El
extraordinario crecimiento sostenido de la economía
china por más de dos décadas es, sin lugar
a dudas, una de las grandes transformaciones de la economía
y de la política internacional. Su desarrollo económico,
utilizando como “ventaja comparativa” enormes
reservas de mano de obra barata, la ha convertido en el
centro por excelencia de la producción manufacturera
a nivel mundial, siendo considerada el “taller del
mundo” , como se denominaba a Inglaterra después
de la Revolución Industrial. En 2003, estos logros
y el espectacular despegue de sus importaciones, que crecieron
a lo largo del año el 40%, la convirtieron en uno
de los dos motores de la recuperación de la economía
mundial marcando decididamente la emergencia de China
como un actor a tener en cuenta en el escenario internacional.
Tales resultados dieron lugar a todo tipo de especulaciones
y pronósticos sobre el futuro. Los más optimistas
la ubican como la futura potencia hegemónica del
siglo XXI basados en que su desarrollo económico
y enorme población, le permitirían repetir
una irrupción igual de extraordinaria que la de
Estados Unidos hacia mediados del siglo XIX. Otros arriesgan
que China puede convertirse en el nuevo “El Dorado”
de la economía mundial capitalista, abriendo para
ella un nuevo auge expansivo.
En esta nota vamos a discutir estas perspectivas demostrando
cómo el actual “milagro chino” no contradice
la tesis marxista sobre la imposibilidad de las economías
dependientes de transformarse en nuevas potencias capitalistas
competidoras en una economía mundial dominada por
los grandes países imperialistas y sus transnacionales.
Aunque no puede descartarse la potencialidad de China
para actuar como pulmón de una nueva división
del trabajo de la economía mundial, este proceso
se halla todavía en sus estadios iniciales y está
sometido a enormes desafíos tanto externos como
internos que hacen de la posibilidad de fuertes convulsiones
y estallidos una alternativa altamente plausible. En otras
palabras, la complejidad de sus problemas sociales y económicos
y la resistencia al cambio político pueden desviar
su curso ascendente y dar lugar a una China totalmente
distinta a la que conoció Occidente en las últimas
décadas, que vuelva al patrón de inestabilidad
que conoció ese país durante la mayor parte
del siglo XX.
CAPÍTULO
I
Las
ventajas del atraso
El
desarrollo de China sólo puede entenderse si se
toma en cuenta que es tanto una economía atrasada,
que comparte toda una serie de problemas similares a los
de muchos de los países semicoloniales de América
Latina, como una economía en transición
desde una planificación burocrática al capitalismo,
proceso similar al de todos los ex estados obreros deformados
y degenerados. Es esta combinación de procesos
lo que hace a China, además de su población
de 1300 millones de personas y su vasto territorio, un
caso excepcional en los procesos de restauración
capitalista que han sacudido a los llamados ex países
comunistas.
Tenemos acá una paradoja: en el marco del retroceso
histórico representado por la restauración
capitalista, la economía china se ha beneficiado
–contradictoriamente- de las “ventajas del
atraso” que le permitieron un importante desarrollo,
aunque desigual y dependiente, a diferencia de Rusia y
los países de Europa del Este donde, desde el vamos,
la vuelta atrás desde un modo de producción
superior sólo ha significado la más brutal
destrucción de fuerzas productivas y un enorme
retroceso económico, social y cultural. No es que
este último proceso no se de en China, sino que
es ocultado y compensado en términos globales o
mejor aún contrarrestado momentáneamente
por el fenomenal proceso de industrialización.
Esto es lo que dice el economista chino Fan Gang: “En
realidad, la excepcional naturaleza del caso chino -la
imbricación de los problemas económicos
de un país en desarrollo y de un país transicional–
es a la vez la fuente de sus dificultades, pero también
la razón por la que China es capaz de llevar adelante
sus reformas constantemente y mantener el crecimiento.
Las economías de Rusia y Europa del Este eran altamente
industrializadas y altamente nacionalizadas cuando las
reformas comenzaron, más del 90% de su población
eran trabajadores en empresas de propiedad estatal y el
100% de ellos disfrutaba de beneficios sociales. En China
al inicio de las reformas, 80% de la población
trabajaba en la agricultura. Era básicamente una
sociedad agrícola en aquel tiempo, con un producto
bruto interno per cápita de sólo 100 dólares
estadounidenses. Menos del 20% del pueblo gozaba de beneficios
sociales... En tanto y cuanto China no era una economía
altamente industrializada o nacionalizada, fue mucho más
fácil de proceder con las reformas y brindar un
crecimiento en los ingresos y en la economía de
conjunto, reestructurar mientras se desarrollaba”1.
Logros económicos fenomenales...
Desde
que inició sus reformas en 1978 el progreso de
la economía china ha sido extraordinario. En los
pasados 25 años su producto bruto interno se ha
expandido un 9% anual, el crecimiento de su comercio exterior
ha crecido un 15% anual y el superávit comercial
con los Estados Unidos es ahora dos veces el de Japón.
Todo esto es una muestra de la mayor integración
de la economía china a la economía mundial,
siendo hoy día la sexta economía del mundo
con un PBN de 1,4 billones de dólares. Una muestra
de esto ha sido que en 2002, Shennzhen superó a
Rotterdam y Los Angeles, convirtiéndose en el sexto
puerto del mundo.
El excepcional desarrollo industrial ha llevado a muchos
analistas a denominarla el “nuevo taller del mundo”.
Así, el Financial Times sostiene: “Hoy, las
ciudades florecientes del delta del río Pearl en
China se han convertido en el nuevo taller del mundo.
Shunde se llama a sí misma la capital del horno
de microondas, con 40% de la producción global
que se realiza en sólo una de sus fábricas
gigantes. Shenzhen, la zona económica especial,
dice fabricar el 70% de las fotocopiadoras mundiales y
el 80% de los árboles artificiales de Navidad.
Dongguan tiene 80.000 personas trabajando en sólo
una fábrica haciendo zapatos para los adolescentes
del mundo. Zhongshan es el hogar de la industria de electricidad
mundial. Zhuhai, hasta hace poco una ciudad costera rodeada
de campos de arrozales, está ganándole tierra
al océano para hacer más espacio para fábricas
que ya dominan la cadena global de cualquier cosa desde
consolas de computadoras de juego a clubes de golf ”2.
Y más adelante el mismo artículo agrega:
“El delta del río Pearl -un área del
tamaño de Bélgica que bordea el interior
de Hong Kong a través de una serie apretada de
islas– produce 10.000 millones de dólares
de exportaciones y atrae mil millones de inversión
extranjera al mes. Ya 30 millones de personas trabajan
aquí en la manufactura, todos los días miles
más se bajan de los trenes desde tierras más
al norte. Así como Friedrich Engels escribió
que ´el arte moderno de la manufactura alcanzaba
su perfección en Manchester’ en 1845, también
las multinacionales del mundo están llevando sus
técnicas avanzadas de producción para sacar
ventaja de la fuerza de trabajo barata y bajos costos
en el último gran estado comunista del mundo. Las
relucientes avanzadas de Microsoft, BP, Honda o General
Electric hacen un sin sentido del estereotipo de China
exportando nada más que juguetes de plástico”.
La base de este desarrollo está en que la penetración
del capital extranjero ha usufructuado la desigualdad
entre la economía mundial y el nivel atrasado de
China. En palabras de un economista de Morgan Stanley
“las brechas entre China y las economías
desarrolladas en relación con la productividad
laboral y la riqueza se están expresando a través
de una rápida relocalizacion desde las economías
maduras hacia China y el consecuente crecimiento rápido
de las exportaciones”3.
El motor fundamental son los bajos salarios, como puede
apreciarse en el siguiente ejemplo que compara las condiciones
del proceso de producción fabril de zapatos y zapatillas
del Dr. Martens en Northampton, una tradicional zona de
Inglaterra, acostumbrada a ser sinónimo de la industria
del calzado, con la producción china en las empresas
de Pou Chen, compañías taiwanesas que se
mudaron al continente para sacar ventaja de los costos
laborales más bajos. Dice el Financial Times: “Las
plantas de Pou Chen, una en Zhuhai y otra en Dongguan,
emplean a 110.000 personas y producen en serie 100 millones
de pares de zapatos al año para Nike, Adidas, Caterpillar,
Timberland, Hush Puppy, Reebok, Puma y otras. La producción
en esta escala requiere construcciones que hubieran desafiado
a los más ambiciosos propietarios de Lancashire
durante la revolución industrial inglesa. Decenas
de miles de jóvenes mujeres contratadas de todo
el campo chino trabajan en bulliciosas líneas de
producción que serpentean una series de largos
edificios de cinco pisos. La fábrica del Dr. Martens
en Northampton usa pequeños grupos de trabajadores
ensamblando zapatos completos para reducir los costos
de inventario. Pou Chen usa técnicas de producción
en masa poco cambiadas desde los tiempos de Henry Ford.
Dr. Martens paga a sus 1.100 trabajadores del Reino Unido
alrededor de 490$ la semana y ha construido un estadio
para el club de football local. Pou paga alrededor de
800 renminbi (100$) al mes, o 36 centavos la hora, por
arriba de 69 horas a la semana y provee dormitorios para
los trabajadores emigrantes que deben obedecer estrictos
toques de queda”.
El enorme excedente en mano de obra y el bajo nivel de
riqueza permite una fuente que pareciera inagotable para
nuevas áreas de extensión del capital que,
acicateado por la competencia y la fuerte reducción
de los márgenes de rentabilidad, tiene una insaciable
sed de salarios más bajos aún de los ya
bajos salarios del sur de China, que es lo que explica
la relocalizacion interna de muchas firmas al interior
de China continental donde el valor de la fuerza de trabajo
es de un 30 a un 50% menor que en los casos del delta
del río Pearl que hemos nombrado.
El capital internacional está usufructuando las
bondades de una fuerza de trabajo de un nivel de calidad
y dedicación que difícilmente se encuentre
en otro lugar. Esto es producto de una nueva fuerza de
trabajo, moldeada en una economía agrícola
intensiva y resultado de un balance desfavorable entre
la superpoblación humana y la existencia de tierra
que ha preparado los músculos de millones de campesinos
que ahora emigran a las ciudades para someterse a una
explotación del capital4. Es una especie, podríamos
decir, de renta diferencial, no de la tierra sino de la
fuerza de trabajo, con la que el capital internacional
se encuentra y saca provecho no sólo de la intensidad
sino también de la oferta casi inagotable de fuerza
de trabajo. Esto ultimo le permite evitar la inflación
salarial a diferencia de otras economía agrícolas
atrasadas que se industrializaron, como es el caso de
Singapur, Malasia y otras economías del sudeste
de Asia, lo que le otorga al fenómeno no un carácter
pasajero sino de más larga duración que
en previas relocalizaciones del capital desde Estados
Unidos o Japón a esta región del globo,
cuyos giros duraban alrededor de 10 años.
...pero unilaterales e insostenibles en el largo
plazo
No
hay duda de lo espectacular del crecimiento económico
chino de las últimas décadas, sobretodo
desde comienzos de los ’90. Pero este crecimiento
explosivo ha dado lugar al mismo tiempo a un desarrollo
unilateral, riesgoso e insostenible en el largo plazo.
No sólo ha exacerbado el riesgo de sobreinversión
en muchas áreas, sino que el nivel de subutilizacion
del capital es enorme, solamente sostenible en el corto
plazo como consecuencia de una explotación desenfrenada
de los recursos naturales de China a costa de hipotecarlos
para las futuras generaciones.
En otra palabras, se puede conjeturar, a pesar de las
diferencias, que esta búsqueda “voluntarista”
del crecimiento económico a toda costa, perseguida
por la dirección del Partido Comunista Chino (PCCh)
con el objetivo de mantener su legitimidad, podría
terminar en un nuevo “Gran Salto Adelante”5
-aunque con una orientación ideológica opuesta-
es decir, en un fracaso económico estrepitoso con
enormes consecuencias sociales y políticas. Ese
es el gran interrogante del “milagro económico
chino”, que agobia también a la actual cuarta
generación de líderes del PCCh, que bajo
el nuevo gobierno de Hu Jintao, ha puesto más énfasis
y esfuerzos en equilibrar y consolidar el desarrollo.
Una muestra de esto es que durante 2003 el crecimiento
de la inversión en capital fijo creció un
espectacular 30%, dando cuenta de un 47% del PBN. Según
la revista The Economist, citando a dos técnicos
del FMI, Paul Heytens y Harm Zebregs, “...tres cuartos
del crecimiento chino provienen de la acumulación
de capital, a pesar de que el factor total de productividad
–una medida de la eficiencia económica- creció
sólo un dos por ciento al año entre 1995-99.
Aún para una economía en desarrollo, el
nivel de inversión en China es inusualmente alto.
Corea del Sur en su periodo de rápido crecimiento
en los ’70 y ’80 tenía niveles de inversión
cercanos al 25% del PBN. Pero la preocupación más
grande es que el crecimiento de China es asombrosamente
despilfarrador. Mientras que en los ’80 y ’90
costaba 2-3$ de nueva inversión para producir 1$
de crecimiento adicional, ahora se necesitan más
de 4$. Aún la India, a menudo comparada más
desfavorablemente que China, es ahora más eficiente
en dicha medida. Sólo una alta tasa de ahorro doméstico
–alrededor de un 40% del ingreso de los hogares–
y la incontrolable explotación de sus recursos
naturales puede hacer posible para China gastar capital
en tal escala. Pero tampoco es sostenible. Con la poca
oferta de provisión social por parte del estado,
los chinos necesitan ahorrar para asegurarse por sí
mismos. Y la degradación ambiental y la polución
nociva son costos que se están almacenanando para
el futuro”6.
Si estos datos son de fiar China estaría repitiendo
en el terreno industrial el patrón involutivo de
atraso económico de su economía agrícola
en tiempos de Mao, proceso por ahora enmascarado por el
fenomenal crecimiento económico. Es así
que “...la era maoísta en la agricultura
fue testigo de la disminución de la productividad
por hora/hombre, incluso a pesar del aumento tanto del
trabajo invertido como en el producto obtenido. El devastador
análisis de Philip C. C. Huang (1991) remata esta
terrible conclusión afirmando que en su conjunto
las tres décadas de administración agrícola
maoísta simplemente perpetuaron la involución
de su desarrollo económico. A medida que la población
crecía, los agricultores aumentaban sin cesar su
producción total de grano, pero sólo a costa
de reducir constantemente la tasa de retorno por hora
de trabajo. Debían correr más rápido
sólo para permanecer donde estaban”7.
Es sorprendente el paralelismo entre este patrón
de desarrollo con los datos que cita The Economist sobre
el aumento de la cantidad de capital invertido por igual
cantidad de producto o las recientes investigaciones de
dos economistas, Hu Angang y Zheng Jinghai, que sugieren
que el boom de inversiones ha llevado ya a una declinación
en el crecimiento de la productividad. Según datos
citados por el Financial Times, la productividad cayó
de una tasa anual de 3,3-4,6% antes de 1995 a sólo
0,3-2,3% desde 1995 a 20018. A pesar de que una parte
importante de este aumento del capital podría corresponder
a obras de infraestructura , es un hecho que la enorme
competencia de las firmas extranjeras que no pueden dejar
de estar en el mercado chino, junto al hecho de que todo
negocio rentable es rápidamente seguido y replicado
por decenas de firmas alentadas por las administraciones
y burocracias locales, están dando lugar a una
estructura económica donde existe una baja concentración
económica y poca racionalización por rama
de producción, abonando una sistemática
mala distribución de los recursos.
En otras palabras, estamos en presencia de una ingeniería
económica y social, producto de la coincidencia
entre la necesidad del PCCh de mantenerse en el poder
garantizando el crecimiento y la de las transnacionales
imperialistas de bajar sus costos para sobrevivir en la
dura competencia desatada en un mercado mundial cada vez
más estrecho, que está dando lugar en el
terreno económico a contradicciones explosivas,
donde el aliento a la penetración imperialista
por parte de la burocracia ha creado una sobreproducción
prematura enorme (comparada con las necesidades insatisfechas
en China), o sea, una masa de empresas que enfrentan mercados
saturados y acumulan mercancías invendibles, en
el marco de una acumulación fenomenal de deudas
incobrables por parte de los bancos que financian esta
desenfrenada acumulación de capital, que no está
en correspondencia con la tasa de rentabilidad, y de una
constante entrada de capitales que presiona a la revaluación
del yuan (que es detenida por temor a que pudiera dar
lugar a la quiebra de su sistema financiero, aún
inmaduro), contradicciones que en algún momento
pueden alcanzar un punto de no retorno. En ese momento
se verá si el descalabro económico alienta
un salto en la restauración capitalista o, por
el contrario, es el acicate para un gran levantamiento
contra la burocracia y el capital nacional e imperialista
que liquide la restauración antes de que esta se
consolide.
CAPITULO II
Una
de las novedades de la actual restauración capitalista
en China es que mientras las fuerzas estructurales de
la penetración imperialista y el atraso tecnológico
(y por ende de la productividad del trabajo) empujan a
la República Popular China hacia la semicolonización,
por el momento el Estado chino goza de márgenes
de autonomía sin precedentes para una nación
semicolonial en el jerárquico sistema mundial dominado
por el imperialismo.
El fuerte peso y el rol de la penetración
imperialista y las vulnerabilidades del modelo exportador
El
milagro chino es un subproducto de la relocalizacion de
las multinacionales imperialistas en determinadas áreas
de la periferia capitalista como consecuencia de la renovada
e intensificada competencia intermonopólica por
los mercados y los márgenes de ganancia. La aceleración
de esta tendencia desde inicios de los ’80 hasta
hoy, como respuesta a la crisis de acumulación
capitalista iniciada en los ’70, puede apreciarse
en las siguientes cifras de la UNCTAD (Conferencia de
las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo),
que muestran a la vez a China con su fuente inagotable
de mano de obra barata como el destino privilegiado por
excelencia: “El stock global de inversiones extranjeras
directas (IED) saltó más de diez veces entre
1980 y 2002 a los 7,1 billones de dólares, como
producto de la expansión de los sistemas de producción
y distribución a lo largo del mundo de las compañías
transnacionales. Las cifras mostraron a China alcanzando
rápidamente a los Estados Unidos como el destino
más popular a nivel mundial para las inversiones
extranjeras. Los Estados Unidos encabezan la tabla de
la liga del destino de las inversiones extranjeras con
un stock de IED de 1,35 billones de dólares. Pero
el stock de China totalizó los 448.000 millones
de dólares, arriba de los sólo 25.000 millones
en 1990. Combinado con el stock de 433.000 millones de
dólares de Hong Kong, la gran China obtiene el
segundo lugar en la liga... el año pasado alcanzó
un récord de 52.700 millones de IED-más
que cualquier otro país...”9.
Con estas cifras no sorprende la magnitud de la dependencia
de China con respecto al capital foráneo para expandir
su producción y la creciente importancia del sector
de inversión externa en su economía10, donde
se ha convertido en el mejor activo industrial, contribuyendo
con el 20% de la recaudación estatal, 50% de las
exportaciones y creando 23 millones de puestos de trabajo.
La apertura al exterior se fue dando a lo largo de tres
fases. La primera (1979-1985) se desarrolló a través
de la formación de “joint ventures”,
es decir, de una asociación entre los conglomerados
extranjeros y las empresas de origen chino. En la segunda
(1986-1991) se levantó la restricción al
límite de la participación del capital extranjero
que quedó autorizado a participar en cantidades
superiores al 50%, aparte de mejorar el ya de por sí
favorable tratamiento fiscal, garantizar a los joint ventures
exportadores y tecnológicamente más avanzados
un tratamiento más ventajoso, como, por ejemplo,
el acceso privilegiado al suministro de agua y electricidad,
infraestructuras y diversas facilidades de transporte.
En la tercera fase, de 1992 en adelante, después
de la derrota de la Plaza Tiananmen y una vez asentado
el curso restauracionista, la llegada del capital extranjero
a la economía superó todas las expectativas:
desde 1990 a 2003 ingresaron más de 480.000 millones
de dólares, lo que constituye el 97% de la IED
desde 1979.
La presencia de un fuerte sector imperialista y el rol
que este cumple en el cuerpo económico constituye
un aspecto decisivo del proceso de modernización
capitalista chino11. Esta es una diferencia central con
el proceso resturacionista ruso donde las inversiones
extranjeras directas han sido, a pesar de haber crecido
en los últimos años, cualitativamente inferiores.
Esta mayor presencia extranjera directa acrecienta el
poder social del capital y es el factor central que empuja
hacia una modificación radical del conjunto de
la estructura económica hacia un dominio absoluto
de la ley del valor. Al mismo tiempo esta extranjerización
de la economía va en contra, en el largo plazo,
de la posibilidad de que China emerja como gran potencia
capitalista; más bien, por el contrario, señala
un camino opuesto hacia una mayor semicolonización.
Pero la otra cara de este proceso es que este modelo de
desarrollo es especialmente vulnerable a los vaivenes
de la economía mundial. Desde el punto de vista
externo, la continuidad del mismo depende de un entorno
internacional favorable, expansivo, que fomente el crecimiento
de los intercambios comerciales chinos –especialmente
sus exportaciones- y la prolongación del flujo
de inversiones extranjeras. Una fuerte recesión
de la economía mundial y sobre todo el aumento
de las trabas y barreras proteccionistas pueden ser su
talón de Aquiles.
El
atraso tecnológico con respecto a las potencias
imperialistas
Una
de las claves para entender el atraso semicolonial es
la productividad del trabajo con respecto a las potencias
imperialistas. El aumento del rendimiento del trabajo
en la industria se lleva a cabo por dos medios: la asimilación
de la técnica más avanzada y la mejor utilización
de la mano de obra.
Debido al bajo nivel del punto de partida, desde la implementación
de las reformas capitalistas, China incrementó
su sofisticación tecnológica. Pero nos preguntamos:
¿este temporal acortamiento de distancia tecnológica
entre China y las potencias imperialistas y los espectaculares
índices de crecimiento económico, están
señalando que en las próximas décadas
China se convertirá en la nueva “capital
tecnológica” del mundo, como azuzan muchos
medios imperialistas basados en que muchas plantas asentadas
en China han captado varios segmentos del mercado global
de electrónicos para el consumo, y que también
es alimentado por las grandiosas ambiciones de los funcionarios
y burócratas de Pekín?
Lo más benévolo que podemos decir es que
estos sueños son al menos prematuros, por no decir,
más correctamente, totalmente infundados. Una de
las revistas imperialistas más serias sobre el
gigante asiático, el China Economic Quarterly sostiene:
“Mientras este artículo se estaba escribiendo,
la cápsula espacial Shenzhou V entraba en órbita
llevando al ‘Taikonaut’ Yang Liwei, transformando
a China en el tercer país en lanzar un aparato
espacial tripulado. Esto era un punto decisivo tecnológico,
que muchos observadores de los países ricos ven
como un alerta de que China ya no está más
satisfecha con ser el “taller del mundo” sino
que aspira a ser también un laboratorio en investigación
y desarrollo (R&D). Pero una mirada más cercana
a la estructura del sector tecnológico chino sugiere
que tanto la ansiedad de los países ricos como
las ambiciones chinas están infladas. La base tecnológica
china sigue siendo mucho menor que la de las economías
desarrolladas y las manufacturas de mayor uso intensivo
de tecnología son establecidas y manejadas por
extranjeros. China ha alcanzado oportunidades en la cadena
de valor de la tecnología global donde los costos
laborales mayormente importan; pero la infraestructura
de capital necesaria para alimentar una tecnología
nativa avanzada está ausente y va a tomar muchos
años desarrollarla”12. En igual sentido,
el mismo autor grafica: “Desde que las reformas
comenzaron en 1978, la sofisticación tecnológica
de China se incrementó. Esto se debe a que el punto
de partida era demasiado bajo. Hoy el grueso de la producción
china sigue siendo de baja tecnología e intensiva
en fuerza de trabajo. De los 325.000 millones de dólares
de exportaciones chinas en 2002, 68.000 millones de dólares,
o el 21%, estaban listadas en las estadísticas
chinas como ‘high-tech’... Una inspección
más cercana de las exportaciones ‘high-tech’
descubre que no son muy high tech –ni tampoco muy
chinas. La cima de la lista de las exportaciones high-tech
está dominada por partes y accesorios de productos
terminados de tecnología informática, y
por productos maduros como aparatos de DVD e impresoras
láser. Prácticamente todas estas son mercancías
‘comodittizadas’ que compiten con márgenes
ultra delgados, haciendo de esta manera muy importante
el trabajo barato chino a pesar del bajo componente del
trabajo en el costo final de estas mercancías.
Más aún, el alto valor agregado en materia
gris de esos productos –circuitos integrados- domina
los puestos top de la importaciones high-tech chinas”.
Y sobre el enorme peso de la producción y control
extranjero en la producción en este sector, agrega:
“en lo que va del año hasta agosto de 2003,
China importó 71.600 millones de dólares
y exportó 62.100 millones de dólares en
productos de alta tecnología. Dejando de lado por
un momento ese déficit comercial tecnológico
chino de 9.500 millones de dólares, notamos que
52.000 millones de dólares de importaciones y 53.000
millones de exportaciones fueron realizadas por firmas
extranjeras (alrededor de 70% y 85% de las importaciones
y exportaciones respectivamente). Completamente el 50%
de las importaciones chinas de tecnología y el
60% de las exportaciones de tecnología fue hecho
por empresas enteramente extranjeras. Estos números
muestran la posición dominante de los extranjeros,
y especialmente de las empresas de completo control externo,
en el comercio tecnológico chino”.
La enorme brecha tecnológica que aún separa
a China de las potencias imperialistas13 no autoriza a
pensar que China ingresará en la escasa jerarquía
de naciones que domina la economía mundial, como
hablan los fabuladores que pronostican que a mediados
de siglo China será la principal potencia mundial
que reemplace a los Estados Unidos. La gran diferencia
entre China y estas naciones imperialistas es la enorme
acumulación o stock de capital que existe en los
segundos, que permite la existencia de capital financiero
o un sistema financiero avanzado de la que es ultradependiente
la alta tecnología. Las plantas y equipos modernos,
el gasto en investigación y desarrollo y los componentes
de servicios para subir la escalera tecnológica,
son todos capital intensivo.
Esta enorme desventaja es lo que hace prever que China
no será un “nuevo Japón” a pesar
de toda la histeria sobre el peligro amarillo que repite
la propaganda antijaponesa de los ’80. Es que a
diferencia de Japón, la segunda potencia imperialista
mundial, el brillante desarrollo chino no ha superado
aún los estadios iniciales de la evolución
tecnológica14, y por la diferencia estructural
que hemos señalado es difícil que lo haga
en las próximas décadas. Más aún,
la importancia del capital financiero en el proceso de
industrialización hace que para superar nuevos
escalones de la escalera tecnológica, China deba
someterse a mayores dictados del capital internacional,
sobre todo en el sector bancario, en donde el estado chino
mantiene una posición abrumadamente dominante,
que puede significar un salto en su proceso de semicolonización.
Avance restauracionista pero conservando una importante
margen de autonomía estatal frente a la dominación
semicolonial imperialista
Ya
hemos explicado cómo China, a diferencia de los
países de la ex URSS y Europa del Este, aprovechó
las “ventajas del atraso” y pudo atenuar,
si no compensar por el momento, la destrucción
de fuerzas productivas que va asociada a los procesos
de restauración capitalista. Esta disminución
de su base económica y retroceso no sólo
relativo sino absoluto en su ubicación dentro de
las jerarquías de la economía mundial está
indisolublemente ligada al proceso de semicolonización
al que se ven sometidos, con mayor o menor grado el conjunto
de estos países. Como demostramos más arriba
la economía china está sometida también
a las mismas fuerzas estructurales. Lo que nos interesa
resaltar acá es que, a diferencia del resto de
los procesos restauracionistas, en China el avance restauracionista
se da conservando un importante margen de autonomía
estatal frente a la dominación semicolonial imperialista.
La
base de esto está en los siguientes elementos:
a)
China se benefició durante el inicio temprano de
su programa reformista de un contexto interestatal o geopolítico
en el que la presión imperialista estaba dirigida
fundamentalmente hacia “el imperio del mal”
de la ex URSS y su órbita de influencia, desde
los ’70 y más tarde en los ’80 bajo
el reaganismo. Más aún, la política
exterior china fue una pieza importante dentro de esta
estrategia norteamericana, comenzando con el encuentro
entre el presidente norteamericano Richard Nixon y Mao
en 1972, que buscaba debilitar a la ex URSS, la pieza
más fuerte y centro indudable del llamado “mundo
o bloque comunista”15. Posteriormente “las
políticas de puertas abiertas de Deng Xiaoping
precisaban de una inserción mucho más profunda
de China en el mercado mundial. ¿Cómo ocurrió
esto? Un paso clave en este proceso fue la invasión
china de Vietnam en 1978. Una de las razones de la misma,
que de otra manera hubiera sido un ataque sin sentido
a un pequeño vecino, era el deseo de una nueva
relación con los Estados Unidos. La invasión
fue como una ofrenda política a Washington y se
convirtió para China en el billete de entrada al
sistema mundial. Aquí el exceso de violencia era
la condición previa de un nuevo orden económico”
(“Fuego en la Puerta del Castillo”, Wang Hui,
New Left Review, versión página web en español).
b)
Posteriormente, en una etapa más avanzada del proceso
reformista, China se benefició de dos elementos,
uno relacionado con la estructura del actual sistema internacional
y el segundo con la nueva ubicación que alcanzó
en la división mundial del trabajo, como centro
manufacturero mundial.
El primer proceso de tipo estructural al que nos estamos
refiriendo es la creciente división imperialista,
que en el marco de la vastedad de los recursos y potencial
mercado de China, le permite a ésta negociar desde
una relativa posición de fuerza y mejorar los términos
de intercambio con las distintas potencias imperialistas,
al menos comparado con un país semicolonial clásico.
Aparte de tener relaciones económicas con los tres
principales polos en que se divide el mercado mundial
capitalista, China utiliza estas negociaciones no sólo
para obtener ventajas económicas sino también
para hacer avanzar sus intereses geopolíticos,
sobre todo frente a las potencias imperialistas más
hostiles hacia ella como los Estados Unidos, que la ha
definido como el “competidor estratégico”
en el siglo XXI; y en el plano regional, Japón,
de quien la separa un animosidad histórica, que
data desde las invasiones japonesas en los ’30 del
siglo pasado y la Segunda Guerra Mundial. Es así
que “China se está moviendo más cerca
de la Unión Europea por mucho más que negocios,
a pesar de que el rápido crecimiento de sus intercambios
comerciales va pronto a superar al intercambio con los
otros socios de China. Europa le está también
dando a Pekín un medio para contrabalancear a los
Estados Unidos ... En 2005, la Unión Europea se
convertirá en el primer socio comercial de China...
Esto le va a dar a Pekín mayor margen de maniobra
tanto en los negocios como en la política a medida
que Europa desplaza a los Estados Unidos este año
y a Japón en 2005 en el comercio total con China”16.
En el mismo sentido, el actual Comisionado de Relaciones
Exteriores Europeas, Chris Patten, quien fue a su vez
el último gobernador británico de Hong Kong,
sostiene que: “En términos geoestratégicos,
lo que está sucediendo en Europa es de gran importancia
para China. Esto incluye la ampliación de la UE
y el euro. Hay intereses económicos y también
una visión china de conjunto de un mundo multipolar
en la cual Europa se ajusta muy bien”. Dicho artículo,
continúa diferenciando las ambiciones imperialistas
europeas de las de Estados Unidos, repitiendo la fachada
“pacifista” de este último a comienzos
del siglo pasado frente a las viejas potencias colonialistas
europeas: “Por sus ambiciones de seguridad, Europa
no se ve a sí misma como competidora de China.
Como un poder “soft” (blando) es decir un
poder no militar , la UE no ve a China como una probable
superpotencia rival. En cambio, en las palabras de un
paper de la Comisión Europea de octubre del año
pasado, Europa ve al país como un ‘socio
estratégico’ con el cual forjar una ‘benéfica
relación de iguales’, la UE del mismo modo
que Estados Unidos, quiere que China evolucione hacia
una sociedad más abierta. Pero sin Taiwán
y la rivalidad militar, los europeos tienen menos enfrentamientos
directos. ‘La UE tiene la visión de que tiene
más sentido comprometerse con China... Es demasiado
grande para coercionarlo’ dice Brittan, vicepresidente
del banco de inversión UBS”17.
c)
El otro elemento al que hacemos referencia, la nueva ubicación
alcanzada por China en la división mundial del
trabajo como centro manufacturero mundial, o en otras
palabras, su ascenso relativo con respecto a los países
semicoloniales dependientes de la producción de
materias primas o commodities para el mercado mundial,
le permite imponer sus preferencias y poder de negociación
sobre estos, convirtiéndose en el último
tiempo en el principal mercado, o en el mercado de mayor
crecimiento de muchos de estos productos primarios o bienes
intermedios que estos países exportan.
A su vez para los países semicoloniales que venían
soportando una abrupta caída de los términos
de intercambio de sus mercancías -que fue una de
las bases de la recuperación de los países
imperialistas, en particular los Estados Unidos, después
de la crisis de los ’70, durante la ofensiva neoliberal–
y que encuentran fuertemente cerrados o protegidos los
mercados de las metrópolis para muchos de sus productos-
a menos de aceptar tratados comerciales leoninos como
el Nafta, el sistema de Preferencias de los países
africanos con Francia, o los tratados bilaterales como
el recientemente firmado entre Chile y los Estados Unidos
-encuentran en China una salida alternativa, lo que le
da a esta última no sólo una ventaja comercial
sino cierta influencia política en regiones tan
distantes como América Latina, con implicancias
geopolíticas que afecta a determinados países
imperialistas. La enorme repercusión que tuvo el
reciente viaje de Lula a China es una muestra de lo que
decimos. Algunos medios se refirieron a este de la siguiente
manera: “La misión de Lula refleja un febril
entusiasmo por China dentro de la comunidad de negocios
brasilera. Pero también llama la atención
sobre una tendencia económica con, potencialmente,
enormes implicaciones geopolíticas. Los lazos entre
Brasil y China conectan las más grandes economías
emergentes del hemisferio occidental y oriental. En las
palabras de Celso Amorin, el ministro de relaciones exteriores
de Brasil, esto podría ser parte de una ‘cierta
reconfiguracion de la geografía comercial y diplomática’.
Esto puede plantear un desafío para la administración
de George W. Bush, con su obsesión en el Medio
Oriente y su miopía sobre los desarrollos en su
propio patio trasero”18. Más aún,
el mismo artículo agrega: “Países
como México y Colombia han disfrutado lazos preferenciales
con Washington como resultado de acuerdos comerciales
o consideraciones de seguridad, pero las relaciones con
otros países, incluyendo Brasil, Argentina y Venezuela,
se han deteriorado. La influencia China con este último
grupo de naciones ricas en commodities puede eventualmente
agravar estas divisiones y aun llevar a la formación
de nuevos bloques de poder dentro de la región”.
CAPITULO III
Un
desarrollo desigual y combinado exacerbado
El
crecimiento de China en las últimas décadas
ha sido meteórico aunque partiendo –es importante
no olvidar esto para toda comparación- de un país
tan enormemente atrasado y pobre. La mayor rapidez de
su industrialización es el resultado de haber contado
con las “bondades” del mercado de capitales
y financiero a nivel mundial. Sin esta enorme entrada
de capitales los ritmos de tal industrialización
hubieran sido impensables.
Muchos países han experimentado una rápida
industrialización impulsada por las exportaciones.
Pero la escala y rapidez de esta transformación
en China no tiene precedentes. Tomando los datos de 2002,
el dragón asiático dobló sus exportaciones
en sólo cinco años. En contraste, Inglaterra
tardó doce años para duplicarlas después
de 1838. Le llevó diez años a Alemania duplicar
sus exportaciones en los ’60 y siete a Japón
en los ’70. Tenemos acá una aceleración
de los tiempos históricos, un resultado de que
el capital internacional haya trasladado importantes ramas
de producción sobre este país económicamente
atrasado, saltando una serie de fases técnicas
y económicas intermedias dándose una situación
en donde prospera el capital privado pero la formación
de una clase capitalista aún es embrionaria, ya
que el vehículo central de esta transformación
ha sido la vieja burocracia maoísta en decadencia
como parte de impulsar una modernización capitalista
por arriba, con la cual conservar su dominio político.
Este salto histórico ha trastocado a su vez las
características sociales propias de China, una
antigua civilización autosuficiente por largos
periodos de tiempo y que, a pesar de las condiciones de
pobreza en que vivía su enorme población
campesina, fue capaz de desarrollar instituciones sociales
de una enorme perfección, basadas en un sistema
familiar fuertemente paternalista y de respeto a la ancianidad19,
herencia que -a pesar de las enormes cambios económicos
y sociales que significó la Revolución de
1949- no pudo ser liquidada, sino más bien promovida
por el PCCh para facilitar su dominio burocrático.
La masiva penetración del capital en todos los
poros de la vida social con logros fenomenales pero en
forma unilateral, como hemos dicho, ha significado la
actual crisis de la sociedad rural deparando enorme consecuencias
incontrolables para el futuro. Como apunta John King Fairbank:
“El hecho de vivir tan estrechamente vinculados
a sus vecinos y al resto de los miembros de su familia
ha acostumbrado a los chinos a una forma de vida colectiva,
donde por lo general el grupo domina al individuo. En
este sentido, hasta hace poco su experiencia vital no
se diferenciaba casi de los otros pueblos agricultores
establecidos en la tierra desde largo tiempo. Es el individualista
moderno, sea marino, colono o empresario de la ciudad,
el que constituye la excepción; poseer una habitación
individual es un símbolo de un nivel de vida superior,
más fácilmente disponible en el Nuevo Mundo
que en el apretujado Este. Así, uno de los lugares
comunes del saber popular chino es la absorción
del individuo tanto en el mundo de la naturaleza como
en el de la colectividad social.
Hoy, la modernización está destruyendo el
equilibrio entre este colectivismo de la sociedad china
y su hermoso entorno natural. Mientras los productos químicos
industriales contaminan el agua, el uso de lignito o carbón
graso como fuente de energía, contamina el aire.
No se puede reprimir el crecimiento de una población
predominantemente joven y con una creciente esperanza
de vida. Pero, en este momento, la deforestación
y la erosión -junto con la construcción
de caminos, viviendas e instalaciones– están
reduciendo cada vez más la tierra disponible para
sembrar. El país más grande y más
poblado del mundo se dirige hacia una pesadilla ecológica,
y se requerirá de un gran esfuerzo colectivo para
superarla”20.
A su vez esta rauda introducción de los adelantos
de la economía capitalista internacional, al tiempo
que ha hecho entrar en crisis los antiguos lazos sociales,
ha sido en última instancia condicionada por la
capacidad de asimilación económica y cultural
de China, cobrando por tanto –no podía ser
de otra manera en un país de desarrollo tan atrasado-
un carácter contradictorio que se ve en la amalgama
de formas arcaicas y modernas, en otras palabras, un desarrollo
desigual y combinado exacerbado.
La modernización/restauración capitalista
ha dado lugar a enormes contrastes no sólo entre
la ciudad y el campo, las zonas costeras y el interior,
sino al interior de los mismos distritos como reporta
el siguiente relato del Far Estern Economic Review: “Miren
más cerca alrededor del distrito Tiexi y las divisiones
son distintivas. La zona de negocios va y viene con gente,
los puestos de mercado acaparan las veredas y los comercios
y restaurantes se derraman en el camino de los peatones.
Pero caminar hacia lo que los locales aún llaman
la zona fabril de la ciudad es entrar en un mundo de silencio.
Fuera de la calles principales a menudo apenas puede verse
un puñado de personas. Tiene el sentir de un marchitado
suburbio industrial de Europa y de los Estados Unidos
en los ’80. Las fábricas se están
desmoronando, las guardias de seguridad miran a través
de puertas encadenadas y las veredas están torcidas
por las raíces de los árboles plantados
cuando Tiexi era la vanguardia del giro industrializador
de los ’60. Aun en este punto negro de la desocupación,
las autoridades locales ahorran dinero usando trabajadores
de las prisiones para mantener las rutas”21.
El Campo
Entre
1978 y 1983, China eliminó sus granjas colectivas,
creando alrededor de 200 millones de granjas familiares
operando bajo el sistema de responsabilidad familiar.
La antigua forma colectiva, generalmente las villas, mantuvo
la propiedad de la tierra, pero las familias pudieron
pasar a decidir qué cultivar, y vender en el mercado
una producción superior a las cuotas establecidas.
Estas reformas provocaron una inmediata mejora en la productividad
y en el bienestar de los campesinos. Según el China
Economic Quarterly, el producto bruto agrícola
creció un 86% entre 1980 y 1990, mientras que el
ingreso per cápita promedio de los hogares campesinos
creció un 192%, en términos ajustados según
la inflación, entre 1978 y 1988. El periodo más
importante de crecimiento se desarrolló entre 1978
y 1984, el único periodo durante la era de reformas
en el cual los ingresos rurales crecieron y superaron
los ingresos urbanos.
Luego de este periodo inicial, la productividad y los
ingresos se estancaron.
La enorme carga fiscal ha revertido los resultados positivos
que las primeras medidas reformistas habían tenido
para el desarrollo agrícola. La crisis del campo,
sobrecargado de impuestos abusivos, está a su vez
relacionada con la crisis de las “empresas de pueblo
y aldea”22 que llevó al endeudamiento de
miles de éstas, y hoy esta pesada carga es transferida
a los campesinos por la vía confiscatoria de mayores
impuestos y tributos. Esta confiscación del ingreso
agrícola por parte de las burocracias locales ha
dado lugar a numerosos levantamientos y protestas campesinas
en los últimos años.
En este marco, la liberalización a la que China
se comprometió luego de su entrada a la OMC puede
ser mortalmente crítica para millones de campesinos
en la medida que las importaciones baratas desplacen su
producción, disminuyendo aún más
el ingreso campesino, profundizando aún más
la crisis de la sociedad rural.
Sin embargo, lo nuevo comienza a ser el desarrollo de
un incipiente mercado de tierras que busca permitir una
concentración de la propiedad de la tierra. Hasta
ahora, los campesinos podían cultivar la tierra,
pero no les era permitido venderla, comprarla o hipotecarla.
En la mayoría de los lugares, los campesinos no
realizaban inversiones de largo plazo debido a que las
frecuentes e impredecibles “readjudicaciones”
limitaban su tenencia de cualquier terreno específico
de tierra. La burocracia de Pekín ha respondido
a esta cuestión que afecta a la tenencia de la
tierra23. La Ley Rural de Contratos Agrícolas,
adoptada en agosto de 2002 por el Comité Permanente
de la Asamblea Popular Nacional expande ampliamente los
derechos de propiedad agrícola, aunque no le entrega
a los campesinos la propiedad total de la tierra. Confirma
el término de 30 años de uso y el requisito
de contratos por escrito. Pero lo más importante,
es que crea seguros y derechos comercializables de propiedad
al prohibir las readjudicaciones de tierras durante el
término de 30 años de duración del
contrato. Estas medidas significan un salto en las reformas
capitalistas en el campo, que ya está dando lugar
a la expulsión de la tierra de los campesinos,
elemento que puede convertirse en el próximo periodo
en la principal fuente de las rebeliones en el agro24.
Estos cambios estructurales se dan en un marco en donde
el campo chino tiene una de las más altas proporciones
de trabajadores en relación a la tierra apta para
el cultivo -alrededor de tres personas por hectárea-
dejando al campo cargado con un excedente de 150 millones
de campesinos, de acuerdo a las estadísticas oficiales.
A su vez, la producción de granos viene declinando
como producto de la pérdida de alrededor de 14
millones de hectáreas de tierras cultivables debido
al desarrollo y la desertificación durante la última
década y media. Los medios de información
chinos dan cuenta de una escasez de 25 millones a 35 millones
de toneladas desde 200025. Todos estos elementos agravan
las tensiones en la aldea.
Los viejos y los nuevos proletarios
El
proceso de modernización/restauración capitalista
ha dado lugar, por un lado, a un desarrollo contradictorio
de surgimiento de un nuevo proletariado aglomerado en
gigantescas concentraciones obreras en los nuevos bastiones
industriales, al tiempo que ha significado el cierre y/o
declinación de los viejos bastiones de la antigua
economía burocráticamente planificada.
Este proceso dual ha dado lugar a dos actitudes -al menos
momentáneamente- con respecto a las reformas. Por
un lado el nuevo proletariado, con características
todavía del tipo de obrero semiproletario, semicampesino,
producto de la continua afluencia de nuevas hornadas de
mano de obra del campo a las regiones industriales que,
proveniente y educado por las duras y laboriosas labores
agrícolas y la fuerte disciplina social de la aldea,
es una fuerza de trabajo maleable para una brutal explotación
capitalista comparable a la de Inglaterra en el siglo
XIX descripta por Marx. Este nuevo sector de la clase
obrera considera inicialmente su actual situación
una mejora relativa con respecto a sus condiciones de
vida en el atrasado campo chino. Pero con el tiempo su
creciente proletarización y enorme concentración
en gigantescas unidades de producción lo transforman
en el nuevo sujeto social revolucionario de la revolución
china.
Por el otro lado, se encuentra el viejo proletariado de
las aproximadamente 350.000 empresas estatales, que hoy
sólo representan el 28% de la producción
china frente al 75% de finales de los años ’70,
pero que emplean al 44% de los trabajadores en las zonas
urbanas. Este sector, privilegiado en los tiempos de la
economía nacionalizada, es profundamente hostil
a las reformas, tiene un enorme resentimiento hacia la
burocracia gobernante y ha sido la vanguardia de la importante
cantidad de luchas que se han dado contra las consecuencias
de las reformas. Su estado de ánimo es bien reflejado
en el siguiente artículo: “Como trabajadores
industriales urbanos, ellos fueron alguna vez la vanguardia
del proletariado, a diferencia de los pobres rurales que
siempre carecieron de dinero y status. Bajo la planificación
central comunista, estos trabajadores del acero, mineros
y petroleros, ganaron respeto y amplios beneficios de
vivienda, salud y educación por medio siglo. Ahora
ellos están siendo apilados con los escombros de
la historia de la misma manera que los trabajadores de
la industria pesada fueron dejados de lado en la Rusia
post-soviética. ‘Mientras, los cuadros están
comiendo y bebiendo en hoteles y haciendo charlas estúpidas’,
dice Xu Ming de 63 años, despedido luego de trabajar
40 años en la fábrica Tiexi. “Este
país de ninguna manera es socialista –la
brecha entre los ricos y los pobres es demasiado grande”26.
La misma mezcla de trabajadores languideciendo en la miseria
y managers incompetentes y corruptos puede verse en los
siguientes casos citados por un investigador de Hong Kong:
“En una reciente disputa en la Fábrica de
Herramientas de Medición y Corte de Pekín
...cien trabajadores están condenados a perder
su empleo en un proceso de privatización que ellos
denuncian como corrupto hasta la raíz. En el fuerte
piquete organizado por 250 trabajadores el 14 de agosto
de 2001, un trabajador apuntó al sentimiento general
de sentirse abandonados: ‘Nadie representa nuestros
intereses. Aun los llamados sindicatos están en
sus manos. Mientras tanto están usando la propiedad
estatal para comprar autos, penthouses y viajes al exterior’.
La compañía, que tiene aproximadamente 1.250
trabajadores en los libros, recientemente vendió
tierra y está por mudarse centenares de millas
a la provincia vecina de Hubei. A los empleados que no
quieren mudarse le ofrecieron 2500 Rmb (el renminbi, la
moneda china) en compensación por cada año
de trabajo en la planta, pero el escándalo por
corrupción era lo que prevalecía en la mente
de los piquetes. Ellos pusieron una bandera alrededor
de las puertas de la fábrica diciendo ‘Vendan
sus casas y limusinas y dénnos a nosotros los medios
para vivir. 150 millones de Rmb en activos estatales,
a dónde se han ido?’” 27.
Si durante los primeros años de las reformas o
más tardíamente, cuando se aceleró
la reestructuración de las empresas estatales a
comienzos del ’98, el desencanto podía ser
contenido por la creación de nuevos puestos de
trabajos, la mayor lentitud de esto último ha dado
lugar a un creciente movimiento de protestas. Como sostiene
la nota anteriormente citada: “En los primeros momentos
de los despidos, era relativamente fácil encontrar
nuevos trabajos. No más... el Banco de Desarrollo
Asiático estima 37 millones de pobres urbanos,
el 12% de la población urbana... El resultado puede
ser huelgas más frecuentes y un creciente desorden
social. Los trabajadores con quejas -salarios tardíos,
pagos de jubilación y despidos- no sólo
están enfadándose, se están organizando.
Por primera vez en la historia reciente, los trabajadores
en la primera mitad del año lanzaron una serie
de huelgas y manifestaciones aparentemente coordinadas
en varios viejos centros industriales desde el noreste
al sudoeste... Más que siendo organizadas por unos
pocos intelectuales o activistas políticos, las
protestas fueron -para alarma del partido- organizadas
alrededor de temas como el pan y la manteca y tuvieron
un amplio respaldo. ‘Las protestas masivas de trabajadores
que tuvieron lugar en la primavera de 2002 fueron todas
motivadas económicamente y la organización
estuvo basada en el lugar de trabajo’, el investigador
Trini Leung dijo en junio en el Bulletin publicado en
Hong Kong ...No hay estadísticas oficiales recientes
sobre las disputas, huelgas y protestas laborales. En
1995, el comité de arbitraje laboral del gobierno
trato con 23.000 casos. Esto ha saltado a 120.000 en 1999.
Leung estima que la cifra para 2002 podría llegar
a los 200.000 ”28.
Detengámonos más extensamente en el carácter
de este movimiento de protestas poco conocido en Occidente
-que abarca a otros sectores sociales como los estudiantes
o las minorías étnicas- que nos develará
el desarrollo de un fuerte frente de conflicto para el
control policíaco de la burocracia restauracionista
y para el mismo futuro de las reformas capitalistas. Un
interesante artículo de Murray Scot Taner de la
Rand Corporation sostiene que: “En las discusiones
internas, los analistas y funcionarios del sistema de
seguridad pública chino están repensando
fundamentalmente las fuentes del levantamiento en una
sociedad cambiante y las formas de cómo lidiar
con él. Muchos dentro de la policía china
ahora francamente conceden que los cambios económicos,
culturales y políticos, no las conspiraciones enemigas,
subraya esta emergente crisis del orden. Algunos especialistas
de seguridad aún cautelosamente afirman que, a
menos que China realice una seria reforma institucional,
ni la coerción ni el rápido crecimiento
van a ser suficientes para contener el descontento”29.
El dramático incremento de las protestas públicas,
oficialmente denominados “incidentes de grupos masivos”,
y que abarca modalidades que van desde peticiones pacíficas
de grupos pequeños a sentadas, marchas y actos,
huelgas laborales, huelgas de comercios, manifestaciones
estudiantiles, levantamientos étnicos y aún
luchas armadas y revueltas, puede verse en las siguientes
cifras: “La Policía admite un incremento
a nivel nacional de los incidentes de masas del 268% de
1993 a 1999 (de 8.700 a 32.000). En ningún año
durante este periodo la protesta ha crecido menos de un
9%. La tasa saltó hacia arriba un 25% y un 67%,
respectivamente, en los años de la crisis financiera
de 1997 y 1998 y creció otro 28% en 1999. China
observó más de 30.000 incidentes de masas
durante enero-septiembre de 2000, una tasa que hace una
proyección anual estimada en mas de 40.000 incidentes
y un incremento del 25% sobre 1999, de acuerdo a fuentes
policiales chinas citadas por la prensa de Hong Kong.
A pesar la ausencia de cifras nacionales después
de 2000, toda la evidencia indica que la protesta en China
permanece alta hasta el día de hoy, a pesar de
que no está claro si el número total de
incidentes ha continuado creciendo o ha disminuido de
alguna manera en tanto la economía comenzó
a recuperarse, o declinó en frecuencia, mientras
incrementó su tamaño. En cualquier caso,
el problema sigue siendo claramente serio”30.
Veamos un poco la magnitud, el nivel de organización
y las razones que existen detrás de estas protestas.
Empecemos por lo primero: “...los reportes de los
oficiales de seguridad señalan una clara tendencia
hacia manifestaciones más y más grandes,
muchas involucrando cientos, miles y aun decenas de miles
de manifestantes. Durante 2002-2003, los miles de huelguistas
fabriles en Liaoyang y Daqing así como también
las demostraciones estudiantiles en la provincia Anhui
remarcan esta tendencia... los problemas de Liaoning oscurecen
a las otras provincias, con las estimaciones policiales
de más de 863.000 ciudadanos que tomaron parte
en las más de 9.000 protestas que ocurrieron entre
el año 2000 y 2002- un promedio de más de
90 personas por incidente y un incremento de más
de diez veces en el tamaño promedio con respecto
a los años previos”. El nivel de organización
entre los participantes de la protesta “...está
mejorando gradualmente. A pesar de determinados esfuerzos
para socavar los lazos organizacionales, la policía
reporta que muchas de las protestas –ciertamente
una mayoría en algunos lugares- ahora suponen una
elaborada organización, completadas con líderes
designados, ‘voceros públicos’, ‘activistas’
y ‘grupos centrales clandestinos’. Para burlar
las duras leyes contra las ‘organizaciones ilegales’,
muchos de estos grupos se ocultan en asociaciones industriales
legalmente registradas; sindicatos oficiales, asociaciones
de familias y clanes (especialmente en el campo); y grupos
sociales, recreacionales y aún atléticos
nominalmente apolíticos. Un frustrado oficial se
quejaba que los manifestantes locales ahora muestran ‘que
han juntado fondos para campañas de peticiones,
abogados contratados e invitado a nuevos periodistas’
al evento... muchos recientes reportes de la policía
señalan que la coordinación se está
haciendo más común en los recientes años.
La policía en la provincia central de Anhui, por
ejemplo, informó que 11 grupos de la construcción
organizaron conjuntamente una serie de protestas en enero
de 2002 que bloqueó los accesos de las rutas a
las oficinas del gobierno en la capital provincial. Los
manifestantes chinos están también probándose
como astutos aprendices, exhibiendo una impresionante
sofisticación táctica y técnica.
Los celulares, los mensajes de texto, la Internet y el
e-mail permiten organizaciones más rápidas
y flexibles. La policía se queja que las protestas
ahora brotan de repente, con acciones simultáneas,
coordinadas que irrumpen en localidades distantes que
superan rápidamente su capacidad de responder adecuadamente.
Desplegando una habilidad para el teatro callejero, muchos
de los líderes de las protestas ahora rutinariamente
ponen a ciudadanos ancianos, mujeres y niños al
frente de sus movilizaciones, disimulando los objetivos
de sus protestas y paralizando a la policía. La
frustración policial con esta táctica es
palpable... La resistencia violenta está creciendo
claramente... Las muertes policiales en ejercicio, que
promediaba un remarcablemente bajo de 36 al año
entre 1949 y 1978, han saltado a 450-500 anualmente, varias
veces más que el número de muertes policiales
en los Estados Unidos, que tiene una sociedad fuertemente
armada. Aunque muchas de las bajas policiales son el resultado
de accidentes de tráfico y peleas con criminales
mejor armados, también, están crecientemente
respondiendo a la supresión con violencia ”31.
Por último, los motivos de las protestas son analizados
con una indisimulable simpatía por cada trabajador
y campesino manifestante que los policías son llamados
a suprimir. En sus escritos “ellos caracterizan
a los manifestantes despedidos como ‘explotados’,
‘marginados’, ‘desaventajados socialmente’,
‘víctimas’ y ‘perdedores’
en la competencia económica, conducidos a la protesta
por la desconfianza social y la ‘falta de corazón’
del libre mercado. Ellos francamente conceden que muchos
de los que protestan son víctimas de managers inescrupulosos
que llevaron a sus fábricas a la bancarrota mediante
tratos ilícitos o de aquellos que se fugaron con
los activos de la compañía... Muchos expertos
policiales tienen un especial recelo por la crecientemente
desigual distribución del ingreso. Ellos sugieren,
casi humorísticamente, que aún después
de 25 años de reformas pro mercado, la fuerza policial
china permanece cribada con ‘simpatizantes comunistas’...
Con sincero criticismo, un reporte de un policía
provincial argumenta que la desigualdad exacerba las protestas
porque la mayoría de los ciudadanos notan que muchos
de los nuevos ricos (‘nouveaux riches’) chinos
obtuvieron su riqueza a través de empresas corruptas,
ilegales que hacen ‘ganancias explosivas”
y concluyen “... muchos policías ven una
nueva lógica social que va tomando cuerpo gradualmente,
con ciudadanos descontentos cada vez más convencidos
que las protestas pacíficas son significativamente
menos peligrosas, no sólo efectivas sino inevitables
como un medio para obtener concesiones. Rutinariamente
las fuentes policiales acotan una expresión popular:
‘Hacer un gran disturbio produce una gran solución.
Pequeños disturbios no producen ninguna solución.
Sin un disturbio, no hay una solución’”32.
Todos estos elementos en los que nos hemos detenido comienzan
a señalar una creciente recuperación de
las masas chinas, en donde las protestas y huelgas de
los trabajadores tienen un protagonismo central, con respecto
al periodo de auto-restricciones que asumió el
descontento de las masas después de la importante
derrota de la Plaza Tiananmen en 198933. Frente a un duro
agravamiento del ciclo económico –como prevén
algunos analistas- o una eventual división en la
cúpula de la burocracia restauracionista, estos
elementos indudables de recuperación de la protesta
social pueden emerger con toda su fuerza transformándose
en uno de los principales obstáculos, sino el mayor,
para los grandes desafíos que las reformas procapitalistas
aún deben pasar para asentarse.
CAPITULO
IV
La
unidad reaccionaria de la burocracia post Revolución
Cultural
A
diferencia de la ex URRS, donde el dominio de la burocracia
se consolidó con una contrarrevolución interna
en los ’30 y después se afianzó y
fortaleció después de la Segunda Guerra
Mundial, en China el dominio de la burocracia siempre
fue más tenue debido a su debilidad interna, a
su carácter post-revolucionario, y en buena medida
a los vaivenes de la situación internacional entre
los cuales un elemento clave era la relación con
la misma burocracia soviética.
Es en este marco que debe analizarse el acontecimiento
decisivo para la evolución de la China actual que
fue la Revolución Cultural. Este movimiento iniciado
como una confrontación de tendencias en la cúspide
y en los diferentes sectores de la burocracia -en donde
la fracción liderada por Mao apeló a las
masas para presionar al aparato estatal y al partido-
se fue transformando en un conflicto extremadamente agudo
que implicó la movilización de sectores
sociales fundamentales, los estudiantes, el campesinado
-en menor medida- y fundamentalmente, en su pico, los
trabajadores34. Desde el punto de vista de la burocracia
estalinista, este fue un hecho enormemente traumático
que hizo añicos el monolitismo del estado y del
PCCh y casi puso en cuestión su dominio. Fue la
Polonia35 de la burocracia china, que llevó a un
cambio fundamental en el dominio y la política
de la burocracia de Pekín hacia la restauración
capitalista. No por casualidad, después de la inestabilidad
de este periodo, China restablecía relaciones con
los Estados Unidos, bajo la dirección del propio
Mao que señalaba de esta manera el nuevo curso
al que se iría orientando la burocracia estalinista,
cuestión que pegaría un salto con la muerte
del Gran Timonel y el breve interregno de confusión
que le siguió.
Con la asunción de Deng Xiaoping, el verdadero
padre de las reformas, la burocracia logra un nuevo consenso
que contempla que la única forma de salir de este
periodo turbulento y asegurar su dominio era el mantenimiento
del crecimiento como base de la estabilidad política.
Este consenso post Revolución Cultural que se mantiene
con distintos altibajos hasta ahora es lo que permite
el lanzamiento y posterior profundización de las
reformas procapitalistas.
Durante los primeros años de las reformas esto
llevó a la conformación de dos bloques burocráticos,
uno llamado reformista y el otro conservador, que diferían
con respecto al grado de apertura económica, de
liberalización política y la justificación
ideológica del nuevo camino emprendido y que todavía
reflejaba algunos vestigios de los últimos años
de la era de Mao.
Pero el temor generado por los levantamientos de la Plaza
Tiananmen inclinó la balanza hacia una orientación
conservadora en lo político mientras se profundizaba
la liberalización económica. Efectivamente
con la represión de 1989 se hizo evidente que los
conservadores habían tomado el poder. Pero estos
negociaron con Deng Xiaoping, quien insistió en
la continuidad de las reformas. Este eligió a Jiang
Zemin como su sucesor, un político más moderado
que Li Peng pero más duro que Zhao Ziyang36. Con
el paso del tiempo no hubo más sectores que se
oponían a las reformas en las estructuras de poder.
El mismo Li Peng, como primer ministro, llevó a
cabo reformas drásticas en la línea de Deng.
En síntesis, esta actualización del consenso
burocrático post 89 ha llevado a un mayor conservadurismo
político37, que entra en contradicción cada
vez más abierta con las vertiginosas transformaciones
estructurales de la economía y de la sociedad.
Aunque la inestabilidad de medio siglo de domino burocrático
y los concientes temores de la revolución cultural,
y más tarde de la Plaza Tiananmen en la élite,
condujeron mayoritariamente a esta opción, la falta
de flexibilidad e innovación en el terreno político
y el arcaico control burocrático por parte del
PCCh es uno de los talones de Aquiles de todo el proceso
restauracionista que, privado de otras válvulas
de escape, puede hacer irrupción en forma repentina
y violenta.
Esto último no se ha materializado porque todavía
se conserva la unidad de la burocracia. Como dice The
Economist: “En tanto y en cuanto haya una relativa
unidad entre los líderes principales del país,
China va a ser capaz de sobrellevar un grado mayor de
inestabilidad económica y social y mantener una
línea de política exterior en términos
generales pragmática. El levantamiento de 1989
se fue de las manos sólo por la pelea en la dirección
que se había hecho altamente visible en los meses
anteriores a las protestas. Los cismas ideológicos
que causaron esta pelea en gran medida se han atenuado.
Hay ahora un amplio consenso alrededor de la necesidad
de una economía de mercado (aunque no exactamente
en cómo llegar allí). Pero los líderes
chinos están también unidos en su creencia
de que tolerar una oposición política organizada
podría resultar en su propia caída, y debe
ser evitada a toda costa”38.
Pero si se rompe o fragmenta este reaccionario consenso
de la élite, las enormes contradicciones del proceso
restauracionista pueden emerger en forma abierta, siguiendo
la regla general de la historia china contemporánea
en la cual los levantamientos sociales de las masas se
disparan por las luchas de los de arriba, porque los líderes
rivales apelan abiertamente o por abajo al apoyo de la
población.
Mantener esa unidad frente a las enormes presiones del
cambiante sistema internacional y, tal vez en forma más
importante, frente a los crecientes desafíos económicos
y sociales internos, será sin lugar a dudas la
gran prueba de la llamada cuarta generación de
líderes chinos que asumió a fines de 2002
y cuya figura más visible es el nuevo presidente,
Hu Jintao.
Ni bien asumió, esta nueva generación pudo
sortear con éxito la crisis generada por la epidemia
de neumonía atípica. Pero mucho más
difícil será acolchonar sin grandes traumas
los enormes desequilibrios del crecimiento económico,
más aún como es de esperarse si ha de afrontar
una probable caída el próximo año
o el que viene. Ya la crisis asiática de 1998 sacudió
la fe ciega en el mercado mundial y dejó a la defensiva
a los liberales. Peor fue el golpe cuando la OTAN bombardeó
la embajada china en Belgrado y se desarrollaron movilizaciones
estudiantiles espontáneas, que chocaron con el
pro occidentalismo de sectores crecientes de la élite
de negocios, académica e intelectual.
En este marco se entiende por qué los líderes
chinos no necesitan una crisis internacional que sacuda
el equilibrio interno alcanzado en la cúpula. De
ahí la línea dura hacia cualquier paso que
pueda significar elecciones democráticas en Hong
Kong, como vienen reclamando las movilizaciones de decenas
de miles desde el año pasado en la ex colonia inglesa,
o la atenta vigilancia de los líderes chinos ante
los movimientos hacia la independencia del presidente