la incorporación de su mayor parte a la industria, implicaba una profunda transformación de la clase obrera. Sin tradición sindical, la mayoría quedó al margen de las organizaciones obreras que, en general, se mostraron incapaces de atraerlas. Recién después de 1946, comenzaron a ingresar, masivamente, en los sindicatos. (6)

Las condiciones sociales y laborales en que se desarrollaba la vida de la clase obrera, no se había modificado mayormente, en relación al período precedente.

Durante la crisis aumentó la desocupación, retornando, recién en 1934, a niveles anteriores. Según datos oficiales, el número de desocupados llegaba, en 1932 a 334.000; de los cuales 264.000 lo estaban en forma total y 70.000 en forma parcial. Por esa misma fecha, el salario medio de un obrero industrial descendió a $ 105,50 en relación a los $ 130,- de 1929 (7).

En 1937, el 59% de las familias obreras de Buenos Aires, vivía en una sola pieza, habitualmente de conventillo. Eran muchas las que carecían de las condiciones mas elementales: baño exclusivo 62%; agua corriente 38%; cocinas independientes 19% (8).

(5) - ROTANDARO, Rubén - Op. Cit.
(6) - DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.
(7) - DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.
(8) - DEL CAMPO, Hugo - Op.Cit.

En cuanto a la jornada de trabajo, fue reduciéndose a lo largo de la década, gracias a la paulatina imposición del "sábado ingles", de un promedio de 48 horas semanales, al principio, o uno de 44 al final. En 1935, los obreros se repartían aproximadamente por mitades entre ambos tipos de jornadas y eran muy pocos los gremios que gozaban de vacaciones pagas. Aunque la práctica de los convenios colectivos

se fue extendiendo lentamente durante la segunda mitad de la década, la mayoría de los trabajadores no llegó a gozar de sus beneficios; la falta de convenios dejaba un amplio margen para la arbitrariedad de los patrones, ya que, eran ellos quienes fijaban, unilateralmente, en la mayoría de los casos, las condiciones laborales (9).

Con respecto a la protección y seguridad del trabajador, solo unos pocos gremios, como los ferroviarios y municipales, contaban con Cajas de Jubilaciones y Pensiones; las indemnizaciones por accidentes de trabajo eran insuficientes y su cobro dificultoso. La Federación de Empleados de Comercio había logrado la inclusión del derecho a indemnización por despido y a licencia por enfermedad en la forma del Código de Comercio, obteniendo su sanción parlamentaria, pero la ley fue vetada por Justo en 1932 y promulgada recién dos años después (10).

En este marco histórico social se abrió para el sindicalismo un nuevo ciclo. El año 1920 señaló el pico de la organización sindical en el período; las luchas intestinas atomizaron el movimiento sindical en la década del ‘20 y luego de 1930 el clima general de represión y el impacto de los cambios que experimentó el país, se convirtieron en obstáculos para el desarrollo sindical.

Desaparecida la preeminencia combativa del anarquismo, tomó auge la orientación sindicalista reformista y legalista, la que, al concentrarse en la lucha por las reivindicaciones inmediatas, fue dejando de lado, paulatinamente, los fines revolucionarios que postulaba su ideología original, desembocando en un reformismo que solo se diferenciaba del que practicaban los socialistas, por le hecho de que, en lugar de fundarse sobre una posición doctrinaria, emergía de consideraciones puramente pragmáticas. La ideología del "sindicalismo puro", menos definida y , por lo tanto, mas flexibles que la de las tendencias rivales, permitiría a sus dirigentes moverse con mayor holgadura en un medio saturado de discusiones doctrinarias y de actitudes sectarias, aspirando a encontrar formas mas prácticas y eficaces de organización y de lucha (11).

En 1922, se llevó a cabo un Congreso de Unificación Sindical del cual solo estuvo ausente la F.O.R.A. anarquista. De este Congreso nació la Unión Argentina (U.S.A.), con predominio de los sindicalistas "puros" y con participación socialista y comunista. Por su parte, la F.O.R.A. anarquista (F.O.R.A. del V Congreso) , prosiguió sus actividades, quedando, desde la fundación de la U.S.A., como la única F.O.R.A.

De la acción de varios sindicatos descontentos con la política llevada a cabo por las centrales sindicales existentes, surgió, en 1926, una nueva entidad: la Confederación Obrera Argentina (C.O.A.), producto de una nueva alianza entre el sector del sindicalismo "puro" y socialistas. La C.O.A. agrupaba a Sindicatos como la Unión Ferroviaria y la Federación de Empleados de Comercio, llegando a sumar, en 1930, 130.000 afiliados.

La U.S.A., de tendencia sindicalista, experimentó una sensible disminución, reduciéndose a unos 15.000 miembros. Por su parte, los comunistas formaron, en 1929, una pequeña central: el Comité Nacional de Unidad Sindical Clasista.

(9) - DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.
(10) - DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.
(11) - DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.

El golpe militar de 1930 encontró al sindicalismo atomizado en cuatro centrales: la U.S.A., la C.O.A., el Comité Nacional de Unidad Clasista y la F.O.R.A. Esta fue puesta fuera de la ley y sus fuerzas en la clandestinidad fueron disminuyendo sus efectivos.

"Esta división perjudicaba los intereses de la clase trabajadora, contribuía a disminuir al aún débil poder de negociación de los sindicatos y hasta se manifestaba en la pérdida de representación del socialismo parlamentario, la que quedó reducida a un solo legislador, en 1930"(12)

Tratando de detener la división del movimientos obrero, los sectores del sindicalismo "puro" y del socialismo, impulsaron el proyecto de unificación. Las gestiones, que habían comenzado en 1928, se concentraron en 1930, a poco tiempo de haber asumido el gobierno militar, fusionándose la U.S.A. y la C.O.A.; dando lugar a la creación de la Confederación General del Trabajo (C.G.T.), con preeminencia de la tendencia sindicalista sobre la socialista.

El programa mínimo planteado en 1931 por la C.G.T., fue expresión de las principales necesidades y aspiraciones, de la clase obrera para el período. En estas reivindicaciones se encontraba planteado un cambio táctico en el accionar del movimiento sindical, introduciendo al factor gobierno en las relaciones laborales, en una dimensión mucho mas amplia que la que se había dado hasta ese momento.

"1) Reconociendo los sindicatos. Por el mero hecho de existir, los sindicatos serán considerados como instituciones de bien público, con facultades para vigilar la aplicación de la legislación social."

"2) Jornada de trabajo y vacaciones. Ocho horas de trabajo para adultos en trabajos diurnos y seis en trabajos nocturnos y en las industrias insalubres. El ciclo semanal será se cinco días como máximo. Vacaciones anuales con goce de sueldo."

"3) Derecho de vida y seguro social. Salario mínimo fijado periódicamente por comisiones integradas por representantes de los sindicatos obreros y de organizaciones patronales de industria o región. Establecimiento del seguro nacional sobre desocupación, enfermedad, vejez y maternidad."

"4) Intervención obrera. Intervención y contralor de la organización obrera en diversos organismos del Estado."

"5) Oficinas de colocación. Supresión de las agencias particulares; las oficinas de colocación serán establecidas por las municipalidades y en su administración tendrán intervención directa los sindicatos."

"6) Protección a la maternidad. Pensión proporcional al número de hijos menores de 14 años a toda mujer sin marido y sin recursos."

"7) Defensa de la infancia. Instrucción pública y obligatoria, laica y gratuita, hasta los 14 años, debiendo el Estado proveer también gratuitamente, alimentos, vestidos y los útiles necesarios a la enseñanza."

"8) Ley 9.688 (Accidentes de Trabajo). Reforma de la ley en estos aspectos: las incapacidades se contarán desde que se produce el accidente. Extensión de la ley a todos los asalariados indistintamente. Aumentar los beneficios de la indemnización parcial al 100% del salario. Elevar las indemnizaciones máximas a $ 15.000,-. Supresión del límite de salario para tener derecho a los beneficios de la ley. Los seguros por accidentes de trabajo estarán a cargo del Estado."

"9) Estabilidad y escalafón para los trabajadores del Estado y demás entidades de carácter público."

"10) Carestía de la vida. Fijación de los alquileres rústicos y urbanos con arreglo al valor; construcción de casas económicas para obreros por cuenta del Estado y las municipalidades."

"11) Derogación de la Ley 4.144."

FUENTE: DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.

Es también de destacar que, a partir de 1931, el número de huelgas se redujo al mínimo, comparándolo, sobre todo, con los períodos precedentes y llegando a los niveles mas bajos en 1934, debido a varios factores: la incidencia de la desocupación y la represión de que fue objeto el movimiento obrero y el cambio de las tendencias predominantes: declinación del anarquismo, creciente moderación del sindicalismo y la consiguiente propensión de no concurrir a la huelga antes de haber agotado las posibilidades de negación.

 

·         Actividad Sindical 1930/1940 Número índice 1929 = 100

AÑO

HUELGAS

1930

111

1931

38

1932

93

1933

46

1934

37

1935

61

1936

96

1937

73

1938

39

1939

43

1940

47

FUENTE:DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.

 

·         Movimientos Huelguistas 1907/1939 Promedio anual

PERIODO

HUELGAS

1907/1909

162

1910/1914

132

1915/1919

169

1920/1924

116

1925/1929

92

1930/1934

73

1935/1939

71

FUENTE:DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.

 Por otra parte, si bien la restauración oligárquica abrigaba pocas simpatías por las reivindicaciones obreras, se mostraba cada vez mas inclinada a intervenir en los conflictos laborales y a controlar el movimiento sindical. La inclinación a buscar apoyo en el poder político para lograr concretar las reivindicaciones gremiales, que se había iniciado durante los gobiernos radicales, no dejó de acentuarse durante esta época, pero, acompañada por una creciente burocratización de las organizaciones sindicales; apareció, entonces, una capa de dirigentes para quienes la vinculación con los factores de poder no era solo un medio para obtener mejoras en sus representados, sino también para conservar su propia posición. El enfrentamiento violento y frontal de los trabajadores del estado, pasó a ser cosa del pasado, junto con la influencia anarquista, la intervención de éste en el campo social, no solo fue universalmente aceptada, sino también insistentemente reclamada (13).

En diciembre de 1935, se produjo una nueva escisión en el movimiento sindical, que llevó a la fractura de la C.G.T.. La Unión ferroviaria, sindicato de orientación socialista y de importante influencia dentro de la C.G.T. por el peso numérico de sus afiliados, se enfrentó, junto con otros gremios, a la Junta Ejecutiva de la C.G.T., quedando concentrada una nueva división sindical, que esta vez asumió, además, características geográficas. El núcleo, que había realizado un verdadero "golpe", desconociendo a las autoridades de la C.G.T., representadas en la Junta Ejecutiva, se distinguió como C.G.T. calle Independencia; el otro sector, de orientación sindicalista pura, se organizó como C.G.T. de la calle Catamarca, retomando, en 1937, el nombre de Unión Sindical Argentina (U.S.A.).

La mayoría del movimiento obrero, mas de doscientos mil afiliados, se agruparon en la C.G.T. Independencia, convertida luego en la única C.G.T., orientada por los socialistas que recibieron el apoyo de los comunistas, quienes pasaron también a integrar la entidad. Estos últimos, ante el avance del nazismo en Alemania y la consolidación del fascismo en Italia, se planteaba un cambio táctico en su accionar: "el frente popular". La teoría frentista establecía la necesidad de trabajar unidas con otros sectores políticos y gremiales contra las fuerzas nazi-fascistas.

 (13) DEL CAMPO, HugoOp. Cit.

Por su parte, el sindicalismo "puro", marginado del escenario que tanto tiempo había dominado, no volvería a jugar un papel relevante como tendencia. Sin embargo, la herencia que dejaba no era nada desdeñable: sus constantes esfuerzos por mantener la independencia del movimiento sindical frente a los partidos políticos, que se había transformado, de hecho, en abierta hostilidad hacia socialistas y comunistas, había contribuido a que la inserción de estos en el movimiento obrero, solo se logrará en forma tardía y superficial, y ello fue uno de los factores que facilitaría la tarea del peronismo. Por otra parte, muchas de sus actitudes fueron retomadas por dirigentes de filiación o simpatías socialistas. Finalmente, la idea de una acción política, basada exclusivamente en las organizaciones sindicales será la idea encontrada, en 1945, en la base del Partido Laborista, cuyo Presidente, Luís Gay, fue el último Secretario General de la U.S.A. (14).

La C.G.T., que había comenzado un lento proceso de fortalecimiento, no pudo evitar un nuevo enfrentamiento que llevó a una nueva división. El conflicto surgió en las propias filas socialistas que se dividieron en dos bandos: uno encabezado por el Secretario General de la C.G.T., José Domenech y el otro dirigido por Ángel Borlenghi, Secretario General de los Empleados de Comercio y Francisco Pérez Leirós, Secretario General de lo Obreros Municipales.

En marzo de 1943, la C.G.T. quedó dividida en dos entidades: la C.G.T. N° 1 (Secretario General Domenech) y la C.G.T. N° 2 (Secretario General Pérez Leirós, con el apoyo comunista).

La Principal diferencia radicaba en que los integrantes de la C.G.T. N° 2 aspiraban a que la Central tuviera una participación mas activa en las cuestiones de política nacional e internacional, en forma coordinada con los partidos políticos, mientras que la C.G.T. N° 1 sostenía una actitud "neo-sindicalista" de presidencia política, limitación a las reivindicaciones específicamente gremiales y buena relación con el gobierno, cualquiera que éste fuera.

La revolución militar de 1943 encontrará al movimiento sindical escindido en dos centrales principales (C.G.T. N° 1 y 2), la U.S.A. y grupos de gremios autónomos de varias fuerzas.

Queda en el haber de este período, el hecho que, a pesar de las dificultades que el movimiento obrero tuvo que afrontar (desocupación, represión, divisiones), mostró una tendencia al crecimiento en lo que a organización sindical se refiere.

(14) DEL CAMPO, Hugo Op. Cit.

 

·         Numero de Afiliados a Organizaciones Sindicales

 

1936

1937

1939

1940

1941

C.G.T.

262.630

289.393

270.320

311.076

330.581

U.S.A.

25.095

32.111

26.980

23.039

14.543

F.A.C.E.*

8.012

8.079

18.500

18.675

13.550

AUTÓNOMOS

72.834

68.105

120.809

120.038

82.638

INDEFINIDOS (sin ninguna tendencia)

1.398

21.214

--

--

--

TOTALES

369.969

100

418.902

113,23

436.609

118,01

472.609

127,80

441.412

119,31

* Federación de Asociaciones católicas de Empleados (no desarrollaba actividades propiamente sindicales, sino de carácter exclusivamente mutual y agrupaba sobre todo a empleados de Comercio y del Estado).

FUENTE: D.N.T. - Organización Sindical, Asociaciones Obrerasy Patronales, 1941, Buenos Aires, incluido en DEL CAMPO, Hugo - Op. Cit.

Por otra parte, la clase obrera que, en cuanto a tal, crecía numéricamente y en importancia en la estructura productiva, no había encontrado, todavía, una identidad política que le permitiera unificarse y hacer valer su peso como sector social.

Esta entidad la hallaría recién a través del peronismo,

 

LA CULTURA OBRERA ARGENTINA COMO BASE DE LA TRANSFORMACION SOCIAL

(1890-1940)

 

Por Emilio J. Corbière (*)



 
 

"No es cierto que el socialismo surgirá automáticamente
de la lucha diaria de la clase obrera. El socialismo será
consecuencia de las crecientes contradicciones de la
economía capitalista y la comprensión por parte de la
clase obrera de la inevitabilidad de la supresión de
dichas contradicciones a través de la transformación
social".

Rosa Luxemburgo
("Reforma y Revolución")

RESUMEN: La cultura obrera entre fines del siglo XIX y la mitad del siglo XX constituyó un elemento sustancial de la lucha de clases. Impulsada por anarquistas y socialistas contribuyó a desarrollar la conciencia de los trabajadores, no solo en lo pedagógico sino en la determinación de su propia liberación y del conjunto de los explotados. Sobre las razones de la desaparición de esa cultura popular se han ensayado varias tesis que se expondrán, pero lo cierto es que los partidos revolucionarios y los reformistas abandonaron esa práctica social. En los años sesenta menospreciaron y consideraron anacrónico las redes de universidades obreras, escuelas, sociedades filarmónicas, coros, conjuntos artísticos. El cielo estaba por ser tomado por asalto. Pero ese asalto no se produjo. En cambio, la derrota político-ideológica ha producido consecuencias nefastas. Conocer esa historia, o parte de ella, nos ayudará a refundar el socialismo en la Argentina.

Al perfilarse el siglo XXI resulta de importancia interrogarnos sobre porqué el pensamiento socialista y revolucionario argentino se encuentra en crisis y en una búsqueda política e ideológica que le permita ganar a las grandes masas populares para la transformación de la sociedad.

No solo perdimos batallas políticas y militares en el último cuarto de siglo. También se encuentra en una encrucijada la cultura socialista. Utilizo el término para englobar a todo el pensamiento revolucionario, no reformista ni socialdemócrata. El auge del pensamiento reaccionario, la posmodernidad como ideología del pensamiento único, el desafío oscurantista y el auge de corrientes irracionalistas que acompañan a la globalización capitalista no solo se debe a la fuerza de los enemigos de la clase trabajadora y del pensamiento realmente progresista, sino a falencias notorias de las propias organizaciones y partidos que han heredado las tradiciones socialistas, comunistas y en general, de la izquierda revolucionaria. Estas fuerzas parecen ser incapaces para generar un nuevo proyecto, una nueva fuerza política.

Hay, ante todo, un agotamiento de las organizaciones existentes y urge contribuir a la formación de un nuevo partido revolucionario: la refundación socialista que mire hacia el siglo XXI y no al siglo XIX. Del legado leninista lo que está vigente es la construcción del partido revolucionario, no un movimiento o frente. Para ello, como decía Lenin en el Qué hacer, deberemos unir "la imaginación con la vida". Esto no está en la cartilla del dogmatismo pero es revolucionario.

¿Porqué la cultura obrera, en todos sus matices, se quebró en nuestro país? ¿Triunfó el ideal o la ideología de la burguesía? Se han ensayado diversas interpretaciones. Para algunos, la crisis de la cultura obrera se produjo por el hecho social del peronismo. Otros explican el fenómeno por el desarrollo, a nivel mundial, del keynesianismo, es decir por las reformas internas del propio capitalismo tras la crisis mundial de 1929, que habría destruido la conciencia en sí de los trabajadores. Hay quienes, también, piensan que el fenómeno estalinista, desarrollado a nivel mundial por la Unión Soviética, cristalizó o paralizó el entramado revolucionario de las fuerzas obreras y del trabajo. También hay quienes consideran que el distribucionismo de las reformas parciales que no afectaron el poder político capitalista, habrían también contribuido a deteriorar y detener la conciencia revolucionaria.

No sería científico buscar solo en elementos externos a la propia izquierda la crisis de la cultura obrera en la Argentina. Hay motivos propios de sobra en materia de sectarismo, aventurerismo, reformismos y voluntarismos varios y no pocas capitulaciones que abonaron el camino de la crisis. Pero el método marxista también exige estudiar todos los elementos de la estructura económico-social y política que sirvieron de marco, algunos de los cuales ya apunté. El debate está abierto. En este trabajo solo señalaré algunos hitos históricos de aquella tradición perdida, que con sus logros y límites, cubrió una época que se remonta a f